Última actualización 20/06/2012@08:46:57 GMT+1
Texto: Patricia Lozano Foto: François Nicaise
Un estudio internacional liderado por el organismo español, trata de desentrañar un misterio que la ciencia aún no ha conseguido explicar. Sin embargo, el primer descubrimiento surgido de esta investigación, lejos de proporcionarnos alguna respuesta, plantea nuevas dudas que, de momento, no tienen solución.
A pesar de que nos acompaña desde hace miles de años, el origen del perro y su rápida adaptación genética siguen siendo enigmas para los que la comunidad científica no tiene explicación. Aún así, los investigadores siguen buscando respuestas y, a través de un estudio internacional comandado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), han tratado de esclarecer los mecanismos moleculares que estuvieron implicados en el proceso de domesticación del lobo y, por lo tanto, en la aparición del perro. Pero nuestros amigos no parecen muy dispuestos a dejarnos llegar más allá.
Y es que, tras secuenciar el gen Prdm9 –responsable de la diversidad genética- en lobos, coyotes y perros, el equipo de trabajo ha descubierto que se encuentra inactivo en estas tres especies de cánidos.
El estudio se engloba dentro de una línea de investigación más amplia que pretende aclarar los mecanismos moleculares responsables de la diversidad morfológica, comportamental y fisiológica, es decir, fenotípica, de los organismos. El equipo de trabajo decidió tomar al perro como modelo ya que es la especie de vertebrado que posee la mayor diversidad fenotípica y, además, permite la comparación con el lobo, del que deriva. La explicación, tal y como comenta Violeta Muñoz, investigadora del CSIC, es sencilla: “Para ver las diferencias fenotípicas que presentan los perros es suficiente con comparar un Chihuahua con un San Bernardo o un Shar Pei con un Schnauzer, por ejemplo”.
¿Qué importancia tiene el Prdm9?
Este gen es imprescindible para una correcta recombinación genética, es decir, para que la formación de gametos se produzca sin errores. En los humanos el Prdm9 tiene una influencia decisiva en la mutabilidad del ADN y es el que consigue que las nuevas generaciones sean diferentes de las anteriores. El gen produce una proteína que se liga al ADN y que activa lo que Alec Jeffreys, profesor de la Universidad de Leicester (Reino Unido), denomina “puntos calientes de la evolución” o “minisatélites” que no son más que las secciones de ADN que poseen niveles de variación genética mucho mayores que otras partes del genoma. En cada generación, nuestra composición genética se mezcla mediante un proceso de recombinación lo que convierte a este último en un motor fundamental de la diversidad genética. Además, cada persona posee una versión diferente del Prdm9 lo que produce procesos de recombinación muy distintos.
¿Cuándo dejó de funcionar?
Dado que el gen Prdm9 se encuentra inactivo en lobos, perros y coyotes, la conclusión obvia es que su inactividad tuvo que producirse antes de la separación entre lobos y coyotes en la línea evolutiva, es decir, mucho antes de que se produjese la domesticación de los lobos. Así lo explica Violeta Muñoz, investigadora del CSIC: “Durante la investigación observamos una serie de mutaciones que hacen que este gen esté inactivo. Al ver que las modificaciones genéticas eran compartidas por perros y lobos pudimos establecer que el Prdm9 no dejó de funcionar durante la domesticación ni después de ella, cuando el perro derivó del lobo, sino antes de la separación de las dos especies. Y al ver que las mutaciones también están presentes en el coyote, pudimos determinar que el gen dejó de funcionar con anterioridad, antes de la divergencia entre lobos y coyotes”.
Inactivo en otros animales
Sin embargo, a pesar de la importancia de este gen, se sabe que otras especies también carecen de él. Así, las aves, los anfibios, los reptiles o las moscas, tampoco cuentan con el Prdm9. Pero, ¿y el resto de cánidos? Violeta Muñoz explica que “el gen que estudiamos interviene en la formación de nuevas combinaciones de caracteres y, además, secuenciamos la parte que parece estar implicada en esta función” y dado que su inactividad se produce en perros, lobos y coyotes, “sería interesante determinar si es algo inherente a la familia de los cánidos”.
Una vez más, nuestros mejores amigos han conseguido burlar a la ciencia para seguir conservando el misterio sobre su origen. Puede que intuyan que esta es una de las cosas que los hace tan especiales a ojos de los humanos pero este nuevo descubrimiento que ahora parece alejarnos aún más de conseguir una explicación plausible, podría ser el catalizador de nuevas investigaciones que no lleven al fondo del asunto.