Última actualización 18/03/2011@09:09:55 GMT+1
Texto: José Enrique Zaldívar (Clínica veterinaria Colores)
Lo que se conoce como músculo estriado supone el 50 por 100 de la masa corporal y es una complicada maquinaria diseñada para convertir la energía química en mecánica. De la correcta función del músculo estriado depende, por tanto, la integridad de todos los órganos del cuerpo. Las patologías que afectan a estos músculos se llaman miopatías, que podremos dividir en primarias y secundarias, y clasificar en inflamatorias (infecciosas e inmunológicas) y degenerativas (adquiridas y hereditarias).
Entre la miopatías inflamatorias infecciosas, podemos considerar las miositis inflamatorias infecciosas y, dentro de ellas, las causadas por el Toxoplasma gondii y por el Neospora caninum. Ambos microorganismos tienden a producir síntomas más graves en animales jóvenes y en los inmunodeprimidos. Los perros afectados presentarán marcha a saltos, paresia progresiva de las extremidades posteriores, así como extensión rígida de las mismas, dolor muscular intenso al principio y atrofia progresiva de los mismos según evoluciona la enfermedad. No es extraño que en algunos casos se produzcan alteraciones a nivel del sistema nervioso que cursan con estupor, convulsiones y coriorretinitis (inflamación de la coroides, que es un recubrimiento de la retina profunda del ojo). Existen casos documentados de muerte a las 48 horas de la aparición de los primeros síntomas.
El diagnóstico de esta enfermedad no resulta sencillo, y se hará en base a la comprobación en un análisis de sangre de la elevación de una enzima llamada creatina cinasa, y en los resultados que arrojen las biopsias de los músculos afectados. La comprobación de anticuerpos en el suero frente a Toxoplasma o Neospora resultarán útiles. De cualquier forma, es importante que sepamos que la toxoplasmosis se desarrolla clínicamente sólo en animales jóvenes (menos de 1 año) y suele surgir cuando se produce otra enfermedad. En cuanto al neospora, el componente neurológico prevalece sobre los demás, del tal modo que los cachorros afectados presentan hiperextensión de las extremidades posteriores.
El tratamiento, una vez que estemos seguros que se trata de una miositis infecciosa, se realizará con clindamicina por vía oral, trimetroprima-sulfadiacina y pirimetamina. Los perros con enfermedad aguda sistémica pueden responder bien, sin embargo, el pronóstico a largo plazo es reservado por la existencia simultánea de otras enfermedades inmunosupresoras o lesiones del Sistema Nervioso Central.
La infección bacteriana puede producir miositis local después de la infección a través de heridas o de agentes hematógenos que se extienden desde un lugar distante a la infección. Algunos parásitos como la dirofilaria (gusano del corazón) podrá provocar también este tipo de miositis durante su migración en el músculo. Los perros afectados van a presentar dolor con cojera e inflamación localizada, fiebre y, en ocasiones, si la infección se disemina de forma rápida, muerte a las 24 horas de aparición de los síntomas.
MIOSITIS INFLAMATORIAS INMUNOLÓGICAS
Entre las miositis inflamatorias inmunológicas, que suelen ser las que con más frecuencia vemos en nuestras clínicas, nos encontramos con la miositis de los músculos masticadores, las polimiositis y la dermatomiositis.
La inflamación de los músculos masticadores, es decir de los músculos temporales, masetero y pterigoideo, es lo que se conoce como miositis masticatoria. Puede ir acompañada de la miositis de los músculos extraoculares. Se sospecha que su etiología (causa) se debe a desórdenes de la inmunidad. La inflamación de los músculos masticadores hace que éstos rellenen la órbita, que a su vez choca con el globo ocular y se producen exoftalmos (el globo ocular es desplazado hacia delante).
La polimiositis es una enfermedad no infecciosa generalizada que puede afectar a cualquier grupo muscular, y tener tanto carácter agudo como crónico. Por lo general, se presenta en perros adultos, y puede ser crónica y progresiva o episódica con ataques agudos. Los perros afectados van a presentar depresión, letargo, fiebre, anorexia, y pérdida de peso. Además, van a mostrar una marcha anómala, con debilidad, aparición de fatiga rápida tras el ejercicio, envaramiento, cojera intermitente, mialgia, inflamación o atrofia de los músculos, anomalías de la deglución, con disfagia (dificultad para comer), megaesófago (regurgitación de la comida y del agua), neumonía por aspiración y la presencia de disfonía (alteración del ladrido).
La dermatomiositis es una alteración hereditaria en la que se asocian miositis y dermatitis. Se ha descrito en perros de raza Collie, Shetland Sheepdog, y Welsh Corgi. La manifestación de la alteración cutánea no pruriginosa son eritema, alopecia y ulceración.
MIOSITIS DEGENERATIVAS ADQUIRIDAS
Entre las miositis degenerativas adquiridas, podemos hablar de la miopatía fibrótica, y de la miostis osificante.
La miopatía fibrótica es una enfermedad crónica y progresiva que produce contractura muscular grave y fibrosis que afecta principalmente a músculos de las extremidades tanto anteriores como posteriores. Puede aparecer como consecuencia de un proceso neurológico, inyecciones intramusculares frecuentes, traumatismo agudo o microtraumatismos repetidos.
La miositis osificante es la formación de hueso en el músculo. Es más frecuente en perros de razas grandes y de mediana edad. Se caracteriza por el desarrollo excesivo de tejido conjuntivo fibroso, que dará lugar a una degeneración muscular extensa que al final va a provocar calcificación y osificación muscular.
MIOPATÍAS DEGENERATIVAS HERIDITARIAS
Entre este tipo de miopatía, nos encontramos con la que se conoce como Hipertermia maligna. Se trata de una enfermedad metabólica del músculo esquelético. Puede ser la respuesta a ciertos anestésicos inhalados, como el halotano, aunque se ha asociado a otros, y parece ser que no está asociada con la primera exposición al agente causal. Se ha asociado también a otros fármacos, como la succinilcolina, enflurano y lidocaína. Puede, además, ser inducida por estrés (excitación o ejercicio) y se ha llamado “síndrome del estrés canino”. Se ha observado una enfermedad similar con la ingestión de lúpulo. Es más frecuente en perros machos y de razas muy musculosas. La fiebre y la temperatura ambiental elevada también pueden aumentar el riesgo.