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Hemeroteca :: Edición del 01/10/2010 | Salir de la hemeroteca
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Son cuatro las razas reconocidas de Setter, ya que a las tres que encabezan estas páginas debemos sumarle el Setter Inglés Rojo y Blanco, de presencia testimonial en nuestro país. Las crónicas más antiguas suelen citar al duque de Northumberland como el primero que consiguió adiestrar a un perro del tipo spaniel para que se detuviera cada vez que localizara una pieza. Desde esa época, a principios del siglo XVI, hasta la actualidad, esos primeros perros de muestra de pelo largo han ido evolucionando hasta desarrollar las razas de setter que han llegado a nuestros días y que tantos entusiastas, sobre todo cazadores, disfrutan, ya sea en el campo, en los rines de exposiciones de todo el mundo o como fiel y cariñoso perro de compañía.

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Historia de los Setters
Redacción

Para hablar de los Setters, resulta obligado comenzar por los orígenes del grupo canino al que pertenecen: el de los perros de muestra, pero resulta más conveniente aún comenzar por las primeras etapas de la utilización de la especie canina para atrapar otros animales, esto es, la caza. Ya en la antigua Grecia se utilizaban perros para cazar a la carrera, algo que llegó al Imperio Romano, como bien refleja Gratius Faliscus en su tratado escrito en el año 63 a.C. “Cynegeticon Liber”, donde describe veinte razas caninas utilizadas para la caza en aquella época.

Poco después, en los primeros años de nuestra era, personajes como Plinio el Viejo (23d.C.), reconocido naturalista y literato latino, o Lucano (65 d.C.), dejan constancia de cómo los romanos utilizaban perros que trabajaban de manera silenciosa y que avisaban a los cazadores de la situación de la pieza de caza con el movimiento de su cola y la forma de aspirar el aire. Lucano es más preciso al citar el “temblor que se apodera del perro” en ese momento, mientras que Faliscus habla de un “perro agazapado en el suelo con todos sus músculos temblando y las narices dilatadas”. Sin embargo, estos canes están lejos de poder denominarse los primeros perros de muestra, ya que se trata de perros rastreadores, aunque sí pueden ser considerados los antepasados que dieron paso a estos perros que hacen las delicias del cazador apasionado a la muestra.

PERROS DE CAZA DE PELO LARGO
La característica común del pelo largo en el perro de caza es una constante muy antigua. No tardaron en ser empleados como colaboradores en la caza de piezas de pluma ayudados por una red o por aves rapaces. Este perro cetrero, que busca la pieza para levantarla y que sea el halcón el que la atrape, fue muy valorado y protegido por la nobleza durante mucho tiempo. El pasatiempo universal en esta clase social siempre fue la caza, y los buenos perros eran considerados verdaderos tesoros. La transición hacia la caza con red fue larga, pues se precisaba una técnica mucho más depurada, puesto que el perro debía detectar las piezas, lo cual precisa de un acercamiento considerable, además de señalar su posición exacta a los cazadores (algo que extrema aún más ese acercamiento) para que posicionen la red en el lugar más propicio que permita la captura. Este procedimiento comenzó a utilizarse en Inglaterra de la mano del duque de Northumberland hacia mediados del siglo XIV, y se expandió rápidamente, dado que se tuvo que legislar para prohibirlo por el abuso que se hizo de él. Como ejemplo, tenemos el decreto de Luis XVI que hizo ilegal la caza con perros de red por considerarla práctica de furtivos.

El momento exacto en el que se consiguió crear el perro de muestra constituye uno de los muchos misterios que envuelven al mundo del perro. Podemos acudir a alguna referencia histórica, como la realizada por Gastón Phebus (1331-1391) al citar a un perro tumbador entre sus escritos. Estos perros tumbadores fueron denominados en Inglaterra con el verbo “to couche” y, poco después, “sitting dogs”, “sitters” hasta que fueron denominados “setters”.

• SETTER INGLÉS
El Setter Inglés: ese gran desconocido
Jesús Villaverde (cazador y criador del afijo Z-34)

