Texto: Susana Alfageme y Elena Cuervo
Última actualización 23/03/2010@13:51:30 GMT+1
Son varios los artículos que hemos dedicado a las consecuencias que el abandono de un animal doméstico produce, tanto las meramente jurídicas para el propietario o poseedor responsable de ese abandono, como en general para todo el conjunto de la sociedad ya que un animal abandonado puede provocar accidentes, transmitir enfermedades... Hemos hablado también de las posibles fórmulas que se pueden aplicar como soluciones y de la necesidad de aplicar estrictamente la legislación con la que contamos para evitar que siga aumentando el número de abandonos y, finalmente, hemos recomendado, siempre lo hacemos, la única forma de paliar las consecuencias negativas de esta situación: la adopción cuando nos decidimos a compartir, de una manera responsable, nuestra vida con un animal doméstico.
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Aunque hoy en día prácticamente todos somos ya conscientes de lo que significa un abandono, sin embargo, esta percepción se acrecienta si analizamos más detenidamente el desarrollo de lo que sucede con la vida del animal tras ese hecho. Algunos ejemplos, los más llamativos, llegan a ser noticias que aparecen en todos los medios de comunicación como, por ejemplo, el caso de la serpiente que, tras ser abandonada por su propietario, se escondió en un árbol de la ciudad de Gijón y allí, todo parece indicar, que encontró la muerte. No obstante, son infinitos los casos de perros, gatos, hurones, animales exóticos... anónimos que pasan de un día para otro de tener una familia a encontrarse en una calle, en un carretera, en un descampado... solos. ¿Qué ocurre con ellos?
Algunos van a contar con una segunda oportunidad pero, otros muchos, no van a encontrar un final feliz. A pesar de ser las víctimas de esta situación, nuestra legislación en ocasiones no es tan benévola y aún no cuenta con respuestas ni con medios que favorezcan su reingreso en la sociedad, aunque, como en todas las cosas, hay avances. Tímidos y escasos, pero avances al fin y al cabo.
Qué puede ocurrir con un animal abandonado.
Cuando se abandona un animal en una carretera, en una calle de una ciudad o en cualquier otro lugar, el futuro de ese animal va a depender de numerosos factores. Algunos morirán porque no van a poder acostumbrarse a una vida para la que no han sido educados. Los animales de compañía no saben buscarse la comida, ni el agua, ni conocen cómo mantener su vida en unas circunstancias climatológicamente adversas, ni cómo manejarse para cruzar una carretera sin sufrir u ocasionar un accidente. Por último, unos cuantos tendrán más suerte, al menos, inicialmente, y serán recogidos por los servicios del Ayuntamiento respectivo, por alguna persona que les haya visto sin compañía o por alguna sociedad protectora. El destino de éstos no siempre será fácil pero se les abre alguna que otra oportunidad. Tienen la opción de ser adoptados o de vivir con una mínima dignidad en un centro. El problema es ¿hasta cuando? Porque la mayor parte de nuestras leyes autonómicas prevén el sacrificio como última solución para solucionar el importante número de abandonos que existe en nuestro país.
Animal perdido, animal abandonado. La importancia de la identificación
Casi todas las leyes autonómicas diferencian conceptualmente lo que debe considerarse como un animal perdido y lo qué es un animal abandonado. Cuando los servicios municipales recogen un animal que no va a acompañado de ninguna persona que se haga cargo de él, lo primero que hacen es comprobar si cuenta con identificación. Si es así, se considera inicialmente que el animal se encuentra perdido y el primer paso, como es obvio, será el de localizar al propietario. Si efectivamente el animal se encontraba perdido y el propietario, por tanto, está dispuesto a recuperarlo, debe pasar a recoger al animal y abonar los gastos que se hayan generado por su manutención hasta ese momento. Para realizar esta recogida las leyes autonómicas dan un plazo determinado que no es el mismo en cada caso. Así, por ejemplo, en Andalucía se ofrecen cinco días mientras que en Cataluña el plazo se amplía hasta los veinte.
Si el propietario no desea hacerse cargo del animal, si su intención realmente era el abandono, entonces el animal pasa a engrosar el número de los que se encuentran en la categoría de abandonados. Al propietario, eso sí, le caerán las sanciones que le correspondan por su acción que se considera, en todas las normas autonómicas, como una actuación prohibida y, en consecuencia, sancionable. También lo es para nuestro Código Penal cuando con el abandono se pone en peligro la vida o la integridad física del animal. También van a considerarse animales abandonados aquellos que se encuentren sin la presencia de ninguna persona que les acompañe y no lleven identificación con lo que resulta imposible notificar al dueño su recogida.
El sacrificio.
La mayor parte de las normas autonómicas establecen que, cuando el animal no es recogido en plazo por su propietario ni se logra su adopción, pasado un tiempo determinado, puede procederse a su sacrificio. Como es lógico, el sacrificio también está previsto para los animales que se encuentren enfermos pero legalmente se encuentra igualmente previsto para aquellos que no lo están cuando los servicios municipales no puedan encargarse durante más tiempo de ellos.
Esta alternativa está prevista como solución para controlar las poblaciones de animales abandonados. Las leyes autonómicas obligan a los Ayuntamientos a contar con estos servicios de recogida de animales abandonados y a que los mismos cuenten con un número determinado de plazas en función, la mayor parte de las veces, del número de habitantes y del número de animales de compañía censados en el municipio.
¿Qué debe hacer entonces un propietario de un animal que ya no quiera o pueda cuidarlo? Como es lógico, abandonarlo no. Las propias leyes autonómicas dan la alternativa. Pueden entregarse a los propios servicios municipales o bien a alguna de las sociedades protectoras para que se hagan cargo de él. De esta manera el animal estará cuidado hasta que se encuentre una solución para su futuro.