Entre las diferentes razas caninas, existen muchas dedicadas al rescate de personas, pero al hablar del San Bernardo, lo hacemos de un perro que ha trabajado para salvar la vida de seres humanos en el entorno más exigente, rodeado de nieve en cumbres siempre amenazantes, con tormentas heladoras y avalanchas traicioneras. Pero el verdadero mérito de este perro radica en que es capaz de encontrar al desafortunado viajero perdido, herido, inconsciente…, sacarlo de la nieve y llevarlo a un lugar seguro por sí mismo, sin la ayuda del ser humano. Tener un perro de esta raza en casa es tener un descendiente de los mayores héroes caninos que han existido y que les presentamos en las páginas que siguen.
Orígenes de la razaPor Julián HernándezEl origen del San Bernardo es muy controvertido. Existen muchas teorías y todas difícilmente demostrables. La más generalmente aceptada es la que le confiere un origen tibetano. Según Pierre Mégnin, el Gran Tibetano pesado apareció en Asiria hacia el año 2000 a de J.C. En el museo británico de Londres se encuentra un bajorrelieve del siglo VII a de J.C., proviene de un palacio de Nínibe, en el que aparece el Gran Tibetano: un enorme perro, con poderosa cabeza, fuerte osamenta y gran alzada. Se parece tanto al San Bernardo moderno que podría concursar con notable éxito en las Exposiciones de belleza actuales.
Del Gran Tibetano dio fe Marco Polo en 1295; en el relato de sus viajes señaló la presencia en la Corte del Gran Mongol de unos perros de gran alzada, fuertes y del tamaño de un asno. Se utilizaban en las montañas del Himalaya como perros de guarda. Aristóteles definió al Gran Tibetano como “defensor de gran potencia” que luchaba con el tigre. Buffon, en el siglo XVIII, dijo haber visto uno, el cual, sentado, medía más de cinco pies de alto (1,60 metros). Más tarde, en 1897, el alemán Siber escribe un libro en el que describe perfectamente este moloso.
Queda demostrado que en las montañas de Himalaya, existieron grandes perros de características morfológicas y externas muy parecidas a las de nuestros San Bernardos. La pregunta es ¿Cómo llegó esta raza, localizada en la India y Medio oriente, a Europa y, más concretamente, a Suiza? Se trabaja con dos hipótesis:
- En el año 280 a de J.C., los galos, pueblo que ocupó Suiza, entre otros territorios, se apoderaron de Asia menor, trayendo a Europa, estos enormes perros.
- La otra hipótesis es la que asegura que el Gran Tibetano fue introducido en Grecia y Macedonia por los fenicios, tomando el nombre genérico de “moloso” (de la región griega de Molosia) pasando de allí a Roma a luchar en los circos contra tigres y leones. Es fácil suponer que estos perros fueron utilizados por los romanos para la vigilancia de sus campamentos y pasos de montaña en la conquista de Suiza. Conviene aquí recordar que los romanos llegaron a los Alpes, principalmente, a través del Paso del Gran San Bernardo y que, al lado de Hospicio, crearon un refugio para las tropas en tránsito.
Por cualquiera de los dos caminos, lo cierto es que el Gran Tibetano, instalado en los valles de Aosta y de Valais, debió cruzarse con perros locales como el Bouvier Suizo o con una especie de Mastín, de raza fuerte, que según Buffon, habitaba en Helvecia, dando origen al actual San Bernardo.
EL SAN BERNARDO DE PELO LARGOConviene aclarar que el San Bernardo utilizado por los monjes en sus tareas de salvamento tenía el pelo corto. En el año 1830, los monjes del Hospicio, pensando que un pelo más largo ayudaría a sus perros a soportar mejor las condiciones meteorológicas del paso, cruzaron sus San Bernardos con German Mastiff y Terranovas, apareciendo los San Bernardos del pelo largo. Pronto comprobaron que el pelo más largo retenía mayor cantidad de nieve y que ésta, al helarse, impedía la libertad de movimientos al perro. Así, los monjes decidieron trabajar sólo con la variedad de pelo corto y desechar a los cachorros de capa larga. Desde entonces, ambas variedades de pelo fueron admitidas.
Un carácter enormeRedacciónLa fidelidad y el apego por el ser humano es la cualidad más destacada cada vez que alguien que conoce la raza habla del San Bernardo. Su docilidad le confiere un equilibrio que queda aderezado con una notable inteligencia. Todo esto queda reflejado en la expresión de su cara. Su máscara, con esa combinación de blanco y negro con pinceladas de tonos caoba, acentúa más esa bondad que le caracteriza.
Muchos lo describen como un peluche gigante, como el perro perfecto para abrazar, y así es. Cuando se dedicaba al rescate de viajeros en las montañas de la frontera entre Suiza e Italia, su cálido manto salvó a muchas personas de morir por congelación. Pocos perros pueden presumir de tener un pasado tan heroico como el San Bernardo. En su carácter se ha quedado grabado ese instinto de protección hacia el ser humano, conservando una gran intuición para detectar cualquier tipo de peligro para su familia y sin dudar en ponerse entre ese peligro y los suyos.
TERCO Y CARIÑOSOEn casa, son muchos los propietarios que hablan de sus San Bernardos como perros tercos, cabezones, de manera metafórica, aunque se ha determinado que se trata del perro con la cabeza más ancha de la especie canina (Scott & Fuller, 1974). Es un perro cuyo tesón le hace seguir un objetivo sin venirse abajo ni abandonar, por muy difícil que se pongan las cosas. Su inteligencia, además, le sirve para buscar las mejores alternativas que le lleven a conseguir sus fines, algo que también es herencia de sus días como perros de salvamento, cuando debían resolver situaciones muy delicadas por sí mismos, sin la ayuda ni la intervención del ser humano.
Esto deriva a su vez en una gran facilidad para el aprendizaje, y si es mediante el refuerzo positivo, mucho mejor. Un buen refuerzo es presentarle retos y premiarle por alcanzar las soluciones apropiadas. Otro factor a su favor es que cuando un San Bernardo aprende algo, lo retiene con gran facilidad y no lo olvidará nunca. Son perros con una memoria extraordinaria, lo que favorece y agiliza en gran manera el aprendizaje. Si suma experiencias y aprendizaje, nuestro perro podrá convertirse en un perfecto perro de terapia, de salvamento, de asistencia…
A pesar de su gran fortaleza física, el San Bernardo es un perro dócil y no se hace necesario inculcar una férrea disciplina con él. En cambio, una dinámica de trabajo ayudará a estrechar lazos afectivos con su familia. Si el perro trabaja con su dueño, se sentirá más unido a él y esto favorecerá en gran medida una convivencia armoniosa.
Este trabajo lo podemos enfocar a los aspectos más relevantes en el día a día con nuestro pequeño gran moloso. Así, orientaremos el adiestramiento a aspectos muy útiles, como un manejo sencillo de esos 85 kilos de perro durante el paseo. A pesar de que la raza se caracteriza por ser tranquila y equilibrada, no está de más enseñar al perro a responder a una orden de “quieto” o a sentarse a la orden. También será necesario evitar a toda costa que el perro, desde cachorro, salude a cualquier persona subiendo sus patas delanteras en ella, ya que un “empujón” de uno de estos grandullones puede tirar al suelo a cualquiera de nosotros.
Por lo demás, tendremos en casa un perro que es feliz ofreciendo compañía, dando cariño, cuidando de nosotros y velando por todos los miembros de la familia.