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Última actualización 24/08/2009@08:14:36 GMT+1
Seis razas copan un reportaje muy especial que nos enorgullecemos de presentarles. Los molosos de arena son perros que guardan unas características comunes, aunque cada uno de ellos destaca por varios factores que los hacen únicos e irrepetibles. Mastiff Inglés, Bullmastiff, Dogo de Burdeos, Fila Brasileño, Mastín Napolitano y Tosa Inu, razas todas ellas que representan evoluciones caninas fascinantes nada menos que en tres de los cinco continentes.

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EL MASTIN NAPOLITANO
FILA BRASILEIRO

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MASTÍN NAPOLITANO
Una introducción a sus orígenes
Conocido también como Mastín Italiano, Molosso Italiano, Mastino Napoletano o simplemente Mastino, estamos ante una raza desarrollada para combatir en los escenarios más sangrientos, como los circos romanos, donde adquirieron el sobrenombre de «pugnaces».
El estudio de su origen ha desvelado que se trata de una raza primitiva y originaria, es decir, que no ha salido del cruce de otras razas anteriores, sino que ha perdurado como tal desde tiempos muy antiguos. En esos tiempos, su forma antigua se convirtió en el perro predilecto de Alejandro Magno desde el mismo momento en el que recibió una pareja de estos perros como presente del rey asiático Porus, que tenía su reino en el norte de La India en el siglo IV a.C. La historia sugiere que Alejandro envió estos perros a Grecia, junto con el resto de los botines resultantes de la expansión de su Imperio, con las instrucciones de cuidar la cría y su desarrollo, iniciando la creación de los perros molosos que heredó la sociedad romana de la griega.
A su vez, se encuentran posibles antepasados del Mastín Napolitano en culturas aún más antiguas, como las que recogen los relieves asirios y las tablas persas del siglo VII a.C., todos ellos perros muy valorados por su utilización eficaz en la batalla.
Después de estos orígenes cargados de belicosidad, llegamos al punto en el que encontramos al verdadero patrocinador moderno de la raza, el artista Piero Scanziani, un enamorado del Mastín Napolitano que trabajó durante años para fijar su morfología y extenderla a través de una labor de cría muy estudiada y seria y de la redacción de un estándar que se convirtió en el paso previo al reconocimiento oficial de la raza por parte de la sociedad canina italiana.
El Mastín Napolitano en familia
Texto: Mastines de Lecea
Sin lugar a dudas, cuando una persona ve por primera vez un Mastín Napolitano se queda sorprendido, asombrado y admirado ante un majestuoso moloso de tan inmenso poderío. Un Mastino adulto, cercano a los 100 kilos, moviéndose como una bailarina, no deja indiferente a nadie. Los que llevamos tantos años viviendo con Mastinos, intrínsecamente todos los días, en familia, no en jaulas (ningún animal merece ni debe vivir enjaulado, mucho menos un Mastino), descubrimos que si su aspecto físico es espectacular, mucho más lo es su carácter, demostrándote, cada día, la pasión y el fervor que siente por todos los miembros de su familia, desde el padre de la familia (macho dominante de la manada) hasta el gato, pájaro, etcétera, de ésta, muy especialmente con los niños y los mas débiles de la casa, los que defenderá con bravura y honor, dando su vida por ellos sin dudarlo.
Si va de paseo, por el campo, por la playa..., con el núcleo familiar, marcará, instintivamente, un círculo de un radio de unos 20 metros de diámetro, el que rodeará y protegerá con máxima atención, no se marchará como otras razas, cruzándose con otras personas o animales sin mostrar ninguna agresividad, pero valorando la situación y, si discurre con total normalidad, sin ninguna hostilidad para el núcleo, no habrá ningún problema.
