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Hemeroteca :: Edición del 01/07/2011 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 21/06/2011@13:36:26 GMT+1
El Dogo Alemán destaca por su tamaño, es un perro gigante, pero además es un perro atlético, con un cuerpo correctamente proporcionado con sus extremidades, con un cuello largo y una cabeza grande. En sus primeros tiempos fue utilizado para muchos fines, alguno de ellos cruento, consistente en pelear con otros animales, con otros perros o incluso con personas en guerras. Pero cuando todos estos usos cayeron en el olvido, el Dogo Alemán se adaptó a la vida que la sociedad le exigía. La selección ha facilitado que este grandullón pase a ser una raza muy extendida por los cinco continentes. Cariñoso, fiel, paciente y cómplice de los más pequeños de la casa, aunque sigue manteniendo ese carácter reservado con los extraños, lo que le convierte en un gran guardián de casa, encontramos en el Dogo Alemán a un gran compañero, siempre atento a nosotros y dispuesto a merecerse la gran reputación que se ha ganado durante los últimos siglos
Orígenes de la raza
Club Español del Dogo Alemán. Fuente: Libro “El Dogo Alemán”, Marina Salmoiraghi. Editorial de Vecchi

ENTRE LA LEYENDA Y LA REALIDAD
Buscar los orígenes remotos de nuestro Dogo Alemán es una empresa que muchos autores, desde el siglo pasado, han intentado, aunque sin llegar nunca a haberse puesto de acuerdo. Y es fascinante ver que este gran perro siempre ha estado junto al hombre a lo largo de los siglos, de¬sempeñando esas funciones de guardián, defensor o simple compañero que todavía hoy lo caracterizan, pero también la función, muy importante en los pasados siglos, de cazador.

Ya en estampas y grabados de la época medieval, procedentes de distintos países europeos, hallamos reproducciones de perros que, sin duda, son Dogos Alemanes. Volviendo a tiempos aún más antiguos, encontramos efigies de perros similares al Dogo en las tumbas de los faraones, en los bajorrelieves asirios en escenas de caza mayor; los antiguos romanos, además del moloso utilizado en los combates, tenían otros perros, igual de grandes pero más ágiles. Probablemente les debemos a ellos su difusión en todo el territorio europeo, incluida Britania.

En cambio, según algunos autores, estos perros llegaron a Europa desde Asia como consecuencia de la invasión de un pueblo chiíta, los alanos, y por tanto serían directos descendientes del Mastín del Tíbet, con el que, no obstante, no parece existir ni la más mínima semejanza, ni estética, ni de carácter.

Según otros, el Dogo surgió de la unión del moloso, macizo y tosco, con el rápido galgo, a fin de obtener un perro fuerte y al mismo tiempo ágil, para emplearlo en la caza mayor. Esta “leyenda” podría explicar la circunstancia de que en la Baja Edad Media encontramos Dogos “de guerra” o “de cuerpo”, y Dogos de “cámara”, que diferían no tanto en la morfología como en el carácter. Los primeros, ágiles y agresivos, eran lanzados con ferocidad en la batalla, armados de corazas previstas de largas lanzas agudas para destripar los caballos de los enemigos, o incluso antorchas encendidas; así pues, auténticas máquinas de guerra en las que resulta difícil reconocer a nuestros actuales Dogos.

En cambio, los Dogos Alemanes “de cámara” eran compañeros fieles que seguían a su amo en la caza (las descripciones y las representaciones de estas partidas de caza son similares a las efectuadas con los galgos), comían en su compañía y dormían en su habitación para proteger su sueño. Según la literatura anglosajona, ya en el siglo XIV en Britania se criaban Dogos Alemanes y se les adiestraba para la caza del oso; derivaban probablemente del Mastiff, pero eran más elegantes y menos feroces. Una de las variedades más famosas, conocida como lyme mastiff, era muy apreciada por la alta aristocracia inglesa, a través de la cual algunos ejemplares fueron llevados como regalo a las cortes de toda Europa.

Así fueron apreciados y luego criados sobre todo en Alemania, y los alemanes supieron mejorar la raza, en parte gracias a cruces con perros locales. El producto de estos cruces se denominó inicialmente english dogge (perro inglés), pero pronto lo convirtieron en su raza nacional, probablemente gracias, entre otros, al famoso canciller Otto von Bismarck, al cual solía verse acompañado siempre de un ejemplar de esta raza.

Encontramos nombres distintos para indicar siempre el mismo perro, según sus lugares de crianza: el perro de Ulm, tal vez el más famoso, fue criado por una veterinaria de la ciudad de Ulm, en el sur de Alemania y, al parecer era un perro elegante y estructural; en cambio, perros más fuertes procedían del norte de Alemania, sobre todo de Hamburgo y Berlín, pero inexplicablemente eran identificados como danish dogge (perros daneses).

