Última actualización 22/06/2009@10:14:26 GMT+1
Texto: Susana Alfageme y Elena Cuervo
Desde hace ya algún tiempo estamos en contacto con una de las protectoras que trabajan en nuestra comunidad autónoma. Son ya, pues, muchas las ocasiones en las que hemos mantenido conversaciones con los responsables acerca de la situación en la que recogen o llegan a sus instalaciones los animales con los que trabajan, y muchas son también las charlas en las que nos cuentan casos singularmente duros que ocurren en las zonas rurales.
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Y es que, una vez salimos del casco urbano de cualquier población, empieza otro mundo, al menos en lo que a animales domésticos, especialmente perros y gatos, se refiere. Cierto es que en la ciudad se producen maltratos y abandonos, que hay lugares en los que hasta se han creado colonias de gatos abandonados, que la forma de vida es más rápida y los espacios, más pequeños y, cuando el cachorro crece, faltan sitio y ganas de continuar con sus cuidados…, pero en el campo la situación puede ser aún más dura, sin olvidar que es también el lugar donde los animales pueden resultar más útiles a las personas desarrollando más habilidades que las de ser únicamente una excelente compañía.
ANIMALES TRABAJADORES
Simplificando mucho la situación con el fin de exponer un ejemplo lo más claro posible, es frecuente que en un piso de una ciudad el gato o perro no realice más trabajo que el de jugar con los niños, acompañar a su dueño, dar y recibir muestras de cariño, en definitiva, convivir con la familia. Sin embargo, en una finca, casa rural o chalé, es habitual que el perro lleve a cabo una labor de guardián o el gato se emplee a fondo con otros animales que no interesa mantener cerca de la vivienda y sus anexos. Yendo aún más lejos, incluso podemos pensar en trabajos más complejos, como el caso de los perros que ayudan al pastoreo o en otras labores del campo.
También la vida diaria de unos y otros animales es diferente. Los perros y gatos de cuidad mantienen una convivencia más estrecha con la familia, con lo cual es más frecuente que exista una preocupación más elevada por su salud, sus vacunaciones o sus desparasitaciones. Los animales de las zonas rurales desarrollan su vida más en contacto con el campo, con otros animales, incluso cabe pensar que, hasta cierto punto, pueden gozar de más libertad, aunque en muchos casos, como vamos a comentar, esta afirmación se encuentre muy lejos de la realidad.
A pesar de todas estas diferencias, y muchas otras a las que no hemos hecho alusión, no existe un diferente nivel de protección para unos y otros. Todos son iguales ante las normas, estatales, autonómicas o locales que les resulten de aplicación, lo que conduce a la conclusión de que las obligaciones de los propietarios son las mismas y, en consecuencia, las sanciones que pueden llegar a generarse como consecuencia de su infracción son idénticas también.