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Hemeroteca :: Edición del 01/04/2012 | Salir de la hemeroteca

Bulldog Francés

Bulldog Francés
Resulta sorprendente que perro de entre ocho y catorce kilos encierre tanto dentro de un cuerpo de un tamaño tan contenido. Este pequeño molosoide, descendiente de los antiguos perros molosos de Epiro y llevados a todo el continente Europeo por el Imperio Romano, nació como solución a la demanda de perros de pelea pequeños. En la actualidad, nada queda de ese origen beligerante en el pequeño Bulldog Francés o “Frenchie” como también se le conoce. Es sociable en todos los aspectos que la palabra encierra, además de muy juguetón y cariñoso al máximo con los miembros de su familia. Un pequeño tesoro canino a nuestro alcance.
Orígenes de la raza
Texto: Nuria Barrios (D’ Elba de Lope)

Los orígenes del Bulldog Francés, como los de tantas otras razas, son inciertos, ya que no hay datos exactos ni los hechos pueden ser contrastados. Sólo disponemos de teorías, algunas con más fundamento que otras, y todo parece indicar que se trata del descendiente de un pequeño moloso de presa, cuyos parientes más cercanos proceden de las razas tipo Mastiff, el cual, y como sucede con todos los dogos, encuentra su origen en el Imperio Romano y los tiempos de la antigua Grecia, concretamente de la región de Epiro.

Todos los molosos, y no sólo los de presa, estaban repartidos por varios continentes y viajaban acompañando a los marineros, incluso con la finalidad muchas veces de guardar estos navíos una vez que llegaban a puerto. Estos ejemplares acabaron cruzándose con los originarios de la zona.

Lo que todo indica es que el Bulldog Francés es descendiente directo de su homónimo inglés, y si nos remontamos al antiguo, muy antiguo pasado intentando esclarecer sus orígenes y siempre mezclando los hechos más o menos contrastados con suposiciones o teorías, llegamos a determinar que sus orígenes se podrían dividir en tres etapas.

TRES ETAPAS EN SUS ORÍGENES
Nos referiríamos a la primera con la entrada de los ejemplares molosos de Asiria en las Islas Británicas. Estos eran ejemplares de Mastiff traídos por los Bárbaros. De hecho, los romanos fueron los primeros en probar la casta de los enormes molosos británicos, “los Pugnace Britannicii”, que eran utilizados en la batalla contra el enemigo invasor y de quienes sus historiadores ya dejaron escritos haciendo referencia a su bravura.

Para llegar a la segunda etapa, y siempre en Inglaterra, nos remontamos a la Edad Media. Se instala un deporte, el llamado “bull-baiting”, que consistía en el ataque de uno o varios perros a un toro que previamente se había atado a una cadena. Se trataba de grandes Mastiff cuyos dueños eran nobles que cazaban con ellos.

En 1272 se instauran las llamadas “Leyes de Bosque”, permitiendo tener únicamente perros de gran tamaño a la nobleza por poder responsabilizarse de lo que hiciesen y poder mantenerlos convenientemente, y sancionando duramente a quien no perteneciera a “tal condición” y fuera visto en posesión de uno de estos ejemplares. Es entonces cuando aparece la “picaresca del pueblo” y origina lo que se convirtió, quizás, en el primer paso hacia el Bulldog Inglés. Un perro de patas más cortas y, por lo tanto, de menor tamaño. Nos encontramos, pues, ante el primer eslabón de lo que después se perfilaría como el antepasado del Bulldog Francés.

Estos perros desempeñaron extraordinariamente su función. De ahí su nombre “bull” que en inglés significa “toro”. Ejemplares con mucha destreza y valentía para enfrentarse a un animal mucho más grande y poderoso que ellos, con mandíbulas muy potentes y con un prognatismo inferior y nariz atrás para poder respirar al tiempo que mantenía su presa agarrada.

Buenos ejemplares tuvieron un lugar privilegiado en las familias humildes, ya que era mucho el dinero que circulaba en torno a estas peleas y en muchas ocasiones la familia vivía prácticamente de los ingresos que el perro generaba.

