Texto: Patricia Lozano
Última actualización 07/01/2010@12:36:03 GMT+1
Tras 74 años de historia, en 1993 Checoslovaquia dejaba de existir para dividirse en dos nuevos estados: Eslovaquia y República Checa. Además de las lógicas consecuencias políticas y económicas, esta escisión también afectó a las razas de perros consideradas hasta entonces checoslovacas, pues unas pasaron a ser checas y otras eslovacas; este último es el caso del Perro Lobo Checoslovaco y del Tchuvatch Eslovaco. Y aunque el primero sea de reciente creación y el segundo posea una larga historia, ambos comparten una gran fortaleza y resistencia físicas y han desarrollado con los humanos una relación de lealtad que les ha convertido en dos razas imprescindibles en su país de origen.
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Perro Lobo Checoslovaco
Pedro Calle Carnicero (Club del Perro Lobo Checoslovaco)
Asombro, admiración, un cierto temor, anhelo del pasado, fuerza…, son algunos de los sentimientos que tenemos al ver a este animal por primera vez. Su inconfundible parecido a su antecesor, el lobo, hace que todo en él nos lo recuerde, su mirada, su andadura, sus gestos y, como veremos más adelante, son muchos los rasgos que comparte con éste.
Todo empezó hace relativamente poco tiempo. Corría el año 1955 y, en plena “Guerra Fría”, en la antigua República Checoslovaca, había que defender las fronteras del llamado “Telón de acero” a toda costa. Fue entonces cuando la guardia de fronteras, que hasta entonces había estado tratando de mejorar las líneas de Pastor Alemán para la vigilancia de las líneas fronterizas a través del coronel Karen Hartl, llevó a cabo unos experimentos consistentes en el cruzamiento de perras de Pastor Alemán con machos de lobo de los Cárpatos y hembras de lobo con machos de Pastor Alemán. La primera en cruzarse fue la loba “Brita” con un Pastor Alemán seleccionado, pero los resultados entre ambos fueron infructuosos, con lo que hubo que reemplazar a éste último por el Pastor Alemán “Cesar z Brizoveho Haje”, dando lugar a la primera camada de híbridos nacida el 26 de mayo de 1958 y a la primera línea de sangre.
De esta primera generación de híbridos F1, se pudo comprobar que podía darse el cruzamiento entre sí, dando lugar a una segunda generación F2. De todos ellos se examinó cuáles eran sus facultades físicas, biológicas, su comportamiento, si eran aptos o no para la cría y de qué capacidad de aprendizaje y tenacidad eran poseedores. De aquí surgieron una tercera y una cuarta generación, F3 y F4, los cuales fueron ya empleados como perros al servicio del ejército para las fronteras. Aún así, hasta el año 1983 fueron realizándose varios cruces entre lobos/as y perras/os, dando lugar a cinco líneas de sangre con las que actualmente se trabaja.
A partir de 1965, después del experimento, surge la necesidad de elaborar un nuevo plan para la continuidad y mejora de esta nueva raza. Es entonces cuando se piensa en obtener ejemplares que mantengan las cualidades físicas y morfológicas del lobo, así como el carácter y las cualidades favorables del Pastor Alemán.
En la década de los 70, los diversos híbridos obtenidos son llevados lejos de las fronteras, donde, sin la presión del ejército, se llevan a cabo las mejoras y la fijación de la raza hasta el año 1982, cuando, a través del Club de Criadores de la raza, se realizan las primeras inscripciones en el registro genealógico principal en Praga.
El 13 de junio de 1989 fue reconocido el estándar de la raza por la Federación Canina Internacional en Helsinki con el número 332 a través de la petición del Club de Criadores del Perrolobo Checoslovaco, cuya sede se encontraba en Praga. Fue incluido como raza de trabajo en el Grupo 1 de la FCI.