Según algunos autores, este nombre no deriva del país de procedencia (es interesante observar que no se tienen noticias de particulares atenciones hacia esta raza por parte de los daneses), sino de que estos perros eran sobre todo de color canela, es decir, rubios, sin máscara, con patas largas y tronco fuerte, las mismas características somáticas de los habitantes de Dinamarca.

Solamente en la segunda mitad del siglo XIX se acuñó definitivamente el nombre de Deutsche Dogge (es decir, perro alemán), mientras que se convertía en “raza nacional” y se establecía criar con único nombre a todos estos perros que poco diferían entre sí, a no ser por el color del manto. Por ello, es imposible determinar el exacto lugar de origen de esta raza o la variedad de perros que han contribuido a su formación, pero sin duda debemos agradecerle a Alemania el hecho de haber plasmado y refinado sus formas.

EL SIGLO XX
La historia más reciente de la raza, que a partir del siglo XIX y en los primeros años del XX tiene una gran difusión en toda Europa, sufre una grave crisis con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los criadores europeos, sobre todo los alemanes, pierden gran parte, sino incluso todos los ejemplares que habían seleccionado hasta entonces. No obstante, la raza es recuperada fácilmente aunque no se parte precisamente de los excelentes niveles de tipicidad y selección a los que se había llegado, gracias al material que los propios alemanes habían exportado anteriormente a Estados Unidos y Gran Bretaña, donde dos grandes perreras habían logrado conservar algunos importantes reproductores.

La mayor virtud del DOGO Alemán:
su carácter
Jesús Sánchez Meana (Can Siraca)
Normalmente, lo primero que llama la atención de esta maravillosa raza es su aspecto, su tamaño, su elegancia, su impresionante planta. El Dogo Alemán no deja indiferente a nadie, destaca por su belleza y es el primer motivo de acercamiento a la raza, pero no es esta la principal virtud por la que los propietarios de estos perros sentimos verdadera pasión por esta raza. La mayor virtud, sin duda, del Dogo Alemán es su carácter.

Hablamos de un perro equilibrado, terriblemente obediente, apasionado por su dueño, cariñoso, tranquilo y atento en casa, y activo e incansable en el campo. Su actitud con los niños es impecable, extremadamente cuidadoso y paciente con ellos. Es un perro que, en contra de la creencia popular, es perfecto para la convivencia en espacios pequeños, el comentario general de la mayoría de personas cuando ven por primera vez a un Dogo es:"Ohh! es precioso, qué pena que yo vivo en un piso pequeño, y estos perros necesitan mucho espacio". Nada más alejado de la realidad, en un apartamento sólo necesita de sus dos metros cuadrados de colchoneta y la presencia de su amo, y aunque generalmente se convierte en la sombra de uno cuando andas por la casa, es un animal tan cuidadoso que, a pesar de su gran tamaño, no acostumbra a romper nada en sus paseos por el hogar.

Si el Dogo vive en una casa con jardín, siempre preferirá estar dentro de la casa, cerca de su dueño, que jugando en el patio. Es un perro de salón, tumbado lo más cómodo posible observando a su amo, o plácidamente dormido. Obviamente, debido a su naturaleza activa, su fortaleza física y su desarrollada musculatura, necesita de sus dosis diarias de ejercicio a modo de salidas al parque, interminables juegos con otros perros o largos paseos por la ciudad.

Que sea un perro perfectamente apto para vivir en la ciudad y en espacios cerrados y pequeños no significa que no lo sea para vivir en el campo, parcela o jardín, es un perro tan equilibrado que se adapta a cualquier situación de vida, siempre y cuando tenga su ejercicio diario y sus dosis de cariño, ya que principalmente un Dogo Alemán es un perro afectivo, necesita y demanda constantemente mimos y caricias.

No debemos olvidar también que el Dogo Alemán es un perro de guarda, y cumple su cometido a la perfección, es un perro desconfiado con los extraños; si su impecable planta no es un argumento suficientemente poderoso para intimidar a algún insensato con malas intenciones, hay que advertir que ante cualquier agresión extraña el Dogo Alemán actuara con una total determinación para defender su casa y familia.

Todo esto y mucho más hace que quienes disfrutamos de esta raza veamos en ella a nuestro perro ideal. Aunque, en realidad, hay algo más, algo intangible que sólo se puede experimentar cuando sientes la bondadosa mirada de este noble gigante hacia su dueño, pero ojo, hay que advertir a todos aquellos curiosos e interesados en el Dogo Alemán que, sin lugar a dudas, esta raza crea adicción.

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