Estas peleas gozaron de gran popularidad durante la alta y la baja Edad Media, incluso hasta mucho tiempo después, hasta que en 1835 fueron prohibidas.

Fue esta prohibición la que conllevó un declive de la raza y a mediados del siglo XIX estuvo a punto de desaparecer, ya que por aquel entonces prácticamente nadie quería un perro de lucha como animal de compañía, con el añadido de que no producía ingresos como antaño a sus propietarios, sino que, por el contrario, suponía un gasto.

Así pues, se reducen nuevamente de tamaño dando lugar a los llamados “toy-bulldog” el bulldog de juguete. Los artífices de ello fueron los obreros que vivían en casas de reducido tamaño y que se habían acostumbrado a tener un perro. Algunos, agradecidos aún por los ingresos que un día les proporcionaron, que se negaban a desprenderse de ellos.

DESARROLLO EN FRANCIA
Y fueron estos obreros de la industria textil del encaje, mayoritariamente de Nottingham, quienes, sacudidos por la crisis económica de los años 1848 a 1860, emigraron a Francia, muchos de ellos instalándose en la región de Calais y llevándose consigo a sus pequeños bulldogs con ellos. Como siempre, ligados a sus dueños de clase humilde como los trabajadores de las fábricas, los artesanos o comerciantes. Bulldogs que, además de su reducido tamaño, tenían ya sus orejas en forma de conchas, y que continuaron siéndoles útiles como perros de compañía, en peleas de perros y como controladores de plagas de roedores de las casas y talleres. Más tarde llegó el éxito a París, en el barrio del mercado de abastos Des Halles.

Este pequeño bulldog, cruzado con los “terrier-boules”, Carlinos y pequeños molosos, dio lugar al Bulldog Francés como lo conocemos. Se dejó atrás al perro de pelea, se le acortó el hocico, la frente pasó a ser más plana, con los ojos grandes y separados, un cuerpo ancho y bajo y, sobre todo, unas orejas erguidas y hacia adelante, característica esta última que se convirtió en la más distintiva de la raza. Orejas de murciélago que desde un primer momento fueron cortadas, pero que luego se dejaron tal cual, dando a su cabeza esa apariencia que la hace inconfundible.

Todos estos rasgos morfológicos, unidos a su carácter encantador, contribuyeron que muy pronto se hubiera ganado su sitio como mascota en el París humilde de la época. Comerciantes, artesanos, cocheros, vendedores ambulantes, incluso agentes de policía lo adoptaron como mascota, sin olvidarnos de las chicas de alterne, que incluso los tenían en sus cuartos durmiendo con ellas en pequeños cestos y ataviados con collares de plumas, quizás como muestra de excentricidad.

Pronto los vieron también como los perros de compañía de los bohemios, pintores, artistas de la noche parisina y bufones de la época, que los incluían en sus obras teatrales. Esto consiguió que poco a poco pasasen a ser conocidos y obtuvieran un sitio también entre la nobleza.

Artistas del París de la época hacían referencias a este perro, como la novelista Colette, que lo incluyó en su obra “Dialogues de bêtes” (diálogos de animales, 1904). Henri de Toulouse-Lautrec, pintor y cartelista de fama mundial le hizo aparecer en su cuadro “le Marchand de marrons”, de 1897. La cantante y actriz Mistinguett y el escritor Pierre Mac Orland entre otros, contribuyeron también a la divulgación de la raza.

Famosos también entre la Nobleza europea que poseían ejemplares de esta raza fueron Eduardo VII, con su perro “Peter”, del que se dice que lo atendía personalmente y se encargaba de todos sus cuidados, acompañando a su amo en los viajes que éste hacía al extranjero; la familia imperial rusa, cuyo perro “Ortino” era el fiel compañero de la gran duquesa Tatiana Nikoláyevna, asesinada por los bolcheviques en 1918 y cuyos restos aparecieron o junto a los de su perro cuando fueron exhumados después de la caída del régimen soviético.