En nuestra casa sólo entrarán las personas a las que vosotros daríais la llave física de la puerta o que vengan acompañados por vosotros, a los que observará, igual que en el caso anterior, valorando las circunstancias, cumpliendo su cometido. No acepta adiestramiento u órdenes de nadie que no pertenezca al núcleo. No se le puede dar un adiestramiento profesional porque no es necesario, ni lo va a permitir, el benjamín de la familia le mandará y el obedecerá ciegamente.
MASTIFF El poder del Mastiff a lo largo de la historia
El desarrollo del Mastiff como raza canina lo encontramos en Inglaterra, pero sus orígenes tenemos que indagarlos en civilizaciones mucho más atrás en la historia del hombre. Si nos remontamos hasta el siglo I a.C., encontramos una sociedad, la fenicia, volcada en las migraciones comerciales. Esto les llevó por gran parte de Europa, llegando hasta las Islas Británicas y llevando hasta allí los tesoros de su cultura, entre los que se encontraban grandes perros que habían conocido y tomado de Oriente Próximo, perros muy considerados por sus cualidades como guardianes y sus grandes posibilidades para apoyar al hombre durante el combate. Ésta fue la cualidad que, dos siglos después, enamoró a los belicosos romanos. Cuando el Imperio extendió su sombra hasta las tierras británicas, quedó prendado del gran poder de los gigantes caninos que servían a las gentes autóctonas. Entonces, la escrupulosa organización romana designó un funcionario con la única tarea de custodiar, criar y exportar los mejores perros para enviarlos a participar en los espectáculos del circo romano. Allí, se convirtieron en una “fiera” más, ofreciendo su fuerza y fiereza a las sangrientas y crueles fiestas que tenían lugar en los coliseos del Imperio, algo que se extendió por toda Europa, llevándolo a luchar ante los animales más peligrosos (osos, leones, toros…) en numerosos países, sobre todo en su patria, donde estuvo expuesto a estos “divertimentos” inhumanos hasta el año de su prohibición definitiva, 1835.
Tras la prohibición de las peleas de perros, el Mastiff sufrió una grave crisis en cuanto a número de ejemplares criados. El dato es escalofriante: en el año 1908 sólo se registraron 35 en el Kennel Club Inglés. La Segunda Guerra Mundial hizo más mella en la población del Mastiff en Gran Bretaña, con tan sólo 14 ejemplares registrados. Una vez más, la importación a países como Estados Unidos revitalizó la raza, que hoy cuenta con muchos miles de ejemplares repartidos por todo el mundo.
TRANQUILO Y BONACHÓN
Tranquilo, seguro de sí mismo, bonachón y muy noble. La imagen antigua de perro fiero, peligroso y agresivo se desvanece gracias a una selección profesional en la cría en la cual se ha buscado erradicar la aberración que se cometió con la raza en las épocas en las que tuvo que luchar a muerte por su vida. El Mastiff se ha convertido en un perro que profesa una gran bondad. Sólo con disfrutar de su mirada nos damos cuenta de la gran nobleza que encierra en su gran corpachón. Su equilibrio mental le lleva a demostrar una gran paciencia con los niños, de los que aguanta todo, convirtiéndose en un gran aliado en los juegos de los más pequeños.
Sigue siendo un gran guardián de la familia y su territorio, pero si busca un perro que intimide a través del ladrido, no lo encontrará en el Mastiff, pues lo hace muy poco, sabiendo que su apariencia resulta suficiente para amedrentar a aquéllos que lo observan. También es muy obediente, entiende las situaciones nuevas con gran facilidad y colabora con sus dueños con gusto.
BULLMASTIFF Orígenes, historia y funcionalidad
Texto: Mateu y Xavier Bonete
Se ha escrito mucho y muy bien sobre la historia del Bullmastiff; por este motivo nosotros daremos tan sólo unas pequeñas pinceladas, unas pocas ideas claras y concisas, a modo de introducción, de lo que fue el nacimiento de la raza, el por qué de su creación y los pasos llevados a cabo para ello.
El Bullmastiff fue creado en la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX por los grandes “lords” británicos de la época. El Bullmastiff nació para satisfacer la necesidad de esos poderosos terratenientes de lograr un animal capaz de guardar y custodiar sus fincas y propiedades de la acción ilegal de los cazadores furtivos.
