Parásitos externos
Última actualización 05/05/2010@11:29:52 GMT+1
Texto: José Enrique Zaldívar (Clínica veterinaria Colores)
Un año más, las temperaturas templadas de la primavera y los calores del verano, harán que hagan su aparición los parásitos externos que intentarán alimentarse de la sangre de nuestros perros. Pulgas y garrapatas harán su aparición, y en nuestra mano está combatirlas con la máxima eficacia.
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PULGAS
El perro puede ser infectado por varias especies de pulga, pero en el 90 por 100 de los casos lo será por la Ctenocephalides felis felis. Esta pulga es de origen africano, y habría sido importada a Europa a través de las Cruzadas. La otra pulga que habita nuestro continente es la Ctenocephalides canis, que es de origen paleártico, infestante de cánidos salvajes y que se adaptó a las zonas más frías de Europa del norte y Europa central.
La C.felis es una pulga de color marrón anaranjado y puede saltar una distancia media de 20 centímetros cada vez. La C. canis es un poco más atlética, pudiendo hacer saltos de 30 centímetros de media. Las investigaciones más modernas sobre estos "bichos" han echado abajo algunos tópicos, como el de que sólo se suben al perro para alimentarse. Hoy se sabe que la C.felis es un parásito permanente que, si la dejan, se pasa el día encima de nuestro compañero. Una vez que ha caído al suelo, no resiste más de entre tres y cinco días en el medio exterior. Sólo una muy pequeña población de pulgas cambia de hospedador e infesta a otros animales. Asi, el riesgo de contaminación por contacto directo entre carnívoros en una sala de espera o en una exposición es bajo (del orden del 8 por 100).
Las pulgas adultas se reproducen aproximadamente 48 horas después de su primer "atracón" de sangre. Cada hembra es capaz de poner 50 huevos por día durante 50-100 días.
GARRAPATAS
Otro parásito que hará su aparición en las épocas mencionadas anteriormente son las garrapatas. Estos ectoparásitos Se alimentan de la sangre de sus hospedadores y pasan por cuatro etapas en su desarrollo: huevo, larva, ninfa y adulto. A base de ingerir sangre, pueden aumentar su peso hasta más de cien veces, y después de desprenderse pueden depositar millares de huevos. Una infestación masiva puede provocar anemia hemorrágica.
Las piezas bucales de la garrapata cortan la piel del huésped y pueden provocar irritación e infecciones locales en los lugares en los que asientan. De la irritación causada por ellas y el autotrauma resultante se pueden derivar dermatitis piotraumática ("focos calientes") en los perros. Además, pueden provocar por inoculación de neurotoxinas, a través de su saliva, lo que se conoce con el nombre de "parálisis por garrapata". Son transmisoras de graves enfermedades, infecciones como la enfermedad de Lyme, la ehrlichiosis, borreliosis, fiebre maculosa de las Montoñas Rocosas y la babesiosis. El reciente descubrimiento de leishmanias en garrapatas de perros positivos a dicha enfermedad abre la puerta a la posibilidad de que puedan contagiar también dicha enfermedad.
¿CÓMO ACTUAR?
En caso de localizar una garrapata en un perro, se debe proceder a su remoción tan pronto como sea posible para limitar el tiempo disponible para la posible inoculación de la neurotoxina o la transmisión de las enfermedades anteriormente mencionadas. Si tenemos que quitar alguna garrapata que se ha enganchado a la piel de nuestro perro, lo recomendable es matarla previamente y retirarla con unas pinzas traccionando de ella hacía adelante. Es muy importante que las pinzas enganchen a la garrapata desde su parte más anterior. No es recomendable echar vaselina, aceite o gasolina sobre ellas, y mucho menos quemarlas con un fósforo o un cigarrillo. La mejor manera de matar a una garrapata es pulverizar sobre ella un insecticida de los muchos que hay para uso veterinario. Una vez extraída, se debe lavar la zona con agua y jabón.
Como es evidente, siempre es mejor prevenir que curar, así que lo que debemos hacer a partir del mes de marzo es proteger a nuestro perro contra estas infestaciones. Son muchos los productos que podemos usar para tal fin, y deberá ser nuestro veterinario el que nos explique cómo y con qué frecuencia debemos aplicarlos en función del lugar en el que viva el perro, así como las costumbres que tenga. La mayoría de las moléculas que se comercializan en la actualidad son sumamente efectivas, pero no podemos olvidar que también las hay que no sirven absolutamente para nada.