Da la impresión de que el cúmulo de verborrea y mitos de los años 50, del siglo pasado, sigue teniendo eco y continúan campando en algunos medios. En cuanto los oigan, salgan corriendo. Veamos algunos ejemplos:
- La utilización del castigo.
Se trata de uno de los temas más recurrentes para muchos de los adiestradores que lo utilizan, justifican su aplicación, y en algunos casos incluso los malos tratos. Se podrían escribir libros sobre el tema. A continuación ponemos tan sólo algunos ejemplos.
1.- “Los perros no son como los humanos, a ellos un tirón de la correa no les causas ningún dolor”. Éstas son las típicas medias verdades. Es verdad que los perros no son humanos, todos tenemos claro que los perros son perros y los humanos somos humanos, y cada perro es un perro y cada humano es un humano, individuos distintos a todos los demás de su especie, únicos. Pero eso no hace que la segunda parte de la frase “a ellos un tirón…” sea cierta o acertada. El cuello es una zona muy sensible en todos los animales, es una zona de tránsito y comunicación entre órganos vitales (cerebro, corazón y pulmones). En parte, ésa es la principal razón por la que se coloca el collar en esa posición. Si a nosotros un simple golpe con un dedo puede hacernos muchísimo daño, incluso lograr que nos desmayemos, imaginémonos por un momento que nos aprietan, “nos dan pellizquitos”, todo alrededor del cuello, y nos restringen el paso de aire por las vías respiratorias con una intensidad y una duración que no controlamos ¿Qué nos ocurriría? ¿Cómo nos pondríamos?.
2.- “Los perros soportan mejor el dolor que nosotros los humanos”. Pues hay humanos capaces de soportar dolores muy intensos, puñetazos, cuchilladas o balazos, y seguir tragando polvo, al frente en la batalla. Vamos que es una cuestión de motivación, mentalización y supervivencia para los humanos, y me temo que también para los perros. Hay perros y hay personas más fuertes que otras. Lo que es incuestionable es que no todos los individuos (perros o humanos) somos capaces de soportar distintos grados de dolor, y en la medida de los posible todos tratamos de evitarlo, ya que en ningún caso (salvo por alguna patología) es algo agradable.
3.- “Él nunca se toma el castigo como algo personal”. Otra de esas perlas que no se sabe muy bien adónde quiere llevarnos, pero parece que quiere hacernos creer que podemos dar tantos tirones de la correa como nos apetezca, ya que al perro no le importan y, por supuesto, eso está muy lejos de la realidad. Uno de los efectos colaterales del castigo es que hace que se debilite el vínculo con el humano y que nuestro perro pierda la confianza en el humano, además de debilitar la autoconfianza en sus posibilidades de resolver las situaciones que se le platean (como ya dijimos, si el castigo es persistente y sistemático termina en un estado de indefensión, “el perro silla” incapaz de moverse). ¿Qué más tiene que hacer para demostrar que le afecta, “que es algo personal”? ¿Mordernos? Tal vez, si persistimos en nuestro empeño, llegue a hacerlo.
POR UN ADIESTRAMIENTO DIGNO Los perros, entre ellos, no se pasan el día mordiéndose, desgarrándose el cuello. Incluso cuando están en perreras, no se despellejan sistemáticamente. Hay peleas y forcejeos, pero los mordiscos no son diarios, salvo en situaciones intensas de estrés. Normalmente, se pasan la mayor parte del tiempo interaccionando unos con otros, jugando y cachorreando y/o descansando.
Sabemos que los perros perciben el dolor y que, al igual que nosotros, hace todo lo posible por evitarlo, utilizar este instinto básico de supervivencia como técnica de manejo y adiestramiento no deja de ser una crueldad, un maltrato. Debemos esforzarnos y hacer todo lo posible por aplicar técnicas más humanas, que respeten al perro y dignifiquen el adiestramiento.