Acercarse al mundo del Setter Inglés es adentrarse en la versatilidad de una raza que ha sabido adaptarse a las exigencias y prestaciones demandadas por el hombre. Se puede afirmar que detrás de cada Setter Inglés hay una persona con una especial manera de entender al perro, no ya como de utilidad venatoria, para lo que fue creado, sino como respuesta a una aspiración deseada. Los hay de todas las capas y colores; desde los más temperamentales y apasionados “trialer”, hasta los más apacibles perros de compañía, capaces de colmar las delicias de toda la familia. Un despliegue de posibilidades donde la diversidad se constituye como característica primigenia anterior al propio perro y en sus propios orígenes fundacionales, como perro de caza, producto de las líneas de sangre tan ortodoxas como lo eran los “gentleman” de la época, pioneros en la construcción de la raza.
Esta diversidad de la que hace gala en la presentación ante el gran público, constata su capacidad de adaptación al medio, fruto no sólo de su propia morfología, bella donde las haya, sino de una mentalidad equilibrada que recoge la esencia temperamental del “félido” para realizar su función zootécnica en simbiosis con el carácter del “cánido” en la forma cinófila de comportarse. En ello reside la magia de este perro, que cada día le hace ganar más adeptos, y en ello estriba, como contrapartida, el peligro de su degeneración, y no me refiero sólo a los rings de belleza que tanto contribuyeron a desvirtuar el estándar inicial: he visto Setters conejeros emulando a los podencos cazar “al robo” al más puro estilo continental, en fin, incluso rastreadores y levantadores de caza mayor, todo un abanico de posibilidades que no hace sino enmascarar su propia razón de ser.

TEMPERAMENTO, BELLEZA Y FUNCIONALIDAD
En las últimas décadas y en prevención de la posible disociación de la raza en dos subrazas “de trabajo y de belleza” a la que estaba abocada, se ha realizado un esfuerzo por parte de criadores, jueces y adiestradores para reafirmarla en toda su esencia. Hoy en día se pueden ver setter “cazadores”, capaces de satisfacer las demandas en el ring del espectador más exigente, y todo siguiendo la hoja de ruta que nunca debió perder. Según afirma Claudio Lombardi, juez internacional de Trabajo: “... en el estándar deben confluir dos exigencias indiscutibles, la “morfo-funcionalidad” y la “psique setter”. La primera, garante de la resistencia física a la par que del movimiento felino contenido (a saber, galope en línea mórbida y rasante). Es la segunda, la mentalidad, la psique identificatatoria de raza, la que los identifica y singulariza del resto de los perros de muestra del Grupo 7º al que pertenecen”.

Temperamento y carácter, en suma, en la búsqueda intuitiva, en la ejecución del lance que culmina en una enfilada hasta muestrear la presa de punto, donde el Setter se manifiesta en todo su esplendor; es cuando el hecho venatorio se eleva a rango de arte cautivo para el cazador más ortodoxo. Quien no ha sentido el embrujo de una remontada que serpea hasta alcanzar a la presa, paralizándola e hipnotizándola sin perder el control ni el contacto con el cazador, quien, en ese momento álgido, no ha sentido el latir del Setter en su propio pecho, algo le falta por conocer en cinegética.

Belleza y funcionalidad constituyen en la actualidad el binomio donde gravitan las aspiraciones de los aficionados más exigentes, que se decantan más por perros genéricos que especialistas.

Un gran perro en casa y en el campo
Isabelino Sánchez (de Sonella)

Hablar del Setter Inglés, es hablar de inteligencia, equilibrio, pasión y estilo. El Setter Inglés tiene unas cualidades psíquicas que le convierten en una mascota como no hay otra, y es un "fórmula 1" entre los perros de muestra. El Setter Inglés es el perro para tener en casa, no sólo porque es amistoso, tranquilo y de buen talante, sino porque también es hermoso y elegante. Este amistoso compañero es activo y eufórico cuando está fuera de casa, pero suele calmarse rápidamente cuando entra en el hogar. El Setter Inglés en casa se transforma en la más tierna mascota, es dulce con los niños y le encanta jugar con ellos, adora las visitas y se acerca para ser acariciado por ellas.

Esta raza destaca por su gran instinto para la caza, la notable capacidad de adaptación y su generosidad, que siempre demuestra en la acción. Todas estas cualidades, unidas a la precocidad con que manifiesta su instinto cazador, hacen de él un compañero de caza completo y versátil. Estos aspectos los exhibe tanto en el empleo en diversos tipos de caza como en diferentes terrenos cinegéticos. Todas estas cualidades innatas deben ser guiadas atentamente con un buen adiestramiento y un constante entrenamiento.

Su verdadero fuerte es la caza de la becada, donde no hay raza que le haga sombra. Así lo refrendan los miles de cazadores que en España y en toda Europa lo utilizan para la caza de esta ave. Para la caza de nuestra brava perdiz roja tiene un comportamiento exquisito, sobre todo si le hemos adiestrado en obediencia básica y le hemos jerarquizado adecuadamente. Nuestro Setter nos respetará e incluso estando de muestra mirará hacia atrás esperando a que lleguemos a una distancia cómoda para terminar el lance. Aunque es un perro creado para la caza de pluma, no desdeña la caza de conejos y liebres, donde también ofrece un excelente resultado.

