Última actualización 21/04/2009@11:13:24 GMT+1
El pequeño Yorkshire Terrier es una de las razas más populares en el mundo y la que más registros incorpora recientemente al Libro de Orígenes Español que gestiona la Real Sociedad Canina de España. Este éxito comenzó a fraguarse en el siglo XIX, cuando la raza aún se encontraba muy lejos del glamour que la envuelve en la actualidad. Por aquel entonces se encargaba de la dura tarea de eliminar las infestaciones de roedores y pequeñas alimañas de los hogares y los centros industriales, plantas textiles, fábricas y minas, que afloraron en el norte de Inglaterra gracias a la Revolución Industrial.
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De ayer a hoy, historia del Yorkshire Terrier
La funcionalidad fue el rasgo más característico de esta raza en sus orígenes. Como perro ratonero, acababa con los focos de infección que los pequeños roedores suponían en la región de Yorkshire. Los hogares particulares y los puntos más importantes de una industria en plena expansión se beneficiaron de un perro letal contra ratas y ratones. Su procedencia se ha seguido hasta llegar a la ribera del río Clyde, en Escocia, pero los obreros de esta zona los llevaron consigo a las fábricas y minas del país vecino movidos por las incipientes oportunidades de empleo la industria de la lana brindaba en regiones como la de Yorkshire.
YORKSHIRE DURANTE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
En palabras de la escritora Espido Freire, "Yorkshire se abre al visitante como una rosa de piedra, similar a la que lleva en su escudo, ondula como el brezo de los páramos, se eleva en los arcos góticos de las abadías que salpican el paisaje. Es una caricia para el espíritu, una sacudida para los sentidos". Ésta es una perfecta descripción de la actual de una región británica, en la que encontramos desde zonas rurales de singular belleza, costas y playas que conjugan lugares de recreo y salvajes acantilados acuciados por tempestades eternas, hasta ciudades repletas de actividad. Las culturas romana y victoriana han dejado su sello en el patrimonio nacional, con nada menos que 32 enclaves que han sido considerados patrimonio histórico nacional.
Una región de contrastes que en la década de 1870 se encontraba en plena ebullición de la revolución industrial. Por aquel entonces, un pequeño perro fue bautizado como Yorkshire Terrier, aunque hasta ese momento se le conocía gracias a nombres como broken-haired scoth terrier, blue and tan terrier, Halifax blue o yorkshire blue and tan terrier.
Cuando la revolución industrial movía toda Inglaterra, muchos obreros escoceses acudieron a los principales núcleos en los que la manufactura demandaban mano de obra. Estos trabajadores llevaban consigo sus pequeños Scotish Terriers, unos perros que se habían especializado en mantener libre de alimañas las propiedades donde convivían con el ser humano. El cruce con los perros locales fue algo inevitable, y el resultado de esta situación fue la extensión de perros ratoneros con una conformación común. Debido a su aspecto, en un primer momento fueron llamados broken-haired scoth terrier. Estos perros sumaron eficacia en la aniquilación de pequeños animales que se propagaban gracias a la proliferación de manufacturas y de los nuevos núcleos humanos.
Pero no cesaron ahí los cruces con otros tipos caninos. Se han nombrado otras muchas razas para cerrar el apartado de perros que aportaron genes a la creación del moderno Yorkshire Terrier, esencialmente perros terriers de origen escocés e inglés que existían en esa época. Esta teoría es una de las más aceptadas, aunque no se guarden evidencias correspondientes a los años en que se formó la raza.
