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Más allá del lazo emocional que se establece entre un perro y su amo

Más allá del lazo emocional que se establece entre un perro y su amo
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Texto: Patricia Lozano.

Una mascota nos aporta alegría, nos hace compañía y nos ofrece su cariño incondicionalmente, pero muy pocas personas saben que la convivencia con un animal se convierte a su vez en una provechosa fuente de salud; cuidar de él hace que mejore nuestro estado físico y mental e, incluso, prolonga la vida.

Son muchos los estudios que han tratado de averiguar cuáles son los beneficios que aportan las mascotas al ser humano y, entre otras muchas conclusiones, se ha demostrado que al acariciarlos se reduce nuestra presión arterial y conseguimos un efecto relajante, lo que les convierte en toda una medicina contra el estrés. También ha quedado probado que la compañía de un perro es una gran ayuda en la recuperación de enfermedades, pues las personas que poseen un can superan más rápido un infarto o una intervención quirúrgica. Problemas como la timidez patológica, la agresividad, el síndrome de Down, el autismo o la parálisis cerebral son tratados con las llamadas Terapias Asistidas por Animales de Compañía (TAAC), que se emplean en Estados Unidos y Gran Bretaña desde hace más de veinte años con gran éxito.

Sin embargo, el primer registro documentado del uso de animales de compañía como medio terapéutico proviene de 1792, cuando en el asilo inglés de York se utilizaron estos animales para conseguir modificar de manera positiva el comportamiento de los internos. En España, su implantación es relativamente reciente, pero cada vez están siendo más consideradas, tanto por los especialistas como por los familiares de los pacientes.

El perro nos enseña
el verdadero valor de
conceptos como fidelidad,
honestidad y lealtad

PERRO: SOPORTE EMOCIONAL

La Asociación Americana de Hospitales para Animales publicó un estudio en 2003 en el que el 92 por 100 de las personas que se sometieron a la encuesta declaraban haber experimentado una mejora en su salud motivada por la relación con un animal de compañía. Mientras, el 76 por 100 aseguraba que su nivel de estrés había disminuido, 65 de cada 100 consideraban que su salud mental era mejor y el 31 por 100 había notado una mejora de su condición física gracias al ejercicio que realizaba con su mascota.

El soporte emocional en el que se convierte un perro hace que nuestra vida sea más placentera, lo que, sin duda, se traduce en un beneficio para nuestra salud. Su presencia nos hace sentir seguros y confiados, fomenta el contacto físico y la comunicación, pues los amos hablan con sus mascotas y, al hacerlo, se muestran tal y como son en una clara relación ventajosa: los perros nos aceptan sin reservas, no juzgan ni nuestra personalidad ni nuestro aspecto físico. Los cuidados que reclaman nos hacen sentir útiles, con lo que nuestra autoestima se eleva y, además, nos proporcionan incontables momentos de alegría, consiguen que riamos y juguemos, lo que contribuye a mejorar nuestro estado de ánimo. No menos importante es que nos obligan a hacer ejercicio al tener que acompañarles en sus paseos y, gracias a ellos, conseguimos establecer nuevos contactos sociales, pues siempre resulta muy fácil iniciar una conversación con un extraño cuando hay mascotas de por medio.

VALORES POSITIVOS

Para una familia, contar con un perro es altamente positivo.

El animal se incluye en las actividades cotidianas y también contribuye a que se ideen nuevos pasatiempos placenteros, lo que aporta una mejora en la comunicación y la afectividad y contribuye a aliviar las presiones entre sus miembros. Para los más pequeños, la convivencia con una mascota supone una ayuda inestimable para su crecimiento. Por ejemplo, cuando el niño empiece a gatear, podrá comprobar cómo el perro supone un incentivo para él. Aprenderá valores como el respeto a los animales y a la vida, tendrá una alta autoestima, puesto que siempre se sentirá aceptado y querido por el animal, lo que también le dará confianza en sí mismo, reforzada, además, por el hecho de que sus padres hayan confiado en él para cuidar de un animal. Asimismo, se expresará mejor emocionalmente y sabrá desarrollar sus habilidades sociales. Tener que cuidarlo y atenderlo ayudará a su madurez, pues le obligará a adquirir un compromiso que desarrollará su sentido de la responsabilidad y, al tener que comprender las necesidades de otro ser vivo, será más sensible y tolerante. El perro será un compañero de juegos ideal con el que el niño también sabrá aprender a poner límites y, a la vez, fomentará la comunicación con los padres, que deben hacerle comprender que su mascota no es un juguete y han de vigilarle y enseñarle con cuidado cómo tratarle.

