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Hemeroteca :: Edición del 01/06/2012 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 21/05/2012@09:16:16 GMT+1
José Enrique Zaldívar (Clínica Veterinaria Colores)

Resulta imposible dar cabida en este artículo a todas las patologías que pueden afectar a los ojos de nuestros perros de forma directa o indirecta, así que me dedicaré a hacer una descripción de las más comunes.
Son muchas las enfermedades de los ojos que pueden ser diagnosticadas y tratadas en la mayoría de las clínicas veterinarias, pero también es evidente que para la realización de otras pruebas más complejas, serán necesarios una serie de medios tecnológicos y de una preparación académica con los que no contamos y no tenemos la mayoría de los veterinarios, por lo que, ante la presencia de una patología ocular que no podamos diagnosticar sin hacer uso de la tecnología mencionada, se hará necesario remitir el caso a veterinarios especialistas en oftalmología.

PÁRPADOS
Las enfermedades de los párpados son relativamente frecuentes en la clínica diaria. Pueden tener carácter hereditario o congénito (incluyen las enfermedades anatómicas), enfermedades inflamatorias, neoplasias y traumatismos. Entre las primeras, se encuentran la “agenesia parpebral”, que es un desarrollo incompleto de los párpados. Se presenta de forma esporádica en el perro y provoca queratitis por la mala distribución de la película lagrimal. Su tratamiento es quirúrgico y la técnica a emplear dependerá de la gravedad de la agenesia, también llamada “coloboma atípico”.

El “anquiloblefarón” es la adhesión de los márgenes parpebrales superior e inferior. En condiciones normales, la apertura o separación de los párpados se produce entre los 10 y 15 días de vida. La consecuencia del anquiloblefarón será la presencia de infecciones que pueden desembocar en complicaciones conjuntivales y corneales e incluso perforación de córnea.

El “entropión” es la inversión de una parte o totalidad de los párpados hacia el globo ocular. Puede ser anatómico (congénito) y adquirido (espástico o no espástico).

El “ectropión” es la eversión del margen parpebral inferior hacia fuera. Puede ser congénito o adquirido.

La “distiquiasis” se produce por la aparición de pelos que, de ser rígidos y duros, pueden provocar irritación de la cornea llegando a producir queratitis y ulceración corneal. Puede ser unilateral o bilateral y afectar al párpado superior y/o inferior.

La “triquiasis” se produce por el crecimiento de las pestañas e incluso de pelos hacía la córnea. Normalmente, el recorte de las mismas suele ser suficiente para solucionar el problema.

Entre las enfermedades inflamatorias podemos nombrar el “orzuelo” y el “chalazión”. El orzuelo es la inflamación de la glándula de Meibomio que se asocia a infecciones y es bastante dolorosa. El chalazión es un proceso que se produce por acúmulo de las secreciones de las glándulas tarsales y que se manifiesta por la aparición de una masa amarillenta por debajo de la conjuntiva del párpado.

La “blefaritis” es una alteración que afecta al párpado: alopecia, eritema, pápulas, nódulos, pústulas y despigmentación. Luego, podrán aparecer escamas, úlceras, erosiones y costras. Estas lesiones podrán ser propias de los párpados o ser consecuencia de la sintomatología de otras enfermedades: sarnas, celulitis, dermatosis alérgicas, leishmaniosis, micosis, lupus, pénfigo, enfermedades endocrinas…

APARATO LAGRIMAL
La afectación del aparato lagrimal del ojo, del que depende su lubrificación, puede dar lugar a enfermedades graves: ojo seco y epifora. El ojo seco abarca una serie de manifestaciones clínicas que tienen su origen en una disminución de la secreción lagrimal lo que va a conducir a una deshidratación con hipoxia de la cornea que junto a la irritación por el parpadeo y la proliferación de gérmenes provocará Queratoconjuntivitis Seca, que suele ser más severa en aquella razas con exoftalmia (ojos saltones). La cornea se seca, perderá el brillo y podrá producirse la ulceración de la misma con la presencia de exudados mucosos o mucopurulentos.

La epifora se define como la incapacidad del sistema nasolagrimal para eliminar el volumen de lágrima producido, que desbordará el saco conjuntival y la hará resbalar hacía la cara del animal. Puede ser debida a un exceso de producción de lágrima o la incompetencia de drenaje por parte del sistema nasolagrimal. En el primer caso, habrá que intentar identificar la causa de ese exceso, y en el segundo, ver si se trata de un problema congénito (aparecerá a los pocos meses de edad del perro) o si es adquirido.

La “dacriocistitis” es la inflamación del saco lagrimal, por el acúmulo de detritus o por la acción de cuerpos extraños que provocarán una infección oportunista de la mucosa que, al inflamarse, provoca la oclusión de la luz del saco.

LA CÓRNEA
A nivel de córnea, nos podemos encontrar diversas patologías, tanto congénitas como adquiridas. Entre las primeras, voy a nombrar Microcórnea, megalocórnea, quiste dermoide y opacidad corneal. Entre las segundas, queratitis ulcerativa, pigmentaria, superficial crónica inmunomediada, micóticas, neurológicas, herpética, y eosinofílica.

Entre las enfermedades de la úvea (túnica media del ojo) que está formada por el iris, los cuerpos ciliares y la coroides, nombraré la aniridia, heterocromia iridiana, coloboma iridiano, persistencia de la membrana pupilar, quistes de iris y enfermedad del ojo del Colley, todas ellas congénitas.

La más común de todas es la uveítis, que son inflamaciones de la parte anterior, posterior o intermedia de la uvea del ojo. Las causas de estos procesos son enfermedades víricas (moquillo…), bacterianas (leptospirosis…), parasitarias (leishmaniosis…), traumatismos, tumores o procesos inmunológicos.

EL CRISTALINO
Y, para terminar, me referiré a las patologías que afectan al cristalino y que pueden ser congénitas: afaquia (ausencia del cristalino), microfaquia (cristalino pequeño), catarata capsular, coloboma, cataratas congénitas, cataratas juveniles, cataratas hereditarias) o adquiridas: cataratas. De entre todas ellas las que os sonarán más son las cataratas, que es la opacidad del cristalino. Dentro de éstas, las juveniles se suelen desarrollar antes de los seis años. Las cataratas adquiridas son las seniles (la mayoría de los perros se ven afectados por ellas, su evolución es lenta y conducen a la ceguera), traumáticas (traumatismos sobre el globo ocular), secundarias a enfermedades que dañan la nutrición del cristalino como la atrofia progresiva de la retina, metabólicas (diabetes
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