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El perro en el parque

Foto: Oliver Casanova Llanera.
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Foto: Oliver Casanova Llanera.

Texto: Benigno Paz (Educador canino e instructor de movilidad de perros guía-GDBA, Inglaterra).

La primavera nos ha traído una agradable subida de las temperaturas y, además, los días se han hecho más largos. Apetece mucho más salir a dar una vuelta con nuestro perro después de la larga jornada laboral. En el parque comienzan a hacerse los grupos, por coincidencia de hora o por preferencias de sus amos (grupos de edades o aficiones). Sin duda, es una excelente ocasión para relajarse y observar el comportamiento y la comunicación entre los perros.

Sus carreras, sus seudopeleas y persecuciones de polis y cacos, sus forcejeos por retener la posesión de objetos sin valor alguno, pero que en ese preciso instante parecen la llave del futuro de la especie, sus incitaciones y complejas puestas en escena de la espontánea coreografía canina, hacen las delicias de los propietarios.

Es importante que seamos capaces de identificar cuándo se lo están pasando en grande para evitar intervenir de forma precipitada, así como diferenciar que toda la artillería que oímos (ladridos, gruñidos, carreras y otras lindezas) no son más que ruido de fogueo que no tiene intención de hacer daño alguno. Si nos paramos a observar en detalle, posiblemente nos entre la risa al ver sus exagerados movimientos, arrugando todo el hocico y enseñando todos los “piños”, acompañado de “gorgoritos”. Realmente relajante, divertido y cómico.

Foto: Alfonso Sánchez García.

SUPERVISAR SUS JUEGOS

No obstante, no deberíamos desconectar por completo de lo que ocurre entre ellos. Cada propietario debería supervisar a su perro y no despreocuparse (“entre ellos lo resuelven”), ya que la espiral de juego crece y crece hasta que pierden el control y la cosa termina en un enfrentamiento serio (más o menos como con los niños chicos que “al final terminan llorando”). Deberemos prestar especial atención cuando tengamos en el grupo un cachorrillo, un perro de tamaño pequeño o un perro de avanzada edad (que soporta peor los impetuosos juegos de la juventud). Cada edad y cada tamaño requieren su grupo específico. En el momento en que veamos que los niveles de excitabilidad de alguno de los participantes es excesiva y está provocando disputas de mayor intensidad, debemos pararlo, debemos intervenir, hacer un alto en la actividad, interponernos a modo de barrera entre los perros que se muestran más activos. Otra opción es ponerles la correa y mantenerlos a nuestro lado durante unos minutos, para que se calmen y cambien su foco de atención y actividad.

TOMA DE CONTACTO

Si llegamos al parque y ya hay un grupo establecido con cinco o seis perros, deberíamos evitar acercarnos de forma directa, de lo contrario nos arriesgamos a que todo el grupo se abalance en tromba (a modo de banda juvenil) a investigar al recién llegado, sin reparar mucho en las formas, algo que puede realmente resultar traumático para nuestro perro que va de la correa, en especial si es un cachorro, un perro pequeño o muy sensible. Lo ideal, en ese mundo “perfecto” y de máximo respeto (por los perros y por los demás usuarios) sería que todos los presentes llamasen a sus perros y los sujetasen con la correa para luego realizar la presentación controlada e individual, que se establezca un período de “valoración”: los amos se acercan con sus perros de la correa, realizando un pequeño arco en su aproximación (es lo que marcan los cánones de la educación canina) para permitir que los perros se olisqueen y se conozcan. Es muy importante que en este primer encuentro pongamos todo de nuestra parte para facilitar que la experiencia sea agradable para nuestro perro. Para ello tendremos que prestar mucha atención al lenguaje corporal de los perros, realizar el arco de aproximación mencionado y mantener la correa sin tensión. Si ponemos tensión en la correa nuestro perro la percibirá en su cuello (el collar le apretará más y más, por la tensión que nosotros ponemos fruto de nuestra inseguridad y del interés de nuestro perro por acercarse lo antes posible) y terminará por asociar la presencia o proximidad de los otros perros con esa tensión y apretón en el cuello (algo no muy agradable).

Recordemos que ir al parque no tiene por qué significar el desmadre total, un momento sin normas. Por el contrario, es una excelente oportunidad para poner en práctica algunas órdenes de control y para reforzar algunos comportamientos aprendidos. La llamada, la respuesta a “sienta”, “quieto” y “deja”, realizados durante unos minutos en ese entorno con tantas distracciones, ayudará a mejorar nuestro control y a evitar que los niveles de excitabilidad le desboquen.

