Última actualización 22/06/2009@10:11:48 GMT+1
Los terriers de tipo bull componen un grupo de canes que se ha posesionado en el panorama internacional canino en un puesto de privilegio. El amante de los perros ha reconocido en estos tres representantes unas virtudes y unas aptitudes que llegan a ser sorprendentes. Sin embargo, hemos querido incluir en este reportaje especial otras razas que comparten una buena parte de su herencia genética. Vamos a hablar del Staffordshire Bull Terrier, del American Staffordshire Terrier y del Bull Terrier, pero también vamos a tratar sobre el Bulldog Inglés, de su pariente Francés, del Bulldog Americano, del American Pit Bull Terrier y del Bull Mastiff, todos ellos con líneas en su historia que han sido coincidentes en algún punto.
A continuación vamos a hablar de lo mejor que nos ha dejado esa etapa vergonzosa de la historia del perro que encuadra las sangrientas y crueles luchas que tuvieron que protagonizar estos perros: esa riqueza traducida en la actualidad en una lista de razas que han dejado atrás todo ese oscuro pasado y se han convertido en los compañeros más fieles y afectivos de sus familias humanas.
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Staffordshire Bull Terrier
Biografía histórica. Antepasados remotos
Texto: Juan Manuel Durá Soler
Como en todas las razas de tipo Bull, sea cual sea su nacionalidad o procedencia, el cánido molosoide más arcaico conocido común a todos ellos y “probablemente” el que dio origen a todos los perros de gran talla que existen en la actualidad fue el primitivo Mastín Tibetano. No obstante, y por afinidad anatómica y funcional, bien podríamos considerar al Mastín Asirio como el eslabón primario hacia el Old English Bulldog y sus antecesores: el Old English Mastiff y el Perro de Presa Español, progenitores claros de este desaparecido Bulldog.
Estos Molosos Asirios, fueron llevados junto con sus huestes, o tal vez con los pastores de rebaños nómadas de Mesopotamia, hasta las tierras del Este del continente europeo, y aquí evolucionaron dando origen a distintas variedades y tipos de perros de gran tamaño y envergadura, como perros de guarda, combate y guerra.
Posteriormente, en Grecia evolucionó el extraordinario Moloso de Atenas, perro que definió un paso más hacia el origen a todos los molosos contemporáneos. Éste era, según restos arqueológicos anteriores al año 1000 antes de Cristo, un perro esencialmente de combate y también un terrible compañero de los ejércitos en la guerra. Por sus características físicas, es decir, color, longitud del pelaje y tamaño, además de su funcionalidad recuerda tanto a sus progenitores los mastines Asirios como a su lejano descendiente el “Old English Mastiff”, el cual es de entre todos los molosos contemporáneos el que más vivamente representa al vetusto “Mastín Asirio”.
Tomando como base al Moloso de Atenas, los romanos, una vez suplantaron su cultura sobre la griega, desarrollaron otra variedad, el “Pugnances”, que era -si cabe- aún más fiero que su progenitor y satisfacía sus necesidades de sangre en los espectáculos de los circos de Roma.
Al expansionarse el Imperio Romano por toda Europa, consecuentemente este perro gladiador se extendió por todos sus dominios, dando lugar, según las regiones y necesidades, a distintos tipos de perros molosoides, de entre ellos los primeros ancestros de nuestros mastines y nuestro Perro de Presa Español, hoy ya desafortunadamente extinto.
CAMINO HACIA EL STAFFORDSHIRE BULL TERRIER
La apariencia externa de estos “cruzamientos” en un principio no despertó demasiado interés por parte de los criadores, pues lo importante para ellos era su temperamento, pudiendo encontrar ejemplares de tan diversas formas, tamaños y caracteres físicos que a veces resultaba difícil establecer concretamente a que raza pertenecían, y en muchos casos con tal que tuviesen buena presa y ganas de luchar era suficiente para llamarles Bull-and-Terrier, Bull-Dog o Pit-Dog. No obstante cuando observaron que los perros con grandes cabezas y desarrollados maseteros y mandíbulas, cuerpos cortos y cuellos poderosos con pechos anchos y profundos realizaban las peleas más largas y las presas más duraderas y dolorosas, empezaron a cambiar sus parámetros y a seleccionar perros que, manteniendo su temperamento poseyeran cuerpos con semejantes particularidades. Esto, tal vez de manera involuntaria o inconscientemente, los condujo a establecer una homogeneidad y por tanto una definición de la raza, dando lugar a las primeras bases para esculpir al Staffordshire Bull terrier.
