VETERINARIA
Última actualización 27/11/2008@17:40:03 GMT+1
En esta ocasión vamos a tratar en nuestra consulta veterinaria dos de las enfermedades más recurrentes que afectan al aparato reproductor femenino. Las describiremos, las conoceremos a fondo, sus causas, sus síntomas, sus consecuencias y todo lo que debemos saber para actuar correctamente ante ellas.
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La piómetra es una de las patologías más frecuentes del aparato reproductor que los veterinarios nos encontramos en hembras de más de seis años. El término piómetra describe un útero lleno de pus en asociación con cambios ováricos y sistémicos. Si queremos afinar más en su definición, podemos decir que se trata de uno de los estadios de lo que se conoce con el nombre de complejo hiperplasia endometrial quística, en concreto el estadio III.
En la fase del ciclo sexual de la perra que se conoce como diestro (que es la que sigue al estro o celo) se producen una serie de cambios uterinos, cuando está aumentada la concentración sérica de progesterona. Si estos cambios uterinos se acompañan de una reacción inflamatoria aguda del endometrio con colonización bacteriana del mismo, se producirá una infección en el útero. Podemos decir, que el proceso que conducirá a la piómetra se inicia en el momento en el que la perra está en celo, fase durante la que se produce la apertura del cuello del útero (cérvix) que facilitará la entrada de bacterias desde la vagina. En la fase posterior al celo, es decir, en el diestro, se producirá el cierre funcional del cuello del útero y una serie de cambios en dicha estructura anatómica provocados por la descarga de progesterona. Estas circunstancias harán del útero un medio excelente para el desarrollo de las bacterias. Podemos, por tanto, afirmar que en la mayoría de los casos esta enfermedad se presentará a los dos o tres meses después del último celo.
El diagnóstico no es demasiado complicado, dado que se da en un momento muy concreto del ciclo sexual de la perra y los síntomas en la mayoría de los casos son bastante evidentes. Aún así, es conveniente la realización de radiografías abdominales y, mejor aún, una ecografía. Tanto en las imágenes radiográficas como ecográficas se verá un útero agrandado y lleno de líquido, es decir, una apariencia muy similar a la que se observa al inicio de la preñez y en el posparto inmediato. En ocasiones, aunque no se produce con poca frecuencia, algunas perras con piómetra, incluso con cuello uterino cerrado, pueden no tener una silueta uterina no visible en la radiografía abdominal.
El tratamiento debe ser rápido, ya que cualquier demora injustificada puede provocar la muerte de la perra, en especial en los casos de piómetra de cuello cerrado. Lo más inmediato, mientras se realizan los análisis, es la fluidoterapia intravenosa. De esta forma, conseguiremos mantener el flujo sanguíneo y mejoraremos la función renal. Se debe establecer de inmediato el suministro de antibióticos.
El tratamiento definitivo y de elección es y ha sido siempre la cirugía. La técnica quirúrgica a realizar es la ovariohisterectomía, es decir, la extirpación de los ovarios y la matriz.
Debemos llevarla a cabo una vez que la perra esté estabilizada de los desequilibrios metabólicos para garantizar los resultados pero, como ya he comentado antes, no se puede esperar demasiado tiempo. Una complicación a tener en cuenta es el desgarro del útero, antes o durante la operación, ya que correremos el riesgo de una peritonitis y sepsis que podría acabar con la vida del animal.
El tratamiento no quirúrgico, es decir, el que realizamos a través de fármacos, se ha utilizado en perras con un alto valor reproductivo y en aquellos casos en los que la enfermedad se presenta en animales jóvenes. Lo cierto es que hasta hace muy poco sólo se utilizaban las prostaglandinas F2alfa. Por medio de este medicamento, lo que consigue es reducir los niveles de progesterona y abrir el cuello del útero. La mejoría clínica no se observa hasta pasadas 48 horas y, en ocasiones, produce efectos secundarios, como vómitos, diarrea y salivación, que pueden agravar el estado de salud de la perra. Es por esto que este tratamiento sólo se recomienda en piómetras abiertas y el veterinario nos deberá advertir de la posibilidad de la aparición de una nueva infección después del siguiente celo.