En el verdadero Setter Inglés, encontramos cualidades excepcionales en el trabajo, tales como la velocidad, la pasión, la inteligencia para asimilar las nuevas experiencias, el olfato increíble y poderoso, la muestra firme y estatuaria y, cómo no, la guía reptante y felina.

• SETTER IRLANDÉS ROJO
Desarrollo del Setter Irlandés
Redacción

Si hay un color que distinga a Irlanda, ése es el rojo. Por ello, no sorprende a nadie que el Setter oriundo de este país sea el Setter Irlandés Rojo. Como sucede con el resto de Setters, se discuten varias teorías acerca de sus orígenes. Los antiguos spaniels (land spaniels) se posicionan como sus más que probables antepasados, aunque también se ha barajado la posibilidad de que evolucionara a partir de los spaniels llegados desde nuestro país. El doctor E. Schneider Leyer sostiene que los Setters provienen del cruce entre spaniels de los colores rojo y blanco que llegaron a Irlanda desde Francia en 1803, con Pointer, hasta obtener, mediante una estudiada selección, al Setter. El color rojo y blanco fue muy valorado por el cazador, que defendía que de esta forma podía distinguir a sus perros en la lejanía o entre la maraña del bosque. En este punto, comienza un cambio significativo hacia un oscurecimiento de color. Se cree que tuvo que ver la inclusión en los planes de cría de razas como el Setter Gordon o el Bloodhound. El caoba era el color deseado por muchos, y la cría se hizo selectiva hacia este fin, desechando los perros que nacían manchados con blanco o negros. Este trabajo fue desempeñado por criadores como Maurice O’Connor, que desde 1770 seleccionó perros con esta característica, labor que continuó a su muerte, en 1818, Robert La Touche. También es relevante la familia Lores de Freyne, que lo hizo durante tres generaciones.

Al tema del color se unió el dilema sobre la caza, lo que complica mucho la evolución del Setter. Había perros muy vistosos conservados por su físico, pero que no resultaban óptimos en el campo.
Las grandes guerras influyeron en el devenir de la raza, cada una de diferente manera; la primera redujo considerablemente el número de ejemplares inscritos en el libro de orígenes, pero no influyó tan negativamente como en otras razas, que estuvieron a punto de desaparecer, gracias a que se calcula que había unos 300 criadores cuando terminó, lo que hizo que se comenzara a criar de nuevo con mucha rapidez, a esto se unió su puesta de moda y el aumento de los registros para hacer frente a la gran demanda. La Segunda Guerra Mundial influyó en peor medida que la anterior, ya que muchos de aquellos criadores después no reemprendieron esta actividad. Tras un período más tranquilo, en la década de 1970 se volvieron a poner de moda y nuevamente la cría aumentó.

La popularización mundial de este fantástico animal se debió más a su espectacular belleza que a sus dotes cinegéticas, lo que supone un eterno dilema entre los amantes de la caza incluso en la actualidad. Por mucho que se busque el perro dual, hoy día el Setter Irlandés es considerado, sobre todo, un perro de compañía por su belleza, aunque persisten en su labor excelentes criadores apasionados de las prestaciones que ofrece la raza en el campo.

Su carácter ha evolucionado paralelamente a como lo ha hecho la raza. El trasvase generalizado de ejemplares desde el campo hasta las moquetas de los shows caninos ha contribuido a dulcificar aún más el excelente carácter que los Setters demuestran hacia el ser humano. Le encanta jugar y compartir momentos junto a los suyos. Podemos contar con él para convertirlo en el perfecto compañero en cualquier tipo de deporte. Su instinto de búsqueda, muestra y cobro hacen de él un perro con muchas posibilidades en deportes como el frisbie, el agility, el canicross, el bikejoring y un largo etcétera, ya que su energía parece no tener fin. Esto nos obligará a prestarle la atención necesaria para que se ejercite suficientemente todos los días, puesto que un Setter Irlandés inactivo sufre enormemente.

• SETTER IRLANDÉS ROJO Y BLANCO
El otro gran representante de los Setters Irlandeses es el Rojo y Blanco. Se ha posicionado como una raza independiente del Setter Irlandés Rojo, con su estándar individual, por lo que compiten separadamente, aunque la mayoría de apartados de sus respectivos patrones raciales son tan parecidos que bien se podría decir que se trata de la misma raza. La mayor diferencia, aparte, obviamente, el color del manto, uno rojo completo y el otro blanco y rojo, es que el Setter Irlandés rojo y blanco siempre debe ser visto como un perro de campo, incluidos los jueces. Históricamente, este Setter es el antecesor del Setter Irlandés rojo. Cuando comenzaron a seleccionar los ejemplares por el color, algunos criadores mantuvieron y conservaron al blanco y rojo debido a sus buenas dotes en la caza y a poder ser distinguido entre la maleza de los bosques donde era utilizado para la caza.