Más de cien años tuvieron que pasar para que apareciera en 1932 un movimiento promovido por Joseph Dunn y Joseph Mallen que cambiaría el enfoque y el futuro de la raza. Estos personajes, legendarios ya para todos los aficionados al Staffordshire Bull terrier y fundadores del primer club de raza, el “Staffordshire Bull Terrier Club”, dieron a ésta una nueva visión consiguiendo el que los criadores comulgasen, no sin grandes esfuerzos, por el desarrollo de un perro homogéneo, con un estereotipo común, desarrollando al Staffordshire Bull terrier actual, un animal que aún siendo utilizado como perro de pelea pudiera ser orientado también hacia las exposiciones de belleza. De este modo se fue limpiando progresivamente la mala imagen de la raza y la precaria reputación de quienes poseían perros de este tipo, vistos hasta entonces como meros delincuentes y personajes del más miserable estrato social de la época.
Unos años después, en 1935, el Kennel Club, no sin haber planteado grandes trabas, dificultades y discusiones promovidas desde el seno del “Bull Terrier Club”, (los criadores de Bull Terriers no querían que se usase el termino “Bull” en el nombre de esta según ellos nueva raza, pero evidentemente muchísimo más antigua históricamente hablando), terminó por reconocerla con el nombre de Staffordshire Bull terrier. Nombre tomado de la región en donde se desarrolló, el “Black Country”, y en donde la afición por este tipo de perros era ya un concepto cultural y formaba parte consustancial del modo de vida de las gentes de la comarca.
Bull Terrier
En un primer momento, se le denominó Bull and Terrier. Otros le llamaban Bull-dog Terrier, mientras que no tardó en surgir un nombre muy descriptivo: White Cavalier. Para conocer sus primeros momentos junto al hombre, debemos acudir a su primer antecesor, que no fue otro que un cruce entre un Bulldog Inglés y un Black and Tan Terrier de gran tamaño y pelo corto. Esta extraña mezcolanza de razas la explicaremos a continuación.
Debemos acudir al año 1835, fecha en la que el gobierno británico prohíbe al fin estas “rudas y repugnantes” prácticas entre animales, citando a Samuel Pepys, presidente de la Royal Society e importante personalidad de la Restauración inglesa en el siglo XVII, (o “deportes”, como los llamaban los más hipócritas de la época). La variedad más seguida hasta entonces era la que enfrentaba a los perros de pelea contra grandes depredadores (lobos, osos) o ante toros bravos. Estos “espectáculos”, al ser prohibidos, fueron eliminados completamente al resultar demasiado notorios para organizarlos de manera clandestina. Sin embargo, los salvajes que encontraban emoción y una excusa para llenar sus vacías vidas con apuestas en peleas entre animales no cejaron en su empeño y se adaptaron a las nuevas circunstancias, y pasaron a interesarse por peleas cuya organización no llamara tanto la atención. La primera consecuencia de esto fue la institución ilegal de las peleas entre perros. En un primer momento, los mismos perros que peleaban contra osos y toros fueron los elegidos para pelear entre sí, pero no tardaron en mostrarse inconformes con el resultado. Aquellos poderosos Bulldogs resultaban lentos y torpes debido a que habían sido diseñados para luchar ante oponentes mucho más grandes que ellos. Por esta razón, se recurrió a algunos terriers que dotaron a los perros originales de más agilidad, destreza, rapidez y, como no podía ser de otra manera, una fiereza que hasta el momento no era conocida. De esta manera nacieron los primeros precursores del Bull Terrier.
Aquellos primeros ejemplares distan mucho de la morfología que ostenta hoy la raza, diferenciándola claramente de cualquier otra. En esos primeros momentos, sí existía un stop muy típico en los terriers.