ALGUNOS OTROS ASPECTOS DE SENTIDO COMÚN

Si tenemos una perra que está comenzando el celo o lo ha pasado recientemente deberemos evitar el juego en grupo ya que es muy probable que los niveles de excitabilidad de los machos se disparen y se incrementen las disputas y la posibilidad de serios enfrentamientos. Lo mejor será que llevemos a la perra con una correa larga para permitirle olisquear relajadamente y que la saquemos en aquellos momentos del día en que pueda echar unas carreras ella sola (preferiblemente en un recinto cerrado).

Nos incorporaremos a grupos que tengan perros de un tamaño similar al nuestro. Si hay perros de tamaño grande (sobre todo Pastores, Border…), evitaremos incorporarnos con nuestro Yorkshire, que será el blanco de todas sus carreras y ejercicios de pastoreo.

Si estamos con nuestro perrillo y no nos gusta el tono que toma el juego, lo mejor que podemos hacer es ponerle la correa e irnos (el trauma de un ataque de un grupo de perros será mucho mayor).

Lo ideal sería que los parques diseñados para perros tuviesen varias áreas diferenciadas por tallas. Las lesiones de un enfrentamiento entre dos perros pequeños, aún siendo graves, podrán ser tratadas. Las lesiones de un perro de talla media o grande a un perro de talla pequeña pueden ser mortales y producidas de forma tan rápida que no nos dará tiempo ni a intervenir (y si lo hacemos correremos mucho riesgo). Así que lo mejor es prevenir.

Cuando estamos con un grupo de perros, cada uno “de su padre y de su madre”, que se encuentran muy esporádicamente, lo mejor es tomar la precaución de no utilizar juguetes, ni de incitarlos con juegos que puedan estimular la competición entre ellos. El lanzamiento de pelotas, platillos y otros objetos está desaconsejado, por supuesto, los palos y las piedras, aunque aparentemente muy económicos, hace tiempo que los hemos descartado de la categoría de juguetes a utilizar por los amos en su interacción con los perros. Otra cosa es que entre los perros se entretengan o se disputen algún objeto. En este caso lo permitiremos, pero estaremos muy pendientes para intervenir anticipando posibles disputas más serias. En caso de que pongamos a disposición de los perros juguetes, tendremos siempre la precaución de poner un juguete más que el número de perros. También tomaremos precauciones si deseamos utilizar comida para premiar a nuestro perro, deberemos hacerlo cuando está solo y no hay cinco bocas abiertas rodeando nuestra mano.

Los perros de raza de pastoreo pueden ser muy persistentes en su actitud de rodear y bloquear el camino a cualquiera que tenga la intención de divertirse, faltaría más, parece que su único objetivo es cortar cualquier iniciativa o tentativa de juego. Es posible que en alguna ocasión tengas que acudir para evitar que tu perro se vea avasallado. Si la situación persiste lo mejor es dar por terminada la diversión y volver a casa.

Si nuestro perro tiene antecedentes de agresividad hacia otros perros y tenemos dificultades para controlar sus niveles de excitabilidad, sería aconsejable hacerlo participar en grupos reducidos y con perros que conozca, preferiblemente con un bozal para que no pueda hacer daño a los demás. Deberemos estar muy atentos para anticipar el momento en que sus niveles de excitabilidad se descontrolan para pararlo y que no tenga la oportunidad de poner en práctica su comportamiento. Además, tendremos que plantearnos realizar un programa de modificación de comportamiento y mejorar sus nivel de obediencia.

DISFRUTAR DE LAS SALIDAS AL PARQUE

Tomando todas estas precauciones reduciremos considerablemente la posibilidad de que se produzca un altercado, no obstante, en ocasiones está idílica estampa se ve alterada por un enfrentamiento serio entre dos o más de los perros participantes y nos tocará intervenir para separarlos (sin que nos muerdan).

Llega la primavera, y no sólo a las grandes cadenas comerciales, así que lo mejor que podemos hacer es salir y disfrutar de ella con nuestros perros en los parques (sin olvidarnos de llevar siempre bolsas para recoger las heces, esa cuestión de higiene y de civismo, de moda).

Bibliografía

-El lenguaje de los perros: las señales de calma; Turid Rugaas.

-¿Qué puedo hacer cuando mi perro… tira de la correa?; Turid Rugaas.

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