Otros nobles, como los Yusúpov de San Petersburgo, amigos íntimos de la familia imperial rusa y poseedores de una enorme fortuna, contaron también con un elevado número de ejemplares de Bulldog Francés.

No es de extrañar pues, que la raza se hubiera hecho un lugar por méritos propios y su popularidad fuese ya indiscutible. Raza a la cual todo el mundo atribuía un origen típicamente Parisino, como así ha sido y se le ha reconocido.

Su gran expansión comenzó en 1880, cuando se crea el Club de amigos del Bulldog Francés, un Club formado por una cincuentena de amantes y criadores de París que se reunían semanalmente para tratar de desarrollar la raza. En 1885 se abre el primer registro de la raza con carácter provisional. En 1887 participa por primera vez como raza en una exposición oficial. Un año después se elaboran los Estatutos del Club a iniciativa de Marcel Roger, quien fue un gran amante de la raza y el primer presidente del Club. Sin embargo, no fue hasta 1898 cuando la “Société Centrale Canine Française” reconoció la raza. El estándar fue modificado en 1931, 1932 y 1948, reformulado en 1986 por H. F. Réant y R. Triquet (publicado por la FCI en 1987) y posteriormente en 1994 por el Comité del Club de Bulldog Francés, con la colaboración de R. Triquet.

Más tarde con la Primera y Segunda Guerra Mundial, la raza se vio nuevamente perjudicada, ya que se perdió un gran número de ejemplares y la cría se vio detenida durante las mismas. No consiguió nuevamente destacar hasta 1980, y su éxito definitivo llegó a partir de 1990 aunque aquí, en España, tardó un poco más en conocerse ampliamente y llegar a los niveles de popularidad de los que hoy disfruta. Popularidad que siempre he dicho, y de hecho he reflejado en otros artículos ya publicados, que nos ha traído cosas buenas y muy positivas para la raza, pero también cosas malas. Y de las malas, las peores que podíamos desear para la raza y para cualquiera que ame a los perros, sean de la raza que sean. ¿Qué precio ha pagado la raza por este “boom” de popularidad y demanda?

PELIGROS PARA LA RAZA
La gran popularidad que ha experimentado la raza en estos últimos años ha dado origen a una gran demanda y esto ha ocasionado que se hayan incrementado las importaciones de cachorros, principalmente de las llamadas “granjas” de los países del este, abasteciendo mayoristas, tiendas y revendedores sin escrúpulos que, a su vez, muchas veces se hacen pasar también por criadores. Se ha llenado el mercado de perros cuyos progenitores no han sido seleccionados en base a su calidad genética, ni morfológica, sino seleccionados tan sólo en base a su productividad y rentabilidad económica. Finalidad: conseguir el mayor número de cachorros y eliminar el mayor riesgo y complejidad en la cría. No olvidemos que la gran mayoría de Bulldog Francés nace por cesárea. En estas granjas, no. No interesan porque no les sería rentable la cría. Hembras hormonadas para adelantarles el celo y acortar el período entre cría y cría sin hacerles descansar y explotadas al máximo durante su vida fértil, de gran tamaño, pasadas de talla, sin apariencia de moloso, muy ágiles, con caña nasal larga, entre otras características seleccionadas. En definitiva, alejadas totalmente del estándar de la raza. Con el agravante de que hoy en día, y debido a la crisis actual, los costos en todo lo que rodea este negocio se reducen aún más para poder ofrecer cachorros a precios más bajos y competitivos, y las aberraciones que ello conlleva en esta cría aún son mayores. Tanto ha sido así, que hoy, desgraciadamente, nos encontramos con un gran número de ejemplares que pasean por nuestras calles y que son un mal referente de lo que es la raza. Perros que a veces se nos hace muy difícil distinguirlos como ejemplares de Bulldog Francés, y otras muchas le vemos un cierto parecido al fenotipo de la raza. Eso, sin entrar a profundizar en lo más triste de todo esto, y es que para que algunos hayan conseguido un hogar y puedan disfrutar del cariño de una familia y de una vida buena y placentera, otros muchos como ellos no lo habrán conseguido, y se habrán quedado en el camino, debido a las malas condiciones y en las circunstancias en que son criados en los países de origen y transportados luego hasta llegar a sus países de destino. Pésimas condiciones de los progenitores y los cachorros, cientos de bajas, y para los que al final lo consiguen, muchísimas veces un gran gasto en veterinarios por parte de sus dueños, además de lo que ya se ha pagado por ellos, aquejados otros muchos de problemas congénitos y de patologías físicas y mentales. En definitiva, uno de los mayores cánceres que sufrimos y que, desgraciadamente, en nuestro país no se ataja como en otros países de Europa, cuyas importaciones de estos países ya están prohibidas.

