Última actualización 19/08/2010@09:49:12 GMT+1
Un perro milenario encierra, sólo por este motivo, muchos motivos para acercarse a él e intentar conocer todo lo que le rodea. En el caso del Chow Chow, esto es mucho y muy interesante. Características únicas que le diferencian del resto de la especie, un carácter muy personal, forjado a través de los siglos desde unos orígenes belicosos como “man kou” (perro de los bárbaros) destinado a combatir y vigilar los campamentos de guerra, pero que luego supo adaptar a las nuevas exigencias que se le fueron presentando, llegando a convertirse en lo que es hoy, un perro muy maduro que adora y encuentra un placer especial al cuidar de su familia humana.
Libros Recomendados : CHOW CHOW (NUEVAS GUÍAS PERROS DE RAZA) ¡ Visita nuestra Tienda !
Los orígenes
Para encontrar los orígenes del Chow Chow hay que viajar mucho en el tiempo y retroceder, según los especialistas que han investigado el comienzo de la raza, a tiempos primitivos. Muchos de ellos coinciden en que los primeros indicios los podemos hallar hace más de 3.000 años.
COINCIDENCIAS Y RELACIONES
Existen diversas citas con la historia que han sido relacionadas de algún modo con el Chow Chow. Todo esto se ha visto favorecido por ciertas características muy particulares de la raza, como su lengua oscura, las prolongaciones de los huesos laterales del cráneo, la rectitud de los miembros traseros o su temperatura corporal, que es ligeramente superior a la media de la especie canina, con 39 grados. Esto ha originado varias teorías sobre los posibles orígenes de la raza, que incluso hablan de una especie a parte de la canina. Sin embargo, para explicar las diferencias que podemos encontrar entre la morfología del Chow Chow y el resto de perros nórdicos, basta con acudir a posibles cruces con antiguos canes molosoides mongoles, encuentro que se produjo cuando los mongoles invadieron gran parte del territorio aíno del norte, posibilitando la mezcla genética de los grandes molosos, perros guerreros y fuertes asistentes de los mongoles, con los perros nórdicos de los aínos.
Asímismo, encontramos referencias, aunque nada fundadas, de que en el periodo del mioceno, que se extendió hace entre 28 y 12 millones de años, vivía en nuestro planeta una especie que muchos han colocado entre el perro y el oso. Tuvo un descendiente evolutivo, el Simicyon, algo más pequeño. Los dos contaban con el mismo número de dientes: 44, al igual que el Chow Chow antes de perder dos piezas cuando desarrolla la dentadura definitiva.
Si nos fijamos en su lengua, nos vienen a la cabeza especies como el oso de Manchuria o el oso azul del Tíbet.
Las guerras acaecidas por los diferentes pueblos asiáticos, sobre todo por aquéllos que insistían en invadir China llegados del norte, han dejado referencia escrita de perros guerreros con una apariencia similar a la del león, fieros y temibles, con la lengua azul. Se les denominó “man kou”, perro de los bárbaros.
No tardaron estos perros en llegar a los palacios y acompañar a los estamentos más altos de gran parte de Asia, llevando a cabo tareas de guardia y poniendo al servicio de los cazadores su gran olfato, su valor sin límite y su enorme potencia. Los emperadores chinos se rodearon pronto de estos perros, como observamos en una pintura con 2.000 años de antigüedad que representa a un Chow Chow de color rojo tumbado debajo de una mesa. También eran comunes los perros de color negro, y ha llegado a nuestros días que los monjes budistas de las montañas de Mongolia contaban con perros azules que utilizaban como guardianes del monasterio y de las posesiones de los monjes.
La morfología que le hace uno de los perros más impactantes a la vista ya fue inmortalizada en obras de alfarería y esculturas de dinastías chinas tan importantes como la Dinastía Han (206 AC a 22 AC). Estos emperadores llegaron a contar con más de 25.000 perros que eran tratados como verdaderos privilegiados, premiando sus grandes aptitudes como guardianes y perros para la caza de especies tan peligrosas como las fieras más salvajes de Asia. Pero esta época de esplendor acabó desembocando en el peor de los devenires para la raza.
Al finalizar la disnastía Tang, China entra en una crisis muy fuerte, donde la pobreza afectó a todos los estamentos sociales, llegando al Chow Chow, cuya raza sólo se mantuvo en el interior de los monasterios y en los palacios más ricos. El hambre convirtió a este guardián y cazador en una fuente más de alimento, creándose grandes granjas de cría de perros en el norte de China.