Para alcanzar este objetivo se realizó una metódica selección entre ejemplares de la raza Mastiff y ejemplares del antiguo Bulldog Inglés. El objetivo de esos cruces selectivos era aligerar al Mastiff para que fuera capaz de perseguir a los furtivos y apaciguar la bravura de carácter del antiguo Bulldog para que no resultara incontrolable. El animal resultante tenía un carácter más equilibrado que un antiguo Bulldog y un cuerpo más ágil y liviano que un Mastiff.
El Bullmastiff no debía ser muy mordedor ya que debía inmovilizar al furtivo con su cuerpo y apresarlo hasta que llegaran los guardas. Las Leyes Forestales en la Inglaterra del siglo XIX eran muy estrictas y una mordida del Bullmastiff al furtivo podía motivar una sanción para el propietario del animal y de las tierras.
El Bullmastiff también debía saber comportarse dentro del hogar de los “lords” y mostrarse educado y respetuoso con los invitados. En los grandes salones de la nobleza el Bullmastiff ocupaba un lugar principal, a los pies de su amo y comportándose como un verdadero “gentleman” británico.
CARÁCTER Y PERSONALIDAD
Una vez hecho este pequeño comentario “express” sobre la apasionante historia que hay detrás de esta maravillosa raza intentaremos transmitirles los rasgos más característicos que conforman la personalidad de un Bullmastiff. Para ello, antes que recurrir a manidos tópicos carentes de sentido y extrapolables a casi todas las razas, intentaremos hacerles partícipes de nuestra propia experiencia personal durante todos estos años de convivencia diaria con Bullmastiff... Una de las cualidades más sobresalientes de un Bullmastiff es su carácter. A lo largo de casi 15 años hemos podido constatar que un Bullmastiff es por encima de todo un animal eminentemente familiar y que necesita del contacto humano diario para sentirse feliz y plenamente realizado.
Un Bullmastiff es capaz de sentirse igual de feliz y contento guardando la finca y las propiedades de sus dueños como durmiendo a pierna suelta en un rincón del sofá. Si un Bullmastiff se siente querido y respetado por los suyos es capaz de adaptarse a cualquier modo y estilo de vida. En algunos países del norte de Europa el Bullmastiff es utilizado por educadores y psicólogos para llevar a cabo diferentes tipos de terapias con ancianos y niños.
Esta adaptabilidad es una de las cualidades que más nos han enamorado del Bulllmastiff, siempre sabe comportarse de acuerdo a las circunstancias que le rodean y raramente protagonizara salidas de tono o comportamientos fuera de lugar.
El Bullmastiff es por encima de todo un animal tranquilo, de reacciones pausadas y comedidas, extremadamente cariñoso y muy muy sensible. El Bullmastiff se comporta de manera educada casi innatamente, como si hubiera quedado grabado en su ADN algo de aquella aristocracia británica de la era victoriana que le vio nacer.
Un Bullmastiff es un animal tremendamente seguro de sí mismo y es debido a esa enorme confianza que tiene en sí mismo que no siente necesidad alguna de alardear de su fuerza ante los demás.
Un Bullmastiff guarda su finca y las pertenencias de su familia de manera tranquila, pasando desapercibido a los ojos de los demás, sin comportamientos que denoten nerviosismo o inseguridad y transmitiendo en todo momento una gran sensación de control de la situación, casi nunca ladrará y casi nunca se moverá del lugar que él haya escogido estratégicamente para controlar sus dominios.
Un Bullmastiff es un animal cariñoso y afectuoso y sobretodo, muy muy inteligente. Un Bullmastiff no adora especialmente según qué juegos repetitivos y monótonos, eso simplemente no le motiva y terminará por aburrirse.