Pero no sólo los más jóvenes obtienen beneficios de la compañía de un perro. Para las personas mayores puede ser un pilar fundamental, pues está demostrado que contribuye a aumentar su calidad de vida. Al llegar a la jubilación, muchas personas se sienten inútiles, sin embargo, al tener que atender a una mascota, este sentimiento desaparece. Los cuidados que exige hacen que se sientan necesitados de nuevo y, además, consiguen eliminar la sensación de soledad. La rutina de los paseos diarios consigue que el amo practique un ejercicio moderado que mejora el funcionamiento cardiovascular y evita otros muchos problemas como, por ejemplo, la rotura de caderas. No tener una actividad regular en la tercera edad provoca depresiones y el desmejoramiento de la salud; el perro obligará al amo a moverse y, con su compañía, el paseo será más placentero. Pasará a ser un amigo que conseguirá aumentar las ganas de vivir, pues se convierte en el centro de atención, consiguiendo que las personas se olviden de sus dolencias y, además, será un gran apoyo durante estados anímicos bajos. En definitiva, evitan la vida sedentaria y se convierten en casi un antidepresivo natural.

La presencia del perro nos hace sentir
más seguros y confiados, así como
fomenta el contacto físico
y la comunicación

BENEFICIOS PARA TODOS

Es cierto que las mascotas son de gran ayuda para niños, ancianos, personas enfermas y deprimidas, pero cualquiera puede obtener ventajas de su compañía.

Al ayudarnos a expresar nuestros sentimientos, consiguen que aumentemos nuestra empatía y favorecen el deseo de relacionarnos con otras personas.

Además, son una fuente inagotable de aprendizaje, pues nos enseñan el verdadero valor de conceptos como fidelidad, lealtad y honestidad. No se guardan ni un poquito de afecto y su carácter extrovertido y activo estimula a las personas que viven solas, puesto que ayudan a entablar contacto con el exterior, además, sus continuas muestras de cariño consiguen que nos olvidemos de los problemas y podamos disfrutar de las cosas más sencillas de la vida. Y, a la vez que comprendemos lo positivo que es relacionarnos con los animales, aprendemos a respetarlos y cuidarlos de mejor manera. Aunque sólo sea para obtener

un beneficio, está claro que, para poder ayudarnos, el perro tiene que estar sano y ser equilibrado. Para conseguirlo, nada mejor que la educación basada en el refuerzo positivo y no en el castigo, así como el respeto a sus necesidades, tanto físicas como psicológicas, pues el perro es un ser sociable que demanda cariño y atenciones por parte de los humanos.

Se utilizan en centros geriátricos, en cárceles para ayudar a la reinserción de presos, con niños que sufren alteraciones en su comportamiento…, y el éxito de estas terapias está altamente demostrado. No es que los animales tengan un poder curativo en sí pero, al conseguir que nuestro estado de ánimo mejore, al tranquilizarnos con su compañía y al ayudarnos a combatir los pensamientos negativos, hacen que nuestra calidad de vida sea infinitamente mejor. Es cierto que tener un perro exige un compromiso que muchas personas no están dispuestas a adquirir, pero siempre es bueno valorar lo que nos puede aportar.

Si tiene un pariente o un amigo anciano que vive solo, anímele a compartir su vida con una mascota, pues seguro que pronto notará un cambio positivo en su vida.

Es muy agradable poder disponer de tiempo para compartir con un perro, ya que los momentos que pasemos con él serán realmente placenteros. Para una familia puede ser más complicado atender las necesidades de la mascota pero, si se plantea la posibilidad, valore lo positivo que será para sus hijos crecer junto a un animal.

Los sacrificios que exige su cuidado quedan recompensados por lo que nos aporta su compañía. Aún así, y aunque suene repetitivo, la decisión de compartir nuestra vida con cualquier mascota debe ser madura, responsable y meditada para evitar futuros problemas.

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