Estamos ante una relativa nueva raza de perro, pero que sin duda alguna causa gran admiración por donde pasa. Podríamos decir que estamos ante el individuo más distinguido de la raza perruna. Es un perro alto pero ligero y muy robusto, con un fuerte pelaje (ocho veces más denso que algunas razas nórdicas), con los ojos en oblicuo que le otorgan una capacidad de perspectiva mayor que la de otros perros y con la máscara típica del lobo. Posee una fuerte dependencia del amo y de los miembros de la familia, aunque dista de la de otras razas. La raíz de esta dependencia consiste en la fidelidad que une al perro con la figura del jefe de la manada, así como el afecto y defensa de sus miembros. Aquí, la posición de los niños es privilegiada para él, permitiéndoles cosas que no se las permitirían a otro adulto o a otros perros. Puede aprender a convivir con otros animales, los cuales incluirá dentro de lo que para él es su clan, aunque puede tener reacciones imprevistas con otros animales considerados para él como “extraños”.
Tchuvatch Eslovaco
Este gran perro blanco habita en las altas tierras rurales de lo que hoy es Eslovaquia al menos desde el siglo XVIII, aunque lo más probable es que existiese ya mucho antes. Su principal labor consistía en proteger a los rebaños, aunque también está más que probada su valía como guardián y compañero. En la Edad Media, las montañas eslovacas estaban habitadas por ciudadanos libres que se ocupaban de la defensa de sus fronteras y de ejercer sus labores de pastoreo, siempre acompañados por perros de vigilancia que aparecen en numerosas imágenes. Estos canes no sólo cuidaban y guiaban ovejas, sino también vacas, pavos y otros animales domésticos, además de vigilar objetos y personas. Quienes acudían a comprar los productos que elaboraban estos pastores no podían evitar fijarse en estos perros y, especialmente, en sus adorables cachorros a los que compraban para llevárselos a lugares más al sur y extender así la raza.
Con todo, el Tchuvatch siempre ha sido una raza poco común y, a consecuencia de la casi extinción del lobo en Europa durante los primeros años del siglo XX, también estuvo a punto de desaparecer. Sin embargo, ha conseguido llegar hasta nuestros días gracias al trabajo del doctor Anton Hruza, de la Facultad Veterinaria de Brno, que desarrolló un escrupuloso programa de cría en la década de 1940. Hruza consiguió no sólo que el Tchuvatch se recuperara, sino que se convirtiese en un popular perro de compañía.
Según el estándar, los ejemplares con los que trabajó este veterinario provenían de la región de Liptovska Luzna, Kokava, Vychodna de Tatrach y de los alrededores de Rachovo en los Cárpatos. Pronto la cría se extendió y se fundó el Club de Criadores del Tatra Tchuvatch, con sede en Bratislava, en donde se realizan registros exactos y se organizan exposiciones y concursos que se extienden por todo el país.
Al Tchuvatch también se le conoce como Slovensky Cuvac, Slovensky Tchouvatch, Liptok, Slovensky Kuvac y Tatransky Cuvac y, antes de los cambios políticos de los años 90, era considerado un perro checoslovaco pero, actualmente, es una raza eslovaca.
Se trata de un animal de fornido, de pelaje denso, emparentado con el Kuvasz húngaro, el Perro de Pastor Maremmano-Abruzzese italiano, el Perro de Montaña de los Pirineos y el Perro de Pastor Griego. Se le ha acusado de obstinado, intrépido e independiente pero con su familia humana es un compañero tranquilo y muy cariñoso. Oficialmente, fue reconocido como raza pura en la década de 1960.
El estándar señala que, genéticamente, el Tchuvatch es un perro de montaña leucístico con hocico negro y, en menor proporción, un perro blanco flavístico con hocico pardo y ojos más claros. De la combinación de estos dos tipos genéticos en que el primero es dominante, surgen algunas variaciones en el color, la pigmentación de los ojos, de los párpados y del hocico, labios y mucosas. A través de una estricta selección, jueces y criadores lograron el tipo exigido para el estándar actual y su estabilización.