Última actualización 24/08/2009@08:31:05 GMT+1
Texto: Patricia Lozano
Los expertos no tienen ninguna duda: los genes tienen su influencia en la formación de cada persona pero el ambiente en el que crecemos y nos desenvolvemos es determinante. Por ello, aprender a respetar a los perros y, por extensión, a todos los animales y a la naturaleza, depende en gran medida del ejemplo de nuestros mayores. Los adultos somos responsables de la educación y de los valores que adquieren nuestros hijos, no lo olvidemos.
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El respeto al prójimo es una de las primeras enseñanzas que intentan inculcarnos desde pequeños. El problema es que aún no nos hemos dado cuenta de que en ese prójimo también se incluyen los animales, pues forman parte de nuestra sociedad y son seres vivos que merecen la misma consideración que demandamos para nosotros. Los niños son auténticas esponjas que absorben con deleite todo lo que ven y oyen pero no tienen la capacidad de discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo moral y lo inmoral. Es aquí donde entramos los adultos, pues ellos seguirán nuestro ejemplo sin cuestionarlo.
Tarde o temprano llegará el momento que muchos padres temen: el deseo de sus hijos de tener una mascota y, aunque se nos ocurran muchas razones para descartar la idea, las ventajas de tener un animal en casa son muchas; entre ellas, que puede convertirse en un arma excelente para educar a los niños. Gracias a una mascota, los pequeños de la casa aprenderán a olvidarse de sí mismos para preocuparse por otro; asumirán, casi sin darse cuenta, ciertas obligaciones y responsabilidades; encontrarán una manera de expresar sentimientos como el cariño y el afecto, en definitiva, desarrollarán una mayor sensibilidad para ponerse en el lugar de quienes les rodean pues comprenderán que cada ser vivo tiene sus propias necesidades que deben ser respetadas. ¿Cómo? Muy sencillo, con la ayuda de unos padres comprometidos que sepan enfocar la situación como algo positivo en la formación de sus hijos.
Los perros son las mascotas más demandadas por los niños que establecen con ellos una relación de camaradería. Son compañeros de travesuras y ambos disfrutarán de sus juegos. El niño encontrará un cómplice siempre dispuesto y alegre y el animal será un compinche encantado y muy paciente con sus diabluras, además de que se convertirá en su confidente y amigo. Sin embargo, para que la relación sea sana, tendremos que supervisar sus primeros encuentros y enseñar a ambos cómo deben tratarse.
Antes de nada, los padres deben saber qué necesidades y cuidados tendrá el perro que vayan a adquirir. Esto es muy importante porque el niño demandará información y debemos estar preparados para proporcionársela. Además, si queremos que se implique en el cuidado del animal, tendremos que enseñarle y propiciar que asuma ciertas obligaciones. Aún así, seamos consecuentes. El mayor peso recaerá en nosotros, los niños no saben cuidar de sí mismos y no podemos pretender que se responsabilicen de un animal. Lo que sí es beneficioso es que se involucre en ciertas tareas, siempre dependiendo de su edad, como el paseo, darle de comer, la higiene o acompañarnos en las visitas al veterinario.