EXPANSIÓN A OCCIDENTE
Marco Polo fue el primer occidental que describió al Chow Chow, en el siglo XIII. Sin embargo, la raza no fue introducida en Europa hasta el siglo XVIII, traídas por marineros y comerciantes de la Compañía de las Indias Orientales. El reverendo Gilbert Whites, incluyó en su libro "The Natural History and Antiquities of Seaborne", la descripción de la importación de un par de cachorros por un joven caballero de la Compañía India del Este de la casta china de Cantón, “tal como son engordados en este país para ser comidos". Lo describe deteniéndose en los aspectos más llamativos: "las piernas traseras son normalmente rectas, sin ningún doblez en el corvejón. Los ojos son azabachados pequeños y hundidos. La lengua, el labio y la boca son del mismo color azul".
Sin embargo, tuvo que llegar el siglo XIX, casi el XX, para que los primeros Chow entraran a formar parte de las exposiciones caninas europeas bajo el nombre de “Chinese Edible Dog” o “Chinese Dog”. Estos primeros perros causaron una impresión tan grande en occidente que algunos de ellos fueron expuestos en zoológicos, como el de Londres, donde ocuparon un espacio en el área “Perros Salvajes”.
La fecha de 1895 es clave en la raza, puesto que un grupo de comprometidos criadores formaron el primer club europeo de la raza. Así se fijó el estándar a partir de un perro que se tomó como referencia, el campeón Chow VII, que nació en China en 1890 y fue importado por la señora Bagshaw y cedido posteriormente a Temple, primer presidente del club. Este perro murió con quince años de edad.
Sólo un año después de la fundación del club, se organizó la Segunda Exposición Monográfica, pero ya con el rango de Exposición de Campeonato reconocida por el Kennel Club Inglés, que reconocía oficialmente la raza y su club.
Sólo veinte años después, en 1906, el país que siguió en la expansión del Chow Chow como raza reconocida fue Estados unidos, con la implantación de su club de raza.
No se han encontrado diferencias en la historia y el desarrollo del Chow Chow de pelo corto con respecto al de pelo largo. Cuando llegaron los primeros ejemplares a Inglaterra, hubo criadores que se interesaron por estos perros y que se empeñaron en sacar adelante y mejorar al Chow de pelo corto. Entre ellos, el criadero Penhow, de Burrows, consiguió varios campeones. A medida que fueron apareciendo campeones, aumentaba el interés en Países con Inglaterra, Estados Unidos, Holanda o Noruega, aunque siempre ha sido la variedad menos conocida, incluso en la actualidad. Su estándar es el mismo que en el Chow Chow de pelo largo, salvo en la longitud del pelo y su textura, que debe ser aterciopelada y sin zonas de textura áspera.
LA LENGUA: ENTRE LA LEYENDA Y LA REALIDAD
El principal rasgo distintivo del Chow Chow es la coloración oscura de su lengua. En este sentido, y sin salirnos del aspecto que repasa su historia, encontramos una leyenda que explica de manera onírica cómo este perro obtuvo su lengua azul:
“Hace unos siglos, vivió un monje en la cima de una montaña, rodeado de muchos animales, entre ellos muchos perros. El monje los trataba con gran bondad y ellos le estaban muy agradecidos. Un día, el monje enfermó gravemente, hasta el punto en que no podía ir a buscar leña para encender el fuego para cocinar. Algunos de sus animales salieron a buscar unos troncos. En el bosque cercano había unos árboles quemados por un incendio, con trocitos de carbón tirados por el suelo. Los perros recogieron estos trozos y los llevaron en la boca hasta el monasterio. Los monos prepararon la comida al viejo monje hasta que éste se recuperó. Las bocas y las lenguas de los perros quedaron así con el color de la madera quemada”.
CARÁCTER ORIENTAL
Si tuviéramos que describir el carácter de un Chow en una palabra, podríamos elegir el término “oriental”. Esa templanza, que parece irradiar sabiduría, con la mezcla perfecta de atención y calma está reflejada en los actos y en la mirada de estos canes.
Es un perro muy participativo de la vida en familia, que asume un papel activo dentro del núcleo familiar, siempre con una capacidad de desarrollar aquéllas tareas que tradicionalmente le han sido asignadas, como la guarda de propiedades, a la que se dedicó mientras fue destinado a cuidar campamentos, monasterios y palacios. También fue utilizado por los mercaderes chinos para tirar de los carros de mercancías, pues se trata de un perro que aporta fuerza y resistencia a la par.
Cuando entra a formar parte de su nueva familia, siempre se une a través de una relación especial con el miembro con la personalidad más fuerte, a quien respetará y en quien confiará plenamente. Sin embargo, no debemos equivocarnos, el Chow Chow no se somete con facilidad, y es posible que intente poner a prueba la capacidad de liderazgo de sus dueños, lo que obliga a éstos a mantener una posición firme ante determinadas situaciones. A cambio, conseguirán forjar una relación basada en la amistad y confianza mutua, no sin cierto esfuerzo, ya que conocer y penetrar en la confianza de estos perros requiere entrega y complicidad por parte de ambos, el dueño y el perro.