Última actualización 23/03/2010@13:48:52 GMT+1
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Cerramos este homenaje que estamos rindiendo a los perros de pastor con una segunda entrega en la que hemos intentado recoger diferentes vertientes de los canes que han desarrollado distintas funciones dentro de un mismo trabajo: velar por otros animales domésticos. De esta forma, traemos a estas páginas a un digno representante de los perros guardianes de ganado: nuestro Mastín Español, un perro que llegó a ser considerado custodio del sistema económico español en el siglo XIII gracias a su encomiable labor protegiendo a la oveja merina y su preciada lana. Además de la guarda de los rebaños, el pastor ha encontrado en el perro el mejor asistente para la conducción o carea de éstos. Uno de los perros más eficaces en este sentido ha sido y sigue siendo el Border Collie, capaz de controlar cientos de cabezas de ganado en las situaciones más dispares y exigentes. Entre los enormes y potentes primeros y los medianos y ágiles segundos, encontramos un grupo de perros que han nacido para desempeñar ambas funciones: los perros boyeros o bouviers. El de Flandes es uno de los más conocidos y reconocidos entre ellos, robusto, fuerte, imponente, pero también ágil y rápido.
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• BORDER COLLIE
El origen de la raza
Ya en el siglo XVIII se conocen perros que trabajaban junto a los pastores escoceses y del norte de Inglaterra con muchas de las características morfológicas que dibujan hoy al Border Collie. Sin embargo, a pesar de que se trata de una raza con unos orígenes mucho más antiguos, sorprende comprobar que no adquirió su nombre actual hasta el año 1915. Es más, el primer estándar no se redactó hasta mucho después, concretamente en 1976, tres años después de la creación del Club oficial de la raza, publicándose ese año, aunque el reconocimiento oficial por parte del Kennel Club Inglés no llegó hasta 1982, lo que impidió que la raza se conociera fuera de las fronteras escocesas antes de estas fechas.
Anteriormente se aludía a él como antiguo Collie escocés de trabajo o simplemente como Collie. Esta palabra podría representar al tipo de oveja típica de los Highlands de Escocia, llamada “colley”, una oveja con manchas oscuras (“colley” es un antiguo término anglosajón que significa negro).
Se ha especulado con que la llegada de los antecesores de este perro a las Islas Británicas se produjo con los movimientos migratorios que los pueblos Celtas realizaron extendiéndose por Europa entre los siglos V y I antes de Cristo. Esto está apoyado a que la lengua de estos pueblos tenían la palabra “collie” para designar “algo útil”. Pero esto es sólo una teoría que, a día de hoy, no ha encontrado una base sólida en la que afirmarse.
Este perro lleva, como decimos, siglos trabajando en la zona fronteriza que localizamos entre Inglaterra y Escocia, conocida comúnmente como “Borders”. Pero su fama creció exponencialmente cuando en 1873 se celebraron las primeras pruebas de campo para perros de pastor en suelo británico. Esta raza quedó tan por encima de todas las demás que llegó a eclipsarlas, pasando a ser la más requerida por los pastores del país. Veinte años después, en 1893, se ha fechado la que se considera como al primera fotografía de un ejemplar de Border Collie. Se trata de “Ol’ Hemp”, uno de los grandes triunfadores en estos concursos de perros de pastor a los que aludimos. “Hemp” dejó su huella en la raza al convertirse en un gran reproductor y definir con su genética las principales líneas de sangre con las que se fue construyendo la raza en su era contemporánea.
UN PERRO POLIVALENTE
En la actualidad, el Border Collie es una de las razas más polivalentes que existen. Abarca los campos más diversos que podamos imaginar en el ámbito del trabajo canino junto al hombre. Allí donde se requiere la presencia, la eficacia, el ingenio, la adaptabilidad, la inteligencia y una capacidad ingente para el aprendezaje, allí encontramos a un Border Collie. Agility, obediencia, salvamento, guía, detección de materias ilegales, asistencia, terapia… la lista es tan larga como nuestro ingenio pueda imaginar. El hecho de que este perro haya estado inmerso en el mundo del trabajo hasta fechas muy recientes (hablamos del último tercio del siglo pasado) ha tenido una consecuencia muy positiva para su aspecto como perro de trabajo: la selección se ha efectuado exclusivamente en base a requerimientos funcionales, sin que la criba basada en exigencias morfológicas entrase en escena hasta entonces. Por este motivo, estos perros conservan íntegramente el bagaje genético acumulado durante siglos de existencia que ha conseguido que su olfato sea capaz de encontrar ovejas huidas o perdidas, sepultadas en la nieve…, o que su ingenio le llevase a controlar rebaños de multitud de cabezas en situaciones críticas, salvando todo tipo de adversidades, lo que les ha llevado, a su vez, a desarrollar una gran capacidad para el aprendizaje.
