Texto: Antonio López Espada
Última actualización 24/08/2011@06:55:23 GMT+1
Equilibrio, dulzura y disposición son cualidades que siempre han definido al Terranova. El ser humano las ha sabido aprovechar desde hace siglos, convirtiendo a este grandullón en uno de los perros más utilizados en el salvamento acuático, aprovechando que durante mucho tiempo fue asistente de los pescadores que iban tras los grandes bancos de bacalaos canadienses. Su fortaleza física y su nobleza destacan aún más su belleza exterior. Todas estas cualidades y muchas más que descubriremos en las siguientes páginas y, cómo no, acercándonos a la raza, le han llevado a formar parte cada año de más familias.
La isla de Terranova (Newfounland), muy próxima al norte del continente americano y frente a la desembocadura del río Saint-Laurent, es la que da nombre a la raza canina que acompañaba a los pescadores europeos que perseguían los grandes bancos de bacalao. La isla fue descubierta en 1497 por el veneciano Sebastián Carot, quien dejó constancia de que aquella “Terra de Baccalaos” estaba totalmente deshabitada. Durante varios siglos, la Terranova fue objeto de disputas constantes entre pescadores franceses e ingleses, pero el Tratado de Utrech Francia abandona la isla y se ve obligada a renunciar al derecho de pesca en 1904. Ya en 1948 Canadá la incorpora como provincia del país norteamericano.
ORIGEN DIFUSO
Existen varias hipótesis sobre el origen de la raza, aunque resulta imposible establecer una de ellas como la válida. La primera establece un origen nórdico, afirmando que fueron los pescadores noruegos los que los llevaron a la zona como asistentes de la tarea pesquera, se estima que ya en 1820.
También se apunta al origen que se le asigna a muchos de los perros molosoides. Hablamos del Dogo del Tíbet. El máximo defensor de esta teoría es el doctor Heim, que lo argumentó en su obra “Der Newfoundlander und”, exponiendo las analogías entre los cráneos de ambos perros, aunque no explica cómo llegan estos perros primitivos a la isla canadiense. Estudios posteriores han acudido al pueblo vikingo para enlazar esta teoría con el desarrollo de la raza en su isla de origen.
Una tercera hipótesis habla que durante los siglos XVI y XVII los colonos europeos son los que cruzan el Atlántico llevando consigo a los antepasados del Terranova. Entre las posibles razas de las que se ha hablado, encontramos a los perros pirenáicos de los pescadores vascos, los water spaniels y los Mastiff de los ingleses… Los distintos cruces entre los perros de estos pescadores y colonos podrían haber dado origen al Terranova.
Entrando ya en los límites de lo que ha sido probado, existen diferentes narraciones de viajeros que conocieron la isla en el siglo XVIII, así como notas de la Sociedad Zoológica de Aclimatación, que hablan de perros que se utilizaban para transportar leña y pescado, así como para acompañar a los pescadores en sus tareas diarias. Las primeras referencias sobre perros de color negro son de esta época.
Ya en 1860 se presentan ejemplares de Terranova en la Exposición de Birmingham, aunque el Kennel Club de Londres no reconoce la oficialidad de la raza hasta 1886, la misma fecha en la que la raza es reconocida por el American Kennel Club. El Reino Unido fue el país encargado de desarrollar y potenciar la raza.
Estamos ante un perro de un tamaño impresionante. Su cruz se eleva una media de 71 centímetros en el caso de los machos, cinco más que la media de las hembras. Su peso es de unos los 68 kilos en los machos, y de 54 en las hembras. El tamaño es un aspecto que debe cuidarse especialmente, pero siempre priorizando el estado general de salud del animal y que ese tamaño guarde unas proporciones simétricas y permita un movimiento correcto. Este movimiento comienza con un buen alcance de los miembros delanteros y se impulsa gracias a unas fuertes patas traseras, dando la sensación de fortaleza y facilidad en esa manera de moverse. En un perro de este tamaño es normal que un ligero balanceo de la espalda esté considerado como normal en su estándar, pero a medida que la velocidad incrementa, la línea superior se mantiene uniforme.
CARÁCTER
La docilidad de este grandullón es tan enorme como su tamaño. En el trato con el ser humano demuestra ser dulce, atento, muy fiel, aportando tranquilidad con sólo una mirada. No estamos ante un perro nervioso o que muestre signos de agresividad, al contrario, cuando compartimos unos momentos con un Terranova, lo que denota es una serenidad sin parangón. No debemos olvidar que esta raza ha desempeñado diversas tareas en condiciones muy adversas, lo que ha contribuido a que se fuera conformando un coraje y una capacidad de trabajo fuera de lo común. Hoy es utilizado en multitud de países como perro de salvamento en las aguas más peligrosas. Su amor por el ser humano y su desenvolvimiento en el líquido elemento le han posicionado como un perro ideal para el salvamento marítimo o fluvial. Apenas necesita adiestramiento para llevar a cabo esta función de la manera más eficaz y son muchos los cuerpos de salvamento y los grupos especializados en entrenar al Terranova para esta loable labor.
En casa, se suma a la familia como un miembro más y aprende de una manera muy receptiva. Su inteligencia le permite aprender de manera rápida y sencilla las normas de la vida en común, aceptando con naturalidad el mando del ser humano. Como ocurre en cualquier raza de la que hablemos, el cachorro necesita una guía para prender esto que mencionamos. Una correcta relación con sus hermanos de camada, con su madre y, posteriormente, con el criador y son la familia que lo adquiera, conseguirán que el cachorro sea un animal despierto, ávido de tener nuevas experiencias, muy sociable con los que le rodean y con otros animales.
En esos primeros meses, buscará el juego con todos lo que le rodean, lo que se convierte en la mejor manera de comenzar con una educación básica que asimilará de manera receptiva.
La soledad es lo peor que puede sufrir un Terranova. Disfruta compartiendo momentos con los suyos, por lo que no debemos elegirlo para cuidar de una finca o de una propiedad en la que no vayamos a estar de manera asidua.