En definitiva, un Bullmastiff es un animal que, gracias a su inteligencia y sensibilidad, posee una enorme capacidad de adaptabilidad a cualquier ambiente. Esta adaptabilidad le convierte en un animal apto para toda clase de personas y familias, siempre y cuando se sienta querido y pueda integrarse plenamente dentro del grupo familiar.
DOGO DE BURDEOS Poder sin alardes
Texto: Patricia Lozano
Para explicar el origen de esta raza existen diversas teorías. Posible descendiente de los antiguos Alanos, hay quien asegura que provienen del Dogo del Tíbet y del Moloso Griego, mientras que otros no dudan de que se trata de una raza autóctona francesa que se ha desarrollado muy poco en los últimos 2.000 años. El cruce entre Bulldog y Mastín es otra de las hipótesis que se barajan junto con la que afirma que podría descender del antiguo Mastín a través del perro de presa español o tratarse de una raza romana estrechamente emparentada con el Mastín Napolitano. Lo que parece absolutamente claro es que los molosos llegaron a Europa a través del Mediterráneo, es decir, desde oriente hasta occidente. Se sabe que asirios, egipcios y griegos contaban con la ayuda de estos enormes perros y, naturalmente, Roma no fue menos. Julio César se sirvió de canes a los que hay quien ha bautizado como dogos romanos para conquistar la Galia. De ahí que las posibles mezcolanzas que se pudieron producir y que dieron lugar a razas diferentes pero con características comunes, den lugar a tantas teorías sobre el origen de estos perros utilizados tanto para combatir en la guerra como para ejercer funciones de guarda en tiempos de paz.
Pero, al margen de su posible origen, lo cierto es que durante muchos años existió en Francia un perro poderoso y enorme dedicado al cuidado de haciendas que no sólo avisaba de la presencia de posibles peligros como hacían los perros pastores sino que era capaz de enfrentarse con cualquier animal; la leyenda dice que incluso llegó a medir sus fuerzas con un jaguar.
Sin embargo, su papel de guardián de aristócratas y dirigentes que adoptó no hizo más que perjudicarle durante la Revolución Francesa pues muchos fueron asesinados junto con sus amos. Los relatos de la defensa que hacían de las propiedades y de sus familias resultan escalofriantes a la vez que heroicos. A punto de extinguirse, los pocos que lograron sobrevivir son tachados de fieras por el pueblo que comienza a utilizarlos como perros de pelea que no sólo deben batirse entre sí sino también medirse a lobos y osos como cuando cuidaba de las tierras, pero esta vez en un espectáculo bochornoso en el que la sangre y las apuestas eran las protagonistas.
En estos tiempos existían dos tamaños: uno más grande, capaz de enfrentarse a cualquier animal, y otro más pequeño, el «doguin» cuya especialidad era la lucha contra toros y burros. La obra del siglo XVIII Historia Natural de Buffon hace referencia a este último, aunque luego parece haber desaparecido; no así su pariente más grande. En su larguísima historia, el Dogo de Burdeos ha pasado por diferentes etapas. Empezó como combatiente poderoso, pero además fue utilizado como perro de guerra, de caza y como perro guardián. También se le conoció como el «perro del carnicero» pues era el encargado de conducir el ganado al mercado. En la actualidad es un perfecto perro de compañía muy apreciado en las exposiciones.
En 1863 tuvo lugar en París la primera exposición canina francesa en la que los Dogos de Burdeos dejaron clara su supremacía, si bien todavía pasarían algunos años para que los especialistas se pusieran de acuerdo en el estándar de la raza. Tampoco fue ajena a las dos guerras mundiales y, a punto de extinguirse después de la II Guerra Mundial, tuvo un gran auge a partir de 1960.