Entre ellos, destacan el leeds terrier de pelo largo, el black and tan english toy terrier (un perro negro y dorado), el Skye Terrier, el waterside terrier, el Dandi Dinmont Terrier, el Manchester Terrier, el Cairn Terrier o el clydesdale terrier, también conocido como Paisley Terrier, una raza que, aunque no existe hoy, leyendo las descripciones del color de su manto, encontramos semejanzas con el azul acero y dorado del Yorkshire Terrier actual. También se ha acudido al Bichón Maltés para encontrar el aporte de la singular textura del sedoso manto del Yorkie. El Maltés fue uno de los primeros perros en ser registrados, blanco y sedoso manto le hizo ser popular como perro de compañía de las damas de la época, aunque se tratase de un gran trabajador. Esto fue lo que le llevó a ser un gran contribuidor genético que legó una gran parte de la belleza y elegancia que observamos hoy en el Yorkshire Terrier.
Como resultado, se obtuvo un perro letal como ratonero, de pelo largo y que tomó el nombre de la región en la que se desarrolló mayoritariamente. Su tamaño, aunque reducido, era mayor al que ostenta la raza actualmente, con un peso de hasta siete kilos de peso, lo que le llevó a ser capaz de enfrentarse con garantías a las alimañas más feroces. Hoy, ese peso debe ser de menos de la mitad, habiendo perdido de manera mayoritaria su funcionalidad en pro de una popularidad arrolladora como perro de compañía para toda la familia.
“HUDDERSFIELD BEN”, EL PRIMERO DE UNA RAZA
Con este nombre se registró el que ha pasado a los anales de la historia de la raza como el punto de origen del Yorkshire moderno. Este perro nació en 1865 y murió en 1871. Fue criado por W. Eastwood Huddersfield, cuando nació del apareamiento de una perra con su hijo. Fue propiedad de Jonas Foster, un gran valedor de la raza. A pesar de morir tempranamente, con tan sólo seis años y medio, dejó una descendencia de unos veinte ejemplares que sentó las bases para que la raza comenzara un camino de expansión a nivel mundial.
Tan sólo pasaron 15 años desde la muerte de “Huddersfield Ben” hasta que el Kennel Club Británico reconoció la raza. Cuando estos ejemplares comenzaron a presentarse a las exposiciones de belleza, en los años finales del siglo XIX, muchos de ellos eran descendientes directos de “Heddersfield Ben”, el Yorkshire Terrier comenzó a cotizarse como un verdadero lujo para los dueños que podían hacerse con un ejemplar.
Nombres como “Toy Smart”, “Champion Ted”, “Halifax Marvel”, “Bradford Marie” acompañan a “Ben” en los primeros años de la historia de este perro como verdaderos propulsores del éxito de la raza a través de grandes triunfos en shows de la época.
Con el paso del tiempo, ha llegado a convertirse en uno de los perros con más número de inscripciones en los libros de orígenes de multitud de países de todos los continentes. Baste decir que encabeza las listas de perros de compañía en las Islas Británicas y hace cuatro años subió al podio de las razas predilectas de los norteamericanos en el segundo puesto. En nuestro país, lleva varios años encabezando las entradas en el Libro de Orígenes Español. En 2007 alcanzó la nada desdeñable cifra de 14.438 nuevos registros.
Desde entonces, cruzó diametralmente su papel junto al hombre y pasó a ser muy demandado por las familias urbanitas para acompañarlas y deleitarlas con su activo carácter. Desde este punto, la cría selectiva se encaminó a convertirlo en un perro de un tamaño más reducido, hasta que este rasgo físico pasó a convertirse en el más característico de su morfología. Sin embargo, esta reducción de tamaño no se vio correspondida por una disminución del largo de su pelo. El resultado fue que se obtuvo un perro pequeño con un manto de pelo anormalmente largo.
El Yorkshire Terrier es un pequeño perro de temperamento alegre y atento. Es simpático, fiel, inteligente y, cuando se le consiente, excesivamente caprichoso. Posee un fuerte carácter y una gran personalidad.
Es un perro territorial, un torbellino con el que es imposible deprimirse. Sabe hacerte reír, quiere siempre ser tu atención y que le cojas en brazos. Con su melena y su lacito en el pelo, es encantador. Pero no hay que confundirse, no es un juguete.