A su vez, un Border Collie aporta una gran sensibilidad a todo lo que lleva a cabo. De ahí que como perro de asistencia, guía canino o perro de terapia aporte, a todo lo comentado, un trato exquisito, siempre deseando interrelacionar con todo tipo de personas, muy perceptivo a la hora de recoger estímulos y darles un significado correcto aunque no esté habituado a ellos.
Su tamaño mediano también se une a la lista de ventajas que aporta la raza. El estándar señala que su alzada ideal a la cruz es de 53 centímetros. Su apariencia física es muy atlética, con un cuerpo ligeramente más largo que alto, bien proporcionado y muy elegante. Pero lo primero que nos viene a la mente cuando observamos un Border Collie es su incondicional docilidad, siempre deseando complacer al ser humano con una receptividad y una capacidad de atención que sorprenden al neófito en la raza. De esta forma, si no cumplimos con nuestro Border Collie en este sentido, si no le mantenemos ocupado, no sólo física, sino también psíquicamente, puede llegar a sentirse frustrado e incompleto. Por ello, lo más recomendable es mantenerlo ocupado, llevarlo de paseo de manera constante, soltarlo en zonas donde podamos hacerlo para que corra a su antojo y se relacione con otros animales.
• BOYERO DE FLANDES
Orígenes e historia de la raza
El Bouvier de Flandes o Vlaamse Koehond es un antiguo perro especializado en conducir el ganado que también ha desempeñado otras funciones al lado del hombre, como labores de tiro o de vigilancia de propiedades. Pero fue el elegido para lo que su denominación indica. La palabra bouvier se traduce literalmente como pastor de bueyes, y esto explica que en tiempos remotos fuera denominado también como “toucheur de boeuf” (conductor de bueyes).
Su origen está aún por demostrar, pero las pesquisas apuntan a que desciende de perros resultantes de cruces de ejemplares antiguas razas como el Dogo del Tíbet, el Brabanzón, con otras como el Schnauzer, el Pastor de Beauce y distintos perros grifones. Los cinólogos belgas barren para casa a la hora de apuntarse el tanto de haber creado a la raza, pero lo mismo sostienen los investigadores franceses, e incluso algunos apuestan por Holanda.
DUROS MOMENTOS
La primera vez que pisó una exposición canina lo hizo en el año 1910, en Bruselas. Entonces la raza gozaba de una buena situación, bien acogida por los aficionados a los perros de trabajo de Centroeuropa. Cuando llegó la Primera Guerra Mundial, el ejército francés reclutó muchos ejemplares de esta raza para servir en sus filas, sobre todo en las líneas sanitarias. Pero las fatales consecuencias de la contienda dejó a la raza en una situación crítica. De los que acudieron a la batalla, muy pocos regresaron, y a esto hay que añadirle que la cría quedó casi abandonada durante los años en los que se prolongó la guerra. En 1918 la cría era poco más que testimonial. Para intentar recuperarla, la Sociedad Real San Huberto trabajó para encontrar los pocos individuos supervivientes dispersos por Francia, Holanda y Bélgica, pero no tuvo más remedio que acudir a cruces con razas afines, como el Boyero Belga.
Como figura destacada en esta recuperación, encontramos al capitán Barbry, un veterinario del ejército de este país que dedicó arduos esfuerzos para devolver al Bouvier de Flandes al lugar que merece la raza. Desde entonces su número y calidad han ido de la mano en un esperanzador aumento.
Incluso no tardó en cruzar el océano Atlántico, siendo reconocido por el American Kennel Club en 1929. Se puso de moda en Norteamérica porque muchos comenzaron a relacionar su nombre con el apellido de soltera de la esposa del presidente Kennedy, Jacqueline Bouvier.
UN PERRO DISEÑADO PARA TRABAJAR
El Bouvier de Flandes es un can fornido, que goza de un cuerpo y unas cualidades físicas ideales para desempeñar distintas funciones dentro de un mismo trabajo: el pastoreo, como pueden ser la conducción del ganado, tanto asistiendo al pastor humano como haciendo gala de una iniciativa y una inteligencia tremendas a la hora de conducir a las reses sin tener que recibir las indicaciones de su dueño. También es muy capaz de enfrentarse a los peligros externos que amenacen el día a día de su rebaño. Esto es posible gracias a la robustez y agilidad de la que hace gala, no llegando nunca a parecer pesado. Con una altura de entre 62 y 68 centímetros en el caso de los machos, el peso puede oscilar entre 35 y 40 kilos, repartidos entre un cuerpo sólido que tiene la misma alzada a la cruz que longitud, una cabeza maciza y provista de una atractiva barba, y unas extremidades musculosas y potentes. Muy característica resulta su capa de pelo, por ser densa, poblada de duro y lustroso pelo escudado por un subpelo o lanilla afelpada, más fino, pero igual de espeso.