DISTINTAS INFLUENCIAS
En el origen del Dogo que conocemos han existido diferentes tipos: tolosano, parisino y bordelés, cada uno con distintas influencias de otras razas. Gracias a la selección de criadores entusiastas de esta raza, el Dogo de Burdeos ya no es un perro de pelea huraño, sino que se ha transformado en un animal equilibrado, sensible y muy apto para estar en compañía de niños. En apariencia, es un atleta imponente, muy musculoso, con una enorme cabeza llena de arrugas y una expresión severa que infunde un gran respeto, pero se siente muy apegado a su amo, es sensible y afectuoso además de equilibrado, obediente, reflexivo y calmado. Con los más pequeños se muestra muy paciente y cuidadoso, dado que posee una gran conciencia de su fortaleza y no tiene problemas de obediencia porque está muy seguro de sí mismo; se trata de un amigo fiel y amable con la gente siempre y cuando no sienta que él o los suyos están en peligro.
Parte de culpa de la fama que posee esta raza en la actualidad la tiene la película protagonizada por el estadounidense Tom Hanks “Socios y sabuesos” (1989) en la que el rostro grande y arrugado del perro protagonista atrajo una gran atención hacia el Dogo de Burdeos que en muchos países era, hasta ese momento, totalmente desconocido.
Desde que apareciera el primer estándar en la obra «Dogo de Burdeos» de Pierre Megnin en 1896, ha habido cuatro revisiones hasta llegar al que actualmente reconoce la FCI, publicado en abril de 1995.
FILA BRASILEÑO Historia de un perro del Nuevo Mundo
Para tratar los orígenes y los primeros pasos del Fila Brasileño junto al hombre, debemos remontarnos a los tiempos del descubrimiento de América y la colonización del Nuevo Mundo. A principios del siglo XVI comenzaron a llegar a costas brasileñas los primeros emigrantes portugueses. Éstos llevaron a los perros que trabajaban con ellos en el Viejo Mundo como pastores, guardianes, cazadores…, pero los perros que sirvieron en mayor número durante la época de las colonias americanas fueron los perros que se utilizaban en la contienda.
PERROS DE PRESA, MASTIFF Y BLOODHOUND
De todo esto se deduce que el perro ideal en estos menesteres debía ser trabajador, enérgico, fuerte y que hiciera gala de un gran valor. Sin embargo, no se conoce de manera exacta cómo surgió el Fila Brasileño, pero se han señalado tres razas y grupos caninos como los principales aportadores de genética a la hora de perfilarlo: los antiguos perros de presa (bulldogs), el Mastiff inglés y el Blood Hound.
Entre los antiguos perros de presa europeos encontramos referencias de perros de pelea como el engelsen, llevado por los marineros holandeses, un perro de aspecto feroz y de temperamento muy marcado, tenaz y agresivo.
Al tratar la influencia del Mastiff, la observación básica del Fila nos hace pensar en la veracidad de esta posibilidad. El Mastiff aportó su tamaño y su sustancia morfológica. Su cabeza grande y potente, el cuello corto y la grupa curvada nos llevan de nuevo a pensar en este moloso inglés, además del color de la capa o la máscara negra de su cara.
Lo mismo sucede al pensar en el Bloohound o Perro de San Huberto, aunque éste no fue llevado a América del sur hasta principios del siglo XIX. Catalogado como el mejor perro de rastro, el Bloodhound transmitió al Fila una buena parte de esta gran cualidad, convirtiéndole en un fiero y entregado perro de caza capaz de enfrentarse a las piezas más respetables de la fauna brasileña y de defender las grandes fincas de este país, como los jaguares que atacaban al ganado con más asiduidad. Morfológicamente, el Bloodhound también contribuyó a que el Fila aumentase eficacia en la lucha contra las fieras de la jungla brasileña. Lo comprobamos en los pliegues de la piel de su cuello o los labios colgantes. Esta piel suelta pero muy gruesa y dura se convierte en la mejor defensa ante las letales armas de los grandes felinos sudamericanos.
