Por Nacho Sierra (Terapeuta de conducta del Hospital Veterinario Mediterráneo de Madrid). www.nachosierra.es
Última actualización 17/07/2012@12:25:13 GMT+1
El hecho de que un perro tire de la correa cuando le paseamos siempre es consecuencia de un comportamiento que fue permitido en su primer momento. La acción de tirar que tiene cada perro cuenta con un nivel de impulso determinado y condicionado por su grado de actividad, vigor, temperamento, fuerza del instinto y, por supuesto, por el tamaño, peso y fuerza del animal. El perro tiene una marcha más rápida que la del ser humano y es normal que además el animal intente marcar la dirección del paseo en función de los olores que se va encontrando en el camino.
Desde el primer paseo deberá aprender que tirar no es la forma de poder avanzar y que tan sólo se llega al lugar deseado sin tirar ni empujar. Nosotros marcaremos la dirección, la colocación e impediremos los molestos círculos que obligan a cambiar de mano la correa a través de bloqueos con nuestras propias piernas. Si son machos, no dejaremos que se dirijan a levantar la pata hacia determinado árbol tirando, seremos nosotros lo que le llevaremos a él cuando no tira. En ocasiones, este entrenamiento por omisión nos puede ayudar, avanzaremos cuando no tire y nos pararemos impidiéndole avanzar cuando tire. En función del tipo de perro, elegiremos un collar u otro. Los cachorros a partir de los cinco o seis meses, y sobre todo los de tamaño mediano y grande, deben aprender a caminar sin tirar. Llegada a la edad de los nueve meses, un perro pasa de ser cachorro a ser joven, aunque esto, como en los humanos, es tan sólo una cifra, ya que dependerá del desarrollo hormonal de cada individuo.
Lo importante sobre esta edad es valorar la conducta del perro en el paseo y ver si tenemos un animal más o menos controlado y no un animal que nos controle a nosotros.
Normalmente, existe una relación entre peso del animal y fuerza del dueño, y la corrección en positivo sirve sólo para los primeros paseos. Impedir la marcha del animal en los momentos de tirar produce escasos resultados en perros adultos, temperamentales y mal habituados. Al final será el refuerzo negativo el único sistema que puede educar y reeducar al perro a caminar a una determinada velocidad y no tirar hacia donde él desea.
Es decir, para el perro la conducta de ir tirando le debe resultar lo suficientemente molesta para dejar de hacerlo y nunca le debe llevar a conseguir el objetivo: un árbol o planta, un balón, un perro o una persona…