La leishmaniosis es una enfermedad de origen parasitario, provocada por un protozoo del género leishmania y transmitida por la picadura de mosquitos que reciben el nombre de flebotomos. Esta enfermedad puede afectar a seres humanos (hospedadores accidentales), y ella actúan como reservorios los animales domésticos (perros y gatos) y algunos animales salvajes (lobos, zorros y roedores).
Existen varias especies de leishmania, pero en Europa la que prevalece es la leishmania infantum. Que el perro sea picado por el mosquito portador del parásito y lo introduzca en su sangre no quiere decir que el animal vaya a presentar los síntomas de la enfermedad, ya que existe lo que denominamos infección subclínica. La mitad de los perros que presentan anticuerpos antileishmania no tienen signos de enfermedad, si bien son potenciales fuentes de contagio para otros animales en caso de ser picados por un nuevo flebotomo, y que éste pique a su vez a otro perro.
Podemos decir que en la actualidad es la principal zoonosis de la cuenca mediterránea, que se está dando en gatos y perros inmunodeprimidos, así como en seres humanos portadores de virus del SIDA y otras situaciones en las que su sistema inmune está comprometido. Por tanto, será la respuesta inmunológica de cada individuo y su genética la que hará que enferme o no. En lo que se refiere a la especie humana, las jeringuillas de los drogadictos son un vehículo de contagio entre ellos.
Los individuos con un sistema inmune potente y que son capaces de neutralizar a los parásitos en su forma infectante, podrán:
- No ser nunca positivos a las pruebas de diagnóstico de la enfermedad.
- Dar positivos, para pasar a ser negativos al cabo del tiempo.
- Dar positivos pero sin manifestar síntomas, pero si por cualquier circunstancia sus defensas se ven afectadas, podrán desarrollar síntomas de enfermedad.
SÍNTOMAS DE LA ENFERMEDADUna vez la enfermedad se ha instaurado, se van a presentar una serie de síntomas como inflamaciones crónicas en la piel y diversos órganos que pueden dar lugar a dermatitis, orquitis y hepatitis. Alteraciones a nivel renal como glomerulonefritis, oculares como la uveítis, y articulares como las artritis. También habrá fiebre, anemia, astenia y aparición de infecciones secundarias. Finalmente, los perros enfermos manifestarán caquexia, hemorragia nasal, pérdida de pelo, dermatitis con gran descamación dérmica y crecimiento desmesurado de las uñas.
Así pues, podemos decir que las manifestaciones de la enfermedad pueden quedar limitadas a manifestaciones cutáneas o ser sumamente graves dando lugar a enfermedad renal, hepática o ambas. Todo esto parece depender de la carga parasitaria.
Los síntomas observados con más frecuencia, en el 50 por cien de los casos, son los que afectan a la piel y al pelo, a los riñones, hígado, digestivo, respiratorio, músculos, huesos y ojos. Otras manifestaciones, menos frecuentes, pero que vemos cada día con más asiduidad, son las que las que afectan al sistema nervioso. Es muy frecuente encontrarnos con la inflamación de los ganglios linfáticos que están al alcance de la palpación más o menos superficial.
También podemos encontrarnos, aunque con menos frecuencia, nódulos en la lengua, en la cavidad oral y en los órganos genitales, inflamaciones en las articulaciones, hepatitis crónicas, colitis crónica recidivante, meningitis, miositis, polimiositis, pericarditis y tromboembolismo.
DIAGNOSISA la hora de establecer el diagnóstico, y ante la presencia de síntomas compatibles, se hará inevitable la realización de diversos estudios hematológicos. De esta forma, nos podremos encontrar hiperproteinemia con hiperglobulinemia, hipoalbuminemia con índice albúmina/globulina disminuida, proteinuria renal persistente, índice de proteína/creatinina en orina superior a 0.5, anemia no regenerativa, normalmente indicativa de insuficiencia renal crónica o fallo renal, aumento o disminución de leucocitos, enzimas hepáticas elevadas, hiperviscosidad/gelificación del suero, trombocitopenia y anomalías de la coagulación.
Será muy importante que nuestro veterinario reciba información de todos los lugares en los que ha estado el perro, aunque no sea de forma reciente, ya que podrá haber contraído la enfermedad en un territorio muy alejado del que habita normalmente, y no necesariamente en un periodo de tiempo corto.
La confirmación se hará por diversas técnicas laboratoriales, aunque ninguna de ellas tiene una especificidad y sensibilidad del cien por cien. Se podrá intentar visualizar el parásito mediante tinción de muestras obtenidas por punción de médula o de ganglios linfáticos, citologías de lesiones cutáneas y biopsias cutáneas o de órganos.
LA MEJOR PREVENCIÓNLa prevención de la enfermedad es sumamente importante. Para ello, algunos laboratorios han comercializado productos que deben ser utilizados en nuestros perros con la regularidad y frecuencia que indique el veterinario. Se trata de insecticidas repelentes, feromonas y evitar la exposición en horas del día de máximo riesgo. Debemos saber que las hembras ponen sus huevos en materia orgánica, muros de jardines, almacenes de madera, basureros y que, además, pueden entrar en nuestras viviendas atraídas por la luz, como cualquier otro mosquito. Creo, por tanto, interesante el uso de productos insecticidas dentro del hogar, siempre y cuando el perro duerma dentro de él, algo muy recomendable siempre, pero en especial en primavera y verano si es queremos evitar un importante factor a través del cual podría contraer la enfermedad.
Los productos a utilizar sobre el perro se presentan en forma de collares, pulverizadores o pipetas (spot-on).
Los collares de deltametrina ofrecen protección durante cuatro meses. Es evidente que la protección no es completa, pero alcanza más del 70 por cien. Es un buen producto, con el inconveniente de que, en algunos casos, pocos, puede provocar alergias que obligarán a retirar el collar.
Las permetrinas en forma de spot-on cuentan con una buena acción contra la picadura de los flebotomos y su efecto dura entre dos y cuatro semanas. De todas las formulaciones existentes en el mercado, parece que la más efectiva es aquella que combina el imidacloprid con la permetrina.
Los sprays de permetrina y piriproxifeno también han mostrado un buen efecto repelente frente a los flebotomos. Deben ser utilizados cada dos semanas sobre el cuerpo del perro.