La vida en el continente americano requirió mucho trabajo por parte de los colonos, en particular, en la zona brasileña, que es la que ahora nos interesa. Estos colonos necesitaron desde el primer momento un fiel guardián que mantuviese sus nuevas propiedades a salvo de los que buscaban los mejores terrenos para establecerse. A su vez, la defensa también se encauzaba además de ante otros seres humanos, ante animales que amenazaban al ganado doméstico, caso de los jaguares. También se le utilizó para detectar y agarrar los grandes suidos sudamericanos, convirtiéndose en un gran oponente ante las defensas de estos jabalíes. La guarda, la defensa, la caza…, pero también fue utilizado para el control de los esclavos, muy numerosos en las bastas plantaciones. Además de poder rastrear, también hacía presa cuando encontraba su objetivo, de ahí que cao de fila pueda traducirse como perro de presa.
Cuando la esclavitud es abolida, estos perros pasan a ocuparse de otras funciones en estas grandes haciendas, como ocurrió con el pastoreo, trabajo para el cual goza de instintos naturales que le convierten en un gran guardián de grandes rebaños.
En el año 1968 se confeccionó en primer estándar de la raza, escrito por los doctores Erwin Rathsam, Paulo Santos Cruz y Joao Ebner, fecha en la que también fue reconocido por la FCI. Este estándar fue revisado con motivo de uno de los grandes acontecimientos que han sucedido para la raza: el Congreso nacional de la raza celebrado en Río de Janeiro en 1983. Se comenzó un trabajo muy escrupuloso que detalló exquisitamente el estándar de la raza que finalmente vio la luz en el año 1994.
UN CARÁCTER MUY ESPECIAL
Un Fila es un perro que desarrolla su mejor carácter cuando ha sido socializado y tratado por sus dueños de la mejor forma. Si le damos cariño, estaremos potenciando lo mejor que este perro puede ofrecernos: su protección y la guarda de nuestras propiedades. Si la convivencia y el contacto con su dueño son óptimos, el perro crecerá equilibrado psíquicamente.
Se trata de un perro muy reticente ante los extraños. Ese carácter ha sido el que le convirtió en el perro más requerido para tareas de guarda de Brasil y, posteriormente, de muchos otros puntos del planeta. Cuando las grandes haciendas fueron dejando paso a los núcleos urbanos, el Fila fue utilizado como la herramienta más eficaz ante la creciente delincuencia. Esto es debido a que se trata de un animal muy seguro de sí mismo, de su fortaleza, además de demostrar un coraje que parece no tener límite. Su instinto de protección es muy fuerte en su temperamento, lo que no le convierte ni por asomo en un perro peligroso o agresivo. Agresividad y protección son dos comportamientos distantes en extremo. Este perro adora a su dueño, por eso lo defiende. Es cuestión de afecto, de amor, protege lo que ama, lo cual es muy distinto a agredir a otros perros o seres humanos sin razón, algo que no sucede si hablamos del Fila Brasileño.
Ante su familia se muestra como un perro muy cariñoso, afable y obediente. Se encariña tanto con su dueño que, una vez es adulto, le resulta muy difícil cambiar de familia. En casa es un perro totalmente tranquilo y sosegado, al igual que ocurre cuando le sacamos a dar el paseo. Con los niños no muestra ningún problema, así como con otras mascotas, a las que se acostumbra pronto. Con otros perros, sobre todo entre machos, se muestra dominante, lo cual deberemos tenerlo en cuenta a la hora del paseo si nos encontramos con perros del mismo tipo, aunque esa dominica no tiene por qué traducirse en ataques o reyertas.
TOSA INU El gran luchador
Texto: Patricia Lozano
Antiguos documentos describen a un perro-lobo cazador de jabalíes, el Nihon inu, que después se dedicó a la lucha. En principio, las peleas entre perros no fueron algo generalizado pero, a partir de 1854, se extienden por todo el país como un ejemplo para los jóvenes samuráis que debían aprender del valor y la entrega que estos animales mostraban en combate.
Los últimos años del periodo Tokugawa estuvieron marcados por la crisis y las revueltas generalizadas en todo el país pero, tras la muerte del último emperador de la saga, Komei, el gobierno fue ocupado por el joven Mutsