Última actualización 20/06/2012@09:01:32 GMT+1
Texto: Nacho Sierra (Terapeuta de conducta del Hospital Veterinario Mediterráneo de Madrid) www.nachosierra.es
A los perros no les gusta la soledad, muchos de ellos terminan acostumbrándose a esta sensación, pero los que no lo hacen terminan con ansiedad e incluso llegan a tener episodios de estrés. Para ayudar a que esto no se produzca existen diferentes formas y sistemas que pueden ayudar a que el perro aprenda a saber estar solo.
EL PERRO ES PRINCIPALMENTE UN ANIMAL SOCIAL
El perro es un cánido que procede de lobos hoy extinguidos, su vida social está jerarquizada y adaptada a la vida en grupo o manada. Al desaparecer dicho grupo el animal se desestabiliza y puede padecer de episodios de stress o ansiedad.
Cuando un cachorro llega por primera vez a la nueva familia puede sufrir también esta sensación, que generalmente se produce en ejemplares con bajo nivel de sensibilidad y baja resistencia a la frustración, esto es lo que se suele llamar (estado de ansiedad por soledad). Por esta causa pueden aparecer conductas compulsivas derivadas, como destrucción, micción, ladridos, desorden de la conducta, conductas estereotipadas, etc...
No debemos confundir la ansiedad por soledad de la ansiedad por separación, ya que esta última se produce cuando desaparece el elemento troquel: su madre, su hermano o una determinada persona, aunque el animal pudiera estar acompañado de otros miembros familiares. En la ansiedad por soledad surge cuando el animal permanece solo desaparece cuando el animal está acompañado por alguien, no es necesario la presencia del elemento troquel. En cualquier caso el tratamiento conductual para solucionar ambos estados es el mismo.
Los cachorros que han sido destetados y apartados de sus hermanos prematuramente (antes de las ocho semanas de vida) pueden padecer de este trastorno con más facilidad que los cachorros cuyo periodo de “imprinting” ha sido correcto, es decir, han estado con su madre y hermanos de camada hasta dicha edad.
Para que esto no ocurra hay que acostumbrarlos a que puedan aprender a quedarse solos y así no generaremos una actitud excesivamente dependiente con nosotros. Acostumbrar al perro a la soledad es algo necesario desde que es cachorro, ya que vivirá probablemente en el seno de un grupo (humano) donde en muchas ocasiones se verá forzado a esta situación.
Habituarle al trasportín nos podrá ser de mucha ayuda, ya que provocará a la larga la sensación de relax del denominado “efecto madriguera” y creará una dependencia muy útil hacia este habitáculo. Llegado el momento de dejarlo solo en casa, en el coche, barco o avión el animal encontrará a larga en su “trasportín” el efecto relajante necesario.
Todo esto hace que las repercusiones derivadas de la ansiedad no se transformen en ladridos o aullidos compulsivos, en destrucción o en aumento de las micciones no deseadas.
Para acostumbrarlo al trasportín, los primeros días procederemos a encerrarlo unos 20 minutos y poco a poco iremos aumentando el tiempo de permanencia hasta llegar a unas cuantas horas. El animal deberá estar bien comido, bebido y deberá haber hecho sus necesidades previamente. En el momento de abrirle la puerta del trasportín es muy importante que el perro esté tranquilo y no se encuentre ladrando o rascando la puerta, debemos esperar a que el animal se tranquilice cueste lo que cueste.
Hay gente que se pregunta, si utilizando este sistema los perros pueden padecer de claustrofobia. No debemos humanizar la conducta y pensar en el efecto claustrofóbico de estar encerrado en una caja, ya que esta sensación mental es puramente humana.
Un perro solo puede adquirir claustrofobia si sufre de un shock emocional estando dentro del trasportín: efecto calor, humo, incendio, accidente etcétera. Los humanos somos capaces de tener una representación mental del encerramiento, y sentirnos agobiados sin haber padecido antes una experiencia negativa, pero los perros no pueden representarse estos conceptos.
Enseñarles a solucionar sus momentos de estrés es condición indispensable para que nuestros perros no se conviertan en animales súper-dependientes de nosotros. Por ejemplo, cuando no se atreven a bajar por unas escaleras, pasar por un determinado lugar o cuando se han hecho un daño leve, no debemos atenderlos y darles la solución o “salvarles del estrés” sino que deben ser ellos los que deben aprender a solucionar estas situaciones por si solos.
El estrés no es un problema, el problema es no saber salir de él. Por esto es recomendable enseñarles desde pequeños cual es su “ángel de la guarda “o “efecto madriguera”.