Última actualización 21/04/2008@16:54:21 GMT+1
Aunque los perros se han adaptado a nuestras jerarquías y normas de conducta, conservan muchos comportamientos instintivos que podemos observar en sus antepasados los lobos o en canes que viven en estado salvaje.
Hábitos que, si bien pueden ser interpretados en su significado original, también han adquirido otros que los perros han sabido ir incorporando para obtener el máximo rendimiento en su comunicación con los seres humanos. Distinguir sus ladridos, saber por qué entierra los huesos que le damos, qué significa determinada postura o cierto movimiento de la cola, nos ayuda a comprender mejor a nuestra mascota. Una de las costumbres que suelen tener todos los perros es la de prodigar a su amo lametones a la mínima ocasión y, lo que es interpretado como un gesto de cariño, tiene un significado –o varios- mucho más profundo. Los perros lamen por una cuestión genética, forma parte de su carácter. Nada más nacer, los cachorros reciben sus primeros lametones de una madre que no está demostrando su amor hacia sus nuevos hijos sino que busca dos objetivos: por un lado, trata de estimular la circulación periférica de sus crías y, por otro, las está identificando con su olor. Dado que los cachorros nacen con los ojos y las orejas cerrados, el olfato y el gusto son los dos sentidos de los que disponen en sus primeros días de vida, por lo que la respuesta será la de lamer a la madre tratando de identificarla por su olor. Una vez reconocida, seguirán chupando su boca para pedir su ración de leche materna.