Para cuidar este aspecto tan representativo de la raza, la alimentación debe tener en cuenta el suministro de las suficientes vitaminas de tipo A y H para reforzar el manto. A su vez, un cepillado periódico también ayudará mucho al mantenimiento, mejor si es diario con un peine de dientes largos.
• MASTÍN ESPAÑOL
Historia del perro guardián del ganado: El Mastín Español
La mayoría de los investigadores que han estudiado los orígenes de la raza coinciden en señalar que el antepasado del Mastín Español y de otros muchos perros de gran alzada fue el Mastín del Tíbet, un perro grande, moloso, que ya describió en sus escritos Aristóteles ( 384 a.C. – 322 a.C ). La palabra “Mastín”, en chino significa “enorme y poderoso”.
Sin embargo, no se ha llegado a un consenso en cuanto a la antigüedad a la que se remonta nuestro Mastín. La expansión de estos molosos orientales antiguos hacia occidente se realizó en varias etapas durante la expansión de diferentes pueblos asiáticos hacia tierras europeas. Sus cruces con perros de estos pueblos fueron una constante. De ahí surgieron los primeros antepasados directos de razas como el San Bernardo, el Dogo de Burdeos, el Mastiff, el Mastín Napolitano o nuestro Mastín Español, todos con características morfológicas comunes, como la gran alzada acompañada de una gran fortaleza, lo que les confiere un peso elevado, el tamaño de su cabeza o el hocico corto.
Se ha defendido que fueron los celtas los que introdujeron los primeros mastines en la Península Ibérica, aunque también se ha señalado la importancia de la expansión del Imperio Romano en la introducción de estos perros en nuestro país. La posterior llegada y expansión a la Península de ganado ovino procedente del continente africano fue otro condicionante que continuó perfilando el perro de ganado español.
Pero la fecha aproximada en la que el Mastín Español se instauró en nuestro país sigue siendo un misterio. Podemos acudir a algunos momentos concretos en los que ya se habla de estos perros.
EL MASTÍN Y LAS OVEJAS
Uno de ellos es cuando en nuestro país se instaura el Honrado Concejo de la Mesta, en el año 1273. Esta organización reglamentada de ganadería extensiva reguló la trashumancia entre los montes de Cantabria y Asturias hasta los pastos extremeños. En esta normativa encontramos ya la figura del Mastín como acompañante de pastores y rebaños para protegerlos del lobo. Se le reconoció como el gran protector de la principal fuente de riqueza de Castilla: la oveja merina. Se llegó a dejar constancia que los Mastines que dormían en la “lanera” tenían mejor cama que el séquito del mismísimo rey. La decadencia de la Mesta llega a principios del siglo XIX y es abolida en el año 1836. La escasa densidad de lobos que amenazaran los rebaños, que avanzado el siglo tan sólo preocupaban a los ganaderos de montaña. Esto tuvo como consecuencia negativa que los Mastines eran cada vez menos necesarios, lo que afectó al desarrollo de la raza sumiéndola en un estado casi de dejadez y en el olvido.
Así, llegamos hasta la fecha en la que se redactó el primer prototipo racial. Fue en 1946, obra de Luis Portillo y Owens, un manchego que criaba perros de esta tierra y también procedentes de la Alcudia. Este prototipo se desarrolló a través del estudio de tres ejemplares: “Taconera”, “Arrogante” y “Cervera”. La primera, la hembra “Taconera”, contaba con una alzada de 74 centímetros y un peso de 42 kilos; “Arrogante” fue un macho de 76 centímetros y 46 kilos, mientras que “Cervera” se alzaba 77 centímetros y pesaba 55 kilos. Estos ejemplares representaban a la población mastinera que trabajaba por aquel entonces en nuestros campos. Su aspecto general debía ser “… el de un perro fornido, compacto, de gran simetría, libre de toda pesadez, denotando en el andar su fuerza y agilidad”. Desde entonces, muchos han sido los estudios morfológicos que han intentado regular la biometría del Mastín Español hasta que el estándar de 1981 estableció las pautas básicas en este sentido, como, por ejemplo, los 77 centímetros como mínimo de altura a la cruz para los ejemplares machos.
Algo muy importante a la hora de decidirnos por adquirir un Mastín Español es el sitio del que disponemos. No podemos pretender tener un perro que en muchos casos pasa de los cien kilos encerrado en casa, en algún garaje o en muy poco espacio. Estamos ante un perro que necesita ejercicio, necesita andar, tiene que tener mucho terreno para él. No es admisible tener a los perros encerrados en espacios reducidos, por lo tanto, piense antes de comprar un Mastín en el espacio del que dispone.
Desde luego el Mastín Español es un perro que enamora y cuando alguien tiene su primer Mastín, estoy seguro que tendrá alguno más y, si puede, tendrá Mastines toda su vida.