Como vemos, la raza comenzó a ser diseñada a mediados del siglo XIX. Fue James Hinks quien se preocupó de darle forma. Hinks quería conseguir un perro que resaltara desde el punto de vista estético, y para ello se obsesionó por cubrirlo con un manto blanco unicolor, para lo cual acudió probablemente al Dálmata, al Pointer y al terrier blanco inglés. Además de éstas, se ha hablado de muchas otras razas incluidas en el cóctel que dio como resultado al Bull Terrier moderno. Entre ellas destacan, además de las mencionadas, el perro de punta español, el Greyhound, el Foxhound o el Whippet. A pesar de la larga lista, no se conoce exactamente el momento ni la verdadera procedencia que dio origen a la cabeza en forma ovoide del Bull Terrier. Se ha conjeturado con la aportación del Borzoi y de Collies para alargar la cabeza en los albores de la raza. Algunos autores han encontrado en el año 1917 al primer Bull Terrier con un perfil de cráneo que carecía totalmente de stop: “Lord Gladiator”.
Muchos años antes, el gladiador canino comenzó su camino hacia otros tipos de ocupaciones, como las exposiciones caninas, en las que no tardó mucho en triunfar. La primera de ellas que registró a un ejemplar de Bull Terrier se celebró en 1862. Doce años después, el Bull Terrier era reconocido por el Kennel Club Inglés.
No nos vamos a cansar de afirmar que no estamos ante un perro agresivo. Sólo alguien que no conozca esta raza, que no haya compartido momentos y experiencias junto a ella, sería capaz de tal afirmación. Muy al contrario, al Bull Terrier se le cataloga en muchas ocasiones como “el payaso de la familia”. No se cansa de buscar la complicidad con sus dueños, y para ello hace gala de una larga lista de recursos que llaman especialmente la atención. Sus gimoteos, ladridos, pequeños aullidos, resoplidos son señales de una felicidad que parece no tener fin en el Bull Terrier. Jugará siempre que haya alguien dispuesto a ello, pero también sabrá cuándo debe comportarse. Esto se debe a que se trata de una raza muy sociable, incansable, capaz de acompañar en cualquier actividad que le propongamos, en cualquier deporte (acuático, terrestre…).
A la hora de acometer su educación, debemos saber que aúnan las cualidades de los terrier con las de los perros de tipo bull. Entre ellas, la persistencia, que otros llaman “cabezonería”, según se mire y se tengan los conocimientos para encauzar este aspecto de su personalidad. Durante las sesiones de educación debemos ganarle en esa constancia, haciendo prevalecer nuestros comandos. Para lograrlo, el mejor recurso que tenemos a nuestro alcance es la motivación para el trabajo. No olvidemos que el Bull Terrier adora trabajar, y esto se debe convertir en el mejor de los estímulos.
American Staffordshire Terrier
La larga historia del Amstaff
Como ocurre con tantas otras razas, resulta tremendamente difícil establecer cómo fueron los primeros momentos del American Staffordshire Terrier. Se ha extendido la teoría que reza que el Amstaff desciende directamente del American Pit Bull Terrier. Esto cobra aún más fuerza si revisamos los primeros cinco pedigríes inscritos en el American Kennel Club de ejemplares de esta raza. Esto fue en el año 1936, el mismo en el que el Amstaff fue reconocido como raza y en el que se hizo oficial su estándar.
Hemos de pasar por la fase que hemos comentado de los perros especializados en el bull baiting, en la consecuencia de la prohibición de esta cruel práctica y los posteriores cruces hasta que razas como el Bull and Terrier vieron la luz (sobre mediados del siglo XIX).
Muchos de estos perros fueron llevados al Nuevo Mundo cuando los resultados de los cruces entre Bulldogs y terriers se estaban asentando en Gran Bretaña. Desgraciadamente, se abre aquí una etapa copada por el papel de estos perros como luchadores contra otros perros. Las peleas de perros se convirtieron en un pasatiempo muy seguido por verdaderos fanáticos de estos espectáculos inhumanos. Así, han quedado en la memoria histórica de este tipo de perros nombres como “Paddy” o “Pilot”, aunque aún no podemos hablar de American Staffordshire Terrier, sino de sus inmediatos antecesores, perros conocidos por nombres como Pit (que alude a la arena de lucha) Bulls, Yankee Terrier, American Bull Terrier y un largo etcétera, por aquel entonces. Estos nombres geográficos pretendían identificar a estos perros como una raza local, desarrollada en Estados Unidos, donde las peleas de perros no estaban prohibidas. Esto supuso que estos canes se seleccionaban y criaban con el único propósito de resultar lo más funcionales posible en la pugna. Sin embargo, no tardaron en sugir propietarios y criadores que alejaron a sus perros de este fatídico destino y que comenzaron a trabajar para fijar el tipo y la morfología.