Sin embargo, el éxito del Setter Inglés Rojo casi consigue que desaparezca a finales del siglo XIX, y sólo en Irlanda los trataron como razas diferenciadas, puesto que en el resto de Europa sólo se contemplaba la existencia de una raza con dos variedades cromáticas. Hay que esperar hasta la segunda década del siglo pasado para encontrar a un grupo de criadores que se esforzó para sacar adelante al Setter Irlandés Rojo y Blanco.

En 1981 se formó una sociedad para apoyar esta raza que principalmente se encargaba de organizar pruebas de campo y de velar por su mantenimiento y desarrollo correcto.
Morfológicamente, debemos detenernos en el aspecto del color, donde su estándar especifica lo siguiente: “El color base es el blanco con parches de color rojo sólido (islas definidas de color rojo), ambos colores demostrarán el máximo de vida y lozanía; se admiten manchas, pero no los salpicados (pelos mezclados) en la cara, los pies, en los miembros anteriores hasta la altura de los codos y en los miembros posteriores hasta la altura del corvejón. Salpicados, manchados y moteados en cualquier otra parte del cuerpo son muy objetables en la medida que son faltas eliminatorias”.

En cuanto a su aplicación al trabajo, mientras el Setter Irlandés Rojo se ha ido convirtiendo en un perro casi exclusivamente de compañía, el Rojo y Blanco ha continuado trabajando, con lo que su cuerpo tiene que estar bien musculado, su olfato se mantiene en perfectas condiciones y sus instintos se encuentran más fortalecidos debido al trabajo constante al que es sometido en el campo.


• SETTER GORDON

Desarrollo del Setter Gordon

Escocia conocía a los Setters desde el siglo XVII, pero no fue hasta finales de este siglo cuando el duque de Richmond y Gordon (1743-1827) se dedicó al desarrollo de esta raza canina. Aunque muchos lo sostengan, el duque no fue el creador de la raza, aunque el Setter Gordon le debe mucho a este apasionado de la caza menor con perro de muestra. Lo podemos afirmar porque ya en el año 1620, Gervase Markham, en un pequeño libro titulado "Hunger's Prevention or the wole Art of Fowling by land and Water", describe entre los varios colores de los "setting dogs" el negro y leonado (black and fallow), describiéndolo como un perro que destaca por su dureza y resistencia.

Encontramos más referencias a los inicios de la raza en 1805, gracias a un cuadro obra de Sydenham Edwards en el que aparecen las tres variedades de setter actuales, entre ellos el negro y fuego.

Las perreras del duque, sitas en Banffshire, se concentraron en crear un perro que se erigiera como la versión más fuerte y potente del Setter tradicional. La razón, como ha ocurrido en tantas ocasiones, la búsqueda de una óptima adaptación canina a un clima y una región con características concretas. Se perseguía conseguir un perro capaz de cazar en las situaciones más extremas (de cima y orografía), pero esto suponía la obligación de sacrificar aspectos como la mayor velocidad de los Setters tradicionales.

Son muchas las suposiciones que se han vertido acerca de las razas que intervinieron en la creación de este Setter. La que señala al Collie es una de las teorías más repetidas, además de por razones morfológicas, por el comportamiento típico de los Collies en su forma de trabajar como perro conductor de ganado, ya que los primeros Setter Gordon rodeaban a la pieza cuando la localizaban, justo antes de mostrarla, como queriendo conducirla hacia el cazador. La época victoriana fue la más proclive para esta raza, que conquistó Escocia y cazó por todos sus pagos.

ASÍ CAZA
Su manera de trabajar en el campo, tras la caza, le diferencia del resto de los Setters al ser más calmada, lenta, menos lanzada que sus parientes Inglés e Irlandés. A cambio, tenemos un perro con una mayor resistencia, muy tenaz y trabajador incansable. La amplitud de la búsqueda es la menor de los perros que nos ocupan, pero es más detallada, llevando su nariz en diagonales trazadas por delante de la escopeta, siempre sobre la horizontal que dibuja su espalda, con la cola tensa, la cabeza levantada.

Cuando descubre la situación de una pieza, disminuye la andadura y avanza serpenteando hacia el origen de la emanación. Su muestra es levantado sobre sus articulaciones, con la cabeza alta, levemente inclinada sobre la horizontal. La cola queda tensa, incluso por encima de la línea que marca la espalda. Si la pieza intenta alejarse, el Setter Gordon la seguirá en la posición levantada, con movimientos suaves y fluidos, en una posición similar a la que adquiere durante la muestra.
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