LO POSITIVO
Pero este auge al que aludíamos también ha traído cosas positivas, ya que anteriormente al “boom” de la raza, los criadores y amantes de la misma trabajábamos con las líneas que teníamos en nuestro país y poco más se hacía o se podía hacer, pues incluso la raza era muy desconocida para la gran mayoría. De hecho, si fuéramos autocríticos y volviésemos a juzgar a algunos de los campeones de España de años atrás, hoy sería impensable ni tan siquiera que estuvieran entre los primeros puestos debido al cambio que ha experimentado la raza y con el nivel que ha adquirido últimamente en nuestro país.

Fue este auge el que nos hizo empezar a mirar a nuestros vecinos de Europa: Francia, Holanda, Bélgica…, entre otros, con una gran trayectoria en la raza y que tanta ventaja nos llevaban, y empezar a movernos llevando a cabo importaciones e intentando mejorar. Muchos criadores me consta que se preocuparon y empezaron a trabajar de una manera muy seria y haciendo las cosas lo mejor posible. Otros ya habían empezado años antes y seguían en el buen camino. El resultado es que hoy tenemos un nivel en los rings muy alto y que expositores-criadores españoles están compitiendo en los rings europeos y a nivel mundial y cosechando éxitos. Y no sólo eso, sino que algunos de nosotros, entre los que me incluyo, hemos exportado perros de nuestro afijo a criadores de Europa del máximo nivel reconocidos por su trayectoria a nivel internacional, y que los están utilizando como base de cría en sus kennels, e incluso algunos hemos logrado tener campeones de nuestro afijo en el extranjero o nuestros perros tienen un gran palmarés de primeros puestos en exposiciones de su país.

Hemos pasado de que criadores muy reconocidos europeos fueran reacios a vendernos perros de una cierta calidad a exportar nosotros perros a Europa y otras partes del mundo. Siendo incluso ahora, referentes de otros países con menor trayectoria en la raza.

UNA MIRADA AL FUTURO
Nos podemos sentir satisfechos y orgullosos, pero todo esto nos debe hacer ser cautos también y pensar que vamos en el buen camino, pero que debemos mejorar e intentar igualar a nuestros vecinos europeos en muchas cosas que tanta ventaja nos llevan, y no caer en el orgullo del que se cree que todo lo sabe y nada le queda por aprender, sino todo lo contrario. Tenemos que erradicar problemas y seguir trabajando humildemente mejorando día a día.

No nos podemos olvidar que se trata de una raza que, por sus características intrínsecas, tiene unas dificultades añadidas en la cría: cabeza muy braquicéfala y una estructura brevilínea concentrada en ese pequeño cuerpo de moloso. Todo ello, además, influyen en que la raza tenga una predisposición a ciertas dolencias, teniendo que ser el trabajo del criador y el enfoque de la cría tratados con el máximo rigor y, por supuesto, de una manera totalmente selectiva, seria y responsable, pero sin caer en una selección radical enfocada tan sólo a un ring, a fijar una determinada línea que satisfaga el ego del criador o su reconocimiento a modo de títulos o campeonatos. Criar ejemplares bellos y armoniosos en su conjunto, con la máxima tipicidad y, ante todo y sobre todo, sanos y equilibrados. Un trabajo nada fácil, pero que deberíamos fijarnos todos los que amamos la raza. Trabajar por y para la raza.
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