De esta manera, el American Staffordshire Terrier es fruto de la evolución de perros importados del tipo Bull and Terrier, esos mismos que dieron origen, al otro lado del charco, en Inglaterra, al Bull Terrier.
Si acudimos al año 1921, podemos asistir a una de las escenas más significativas en el origen de este perro como raza reconocida. Se trata del año de la fundación en Kansas del American Bull Terrier Club, que destacó por sentar las bases para la creación del American Staffordshire Terrier, entre ellas, redactando un estándar morfológico. Sin embargo, el reconocimiento de raza pasó por un proceso largo y que debió salvar muchos baches. En primer lugar, se tardó en llegar a la denominación actual. El American Kennel Club estaba de acuerdo con el Bull Terrier Club en el hecho de no aceptar el nombre de American Bull Terrier. La revista Dog World apostó por el nombre de Yankee Terrier, algo que tampoco se concretó. En Inglaterra, el camino paralelo del Staffordshire Bull Terrier llegó a su aceptación en 1935, año en el que el Kennel Club reconoció la raza.
Un American Staffordshire Terrier es un perro que destaca por gozar de una gran confianza en sí mismo, y la muestra en todo momento, pero esto no debe entenderse como que se trata de un perro tendente a la agresividad, sino todo lo contrario.
Establece una relación muy especial con los más pequeños de la casa, pues no encuentran dificultad en convertirse en los perfectos compañeros de juego.
Bulldog Inglés
La primera vez que alguien dejó constancia escrita del enfrentamiento de un perro con un toro se describió la gran fortaleza y el arrojo que demostraba el can a la hora de desafiar a un animal muchas veces más grande y poderoso que él. Fue el poeta Claudio quien propagó en la sociedad romana de comienzos de nuestra era las virtudes de estos perros. No pasó mucho tiempo hasta que el Imperio Romano propagó por sus dominios los perros que descubrió en las Islas Británicas, dedicándolos a las prácticas tan arraigadas en su cultura: los espectáculos de lucha. Desde el siglo XII, estas peleas entre perros y otros animales se generalizaron por toda Europa, adquiriendo mayor relevancia aquéllas en las que los protagonistas caninos se enfrentaban a toros y a osos.
Los perros de toro o bulldogs se convirtieron en un tipo canino con unas características específicas. En 1631 se hace referencia a estos perros en una carta escrita precisamente en España, en la ciudad de San Sebastián, por el inglés Pestwich Eaton, que pide a su amigo San Swithin que le envíe desde Londres un perro Mastín y dos Bulldogs.
La selección en la cría de estos perros era encaminada a lograr ejemplares más letales en la lucha, con una conformación cada vez más adecuada a salir victorioso de sus enfrentamientos en el conocido como bullbaiting. Se fueron puliendo aspectos del cuerpo de estos perros para conseguir el diseño perfecto, aquél que consiguiera los mejores frutos en la acción de atacar de frente al toro, apresarlo con sus dientes con un mordisco inquebrantable en el morro del animal y con la fuerza y la resistencia suficientes para hacerle desfallecer y llevarlo al suelo. Por esto, su mandíbula debía hacer gala de una fuerza fuera de lo común
Su corta cabeza, con una proporción igual en altura y anchura, su frente corta y su marcado stop enmarcan unas mandíbulas cuadradas, donde la inferior supera en longitud a la superior, curvándose hacia arriba en una muestra clara de prognatismo. Además, esta característica facilitaba la entrada frontal y explosiva que realizaba el perro ante el toro.
En cuanto al tamaño, para llegar a realizar la presa de frente en el toro, debía tratarse de un perro rápido, capaz de esquivar las acometidas de los cuernos de éste, y con una alzada que facilitara esta arriesgada acción. Por ello, sus patas eran cortas, pero veloces, su tren trasero era un poco más alto que el delantero para posibilitar que el perro se propulsara hacia un animal más grande.
Cuando el año 1835 trajo consigo la prohibición de los enfrentamientos que tenían a los animales como protagonistas, esa funcionalidad que había regido la selección de la raza dejó de tener razón de ser, aunque los verdaderos aficionados a la raza nunca dejaron que cayese en el olvido. Esto ha sido lo mejor que le ha podido ocurrir al Bulldog Inglés, que al fin encontró patrocinadores que le valoraban no por su capacidad de matar, sino por las cualidades que ofrecen para hacer la vida más completa. Desde esa fecha del siglo XIX, esta raza ha ido convirtiéndose en una de las elecciones más numerosas para los que quieren a su lado una incondicional fuente de afecto y amor que, además ha pasado a convertirse en uno de los más admirados participantes en las exposiciones caninas de todo el mundo.
Bulldog Francés
De la arena de lucha a perro exclusivo
La reducción del tamaño ha sido una constante seguida por un buen número de criadores a lo largo de la historia de la cinofilia. El Bulldog Francés ha sido uno de los productos de mayor éxito de esta tendencia. Si nos remontamos al siglo XIX, descubrimos la variedad que fue llamada bulldog inglés toy, un perro muy diferente al moderno Bulldog Francés, menos pesados, de mayor alzada y con una estructura menos maciza.
El año 1835, con la prohibición en Inglaterra del Bull Baiting, supone una tremenda sacudida en los perros que hasta ese momento se dedicaban a la terrible tarea de intentar matar a otro animal en una lucha a muerte. Entonces se empezó a buscar otro tipo de perro, más pequeño, más ágil, que diera “juego” a otro tipo de espectáculo que debía ser clandestino a partir de esa fecha. Y las peleas entre perros fue una de las actividades que pasó a primera fila (junto a otras como los concursos de perros rateros, entre otros). Los perros debían ser más pequeños para poder ser transportados incluso a pie sin que llamara la atención de las autoridades. De ahí que se llegara a obtener un bulldog inglés toy. Sin embargo, la clase obrera se había acostumbrado a tener perro y veía en estos nuevos canes el compañero ideal, por lo que no tardó en expandirse por los grandes núcleos urbanos.
Esta misma clase obrera fue la artífice de la llegada de estos pequeños bulldogs a tierras continentales. Concretamente, colonizó el norte de Francia, al convertirse éste en un próspero destino para los obreros ingleses que buscaban un mejor porvenir en el país vecino. No tardó en convertirse en el acompañante de muchos profesionales de la carnicería. Estos carniceros y mayoristas eran grandes seguidores de este tipo de perro, fuerte, de tamaño contenido, valiente y poderoso. En esa época también estaban extendidos unos dogos de talla pequeña y ligeros a los que se conocía como doguines. El papel de estos pequeños bulldogs consistía en el manejo del ganado, pero aún no se habían alejado por completo de las peleas de perros. Y fueron estos ciudadanos los que llevaron a cabo la labor de cría y selección genética que fue poco a poco dibujando las líneas que terminaron en su desarrollo como raza y le llevaron a ser objeto de deseo de las clases más adineradas. No tardó en acompañar a artistas y bohemios de la sociedad parisina de mediados del XIX.
Las fechas de su oficialización como raza comienzan en 1881, cuando se funda el primer Club del Bulldog Francés. Cuatro años después se produce el primer registro de inscripción, aunque no fue hasta 1898 cuando se creó el primer estándar morfológico, instante en el que la «Société Centrale Canine Française» reconoció la raza.
El Bulldog Francés es un perro simpático y con “personalidad”. Siempre estará observando lo que sucede, y parece que lo entiende absolutamente todo, pues no duda en actuar como le parece que es más adecuado. En este sentido, gozan de una iniciativa que sorprende a sus dueños, por mucho que estén acostumbrados a convivir con él. No es típico perro que se tumba en casa y disfruta del descanso, te acompañará por toda la casa, interesándose por todo lo que hagas, incluso intentando participar en ello.
American Pit Bull Terrier
Origenes del American Pit Bull Terrier
Texto: Villa Liberty
Existen diferentes teorías a cerca de los orígenes del American Pit Bull Terrier (APBT), de las cuales la teoría de Mariano Peinado (FIAPBT & IADCRO) es una de las más fundamentadas internacionalmente y según el propio Peinado; “la verdad absoluta se perdió en la noche de los tiempos y lo que yo aquí expongo es mi humilde opinión, deducida de las investigaciones que realicé desde el año 1985”.
Según Mariano Peinado, el patrón que dio lugar al origen de la raza canina American Pit Bull Terrier (APBT) estuvo basado en una raza Española ya desaparecida, el Alano Español. Esta teoría esta encaminada por dos vías paralelas y en diferentes países.
El primer camino en el que comenzó a originarse el APBT se perfiló hace 500 años, cuando los conquistadores españoles en plena colonización de América llevaron varios Alanos Españoles en sus barcos para que les fueran facilitando el abrirse camino en la lucha con los indígenas nativos de América.
En el transcurso de los años y ya establecidos los colonizadores con sus Alanos en tierras de América, estos a su vez fueron cruzados con perros fuertes que allí habitaban y sin raza definida. De aquellas cruzas se perfiló una nueva raza canina, la cual, llamamos hoy día American Pit Bull Terrier, a pesar de que en aquellos momentos lógicamente, les faltaba bastante para definirse en el fenotipo y genotipo de lo que hoy en día es la raza. Esta nueva raza canina, con el tiempo, llegó a superar en cualidades y virtudes a nuestros poderosos Alanos.
El segundo camino paralelo que hizo surgir al APBT ocurrió en Gran Bretaña. Dada la gran admiración que los perreros británicos sentían por nuestros Alanos Españoles hace más de 400 años, por la vitalidad, coraje, bravura, casta y fortaleza que demostraban en los diferentes trabajos y cacerías donde eran utilizados, llegaron a importar a su país una gran cantidad de ellos. Éstos se establecieron en diferentes puntos del Reino Unido y fueron a su vez cruzados con perros de presa autóctonos sin raza definida de aquel país. De aquellos cruces también se perfiló el origen del APBT y de una manera más definida que el primer camino en lo que respecta al fenotipo incluso también al genotipo de hoy día. Esta nueva raza canina, el APBT, por aquella época fue denominada como el “Old English Bulldog” (Antiguo Bulldog Inglés), que no tiene nada que ver con el Bulldog Inglés actual.
El nombre oficial de American Pit Bull Terrier (APBT) se le dio a la raza en el año 1898 por el Estadounidense C. Z. Bennet. En ese mismo año fundó el organismo oficial United Kennel Club (U.K.C.), en el que al APBT se les registraba otorgándoles el pedigrí con sus árboles genealógicos, realizando de esta manera una labor memorable para la raza pura y situando el listón muy alto en lo que a rigor zootécnico se refiera en aquella época.
Anteriormente al año 1898, al APBT se le denominaba con diferentes nombres, dependiendo en el país que se encontrase. En Gran Bretaña, como ya hemos comentado anteriormente, se le denominaba como Antiguo Bulldog Inglés, Bull and Terrier o Pit Dog; mientras que en América se usaban nombres como Half and Half, Yankee Terrier, Pit Terrier o simplemente Bulldog.
La creación del APBT tanto en América como en Gran Bretaña, fue debida a la búsqueda por los perreros de antaño para encontrar un perro de trabajo todo terreno, que se adaptase a la perfección a la hora de desarrollar cualquier tipo de trabajo, por muy duras que fueran las circunstancias para elaborarlo y que los perros convencionales no podían ejercer.
El nuevo nombre de la raza como American Pit Bull Terrier simultáneamente también fue dado por los perreros americanos a los APBT que estaban en Gran Bretaña, quedando finalmente con el paso del tiempo como Pit Bull Terrier por los perreros ingleses, obviamente sin el “American”. Estos perros estaban siendo tratados como la misma raza desde que empezaron a llegar a USA, hacía más de 200 años, por su gran similitud de fenotipo y de genotipo con los APBT Americanos. Esta similitud era debida a la dominante aportación genética que trasmitieron los Alanos a la hora de crear esta nueva raza canina por las dos vías paralelas ya descritas.
Lógicamente, al estar ubicados en Gran Bretaña no se les llamó en ese momento APBT, se les continuaba llamando con otros nombres como Bull and Terrier, Old English Bulldog o Pit Dog. Cuando me refiero a los perros británicos con el nombre de APBT es para facilitar la comprensión a los lectores y porque, en definitiva, se trataba de los mismos perros pero con diferentes nombres.
Después de esto, en el año 1909 se fundó la American Dog Breeders Association (ADBA) y por su buen hacer en la conservación del original APBT, consiguió que hoy en día sea reconocida como la asociación madre del APBT de ámbito internacional, por no haber cedido con el transcurso de los años ni un solo paso hacia atrás en lo que se refiere al autentico, puro y original APBT, y la afición se lo reconoce y agradece.
Bullmastiff
El Bullmastiff cuenta en su árbol genealógico al old english bulldog. Eso es algo en lo que todos los criadores y aficionados a la raza coinciden. De hecho, su denominación aúna las dos principales fuentes genéticas de las que procede: el Bulldog y el Mastiff Inglés. El primero ha quedado plasmado en él sobre todo en la forma de su cabeza. Pese a esta ascendencia, el Bullmastiff no fue creado para participar en peleas contra toros u otros animales o perros, sino que su función primera fue la de mantener a salvo diferentes propiedades de los amigos de lo ajeno. Por tanto, nació como perro guardián, sobre todo de las grandes fincas rurales, siendo su objetivo mantenerlas a salvo de ladrones y de cazadores furtivos.
Gracias a esa sangre de Bulldog, era más rápido y agresivo que el Mastiff, y gracias a la sangre de éste, era más grande, pero más apacible, algo muy conveniente cuando su cometido no era destruir, sino detener.
Su cuerpo puede alcanzar los 60 kilos de peso, por lo cual estamos ante un perro de constitución poderosa con gran fuerza, con un temperamento confiado y fiel, al mismo tiempo que alegre y despierto. Cuando algo le llama la atención se le marcan en la cabeza unas arrugas muy expresivas que lo diferencian del resto de razas.
La raza fue creada en Gran Bretaña a mediados del siglo XX. Antes de darle el nombre de Bullmastiff fue llamado “Game-Keeper’s Night Dog (perro vigilante nocturno). Para llegar a él se realizaron numerosos cruces entre razas de perros de gran talla, valientes y poderosos (San Bernardo, Dogo Alemán, Sabuesos, etcétera), pero el cruce definitivo fue el realizado entre el Bulldog y el Mastiff Inglés.
En el año 1924 se registra la raza con el nombre de Bullmastiff, y se permite el registro a todos los ejemplares que no tenían en su pedigrí ningún antepasado Bulldog o Mastiff en las tres generaciones anteriores a él. El primer estándar de la raza fue redactado en 1926 y posteriormente revisado en 1943, 1956 y 1994.
American Bulldog
Texto: Antonio Mendoza
El origen del Bulldog Americano está en los perros que los colonos ingleses e irlandeses llevaron en sus migraciones americanas. Éste es el motivo de que el Bulldog comparta un tronco común con otras razas americanas, en especial con los terriers de tipo bull.
Mientras que los perros de tipo “bull&terrier” se desarrollaron en las zonas urbanas de la época, el Bulldog siempre ha sido un perro de granja, más ligado a las zonas rurales de la América profunda. La evolución del Bulldog, como perro de granja, hizo de él un perro de protección de la familia y su entorno, así como perro netamente ganadero.
La tradicional utilización del Bulldog como perro de utilidad en el agro americano ha definido tanto la morfología como el carácter de la raza. Por un lado, el carácter, como condicionante principal de la raza, se desarrolla uniformemente en la mayoría de los ejemplares de la misma. Siempre perros de carácter fuerte y cierta prevención hacia los extraños, además de un instinto territorial que marcaría la diferencia con los terriers americanos.
La morfología también esta condicionada por la evolución histórica de la raza. Al contrario que el otras razas de utilidad, en las que la morfología se sitúa en un segundo plano (generando gran diversidad de tipos), en el Bulldog la variedad de tipologías no viene dado por una indiferencia haca la “forma”, sino que es el resultado de la adaptación a los diferentes hábitats en los que la raza se ha desarrollado. Hay que tener en cuenta que en un país como Estados Unidos las enormes distancias hacen necesaria una selección adaptada a las diferentes condiciones socioeconómicas y climatológicas que se dan en el país. Respetando, no obstante, cierta uniformidad que define a la raza Bulldog Americano. Y lo que es más importante, diferencian al Bulldog de otras razas afines.
Entre otras uniformidades incuestionables está el color, a pesar de que inicialmente pueda parecer una característica secundaria en un perro de utilidad, es algo muy importante a tener en cuenta. El Bulldog Americano siempre ha sido de color blanco, por lo que incluso en algunos territorios era conocido con el nombre de “perro blanco”, siendo tradicionalmente aceptados los ejemplares blancos con diferentes “parcheados”. Esta cuestión, que podría calificarse como meramente estética, tenía la vital importancia de hacer al perro visible en el campo y distinguirlo del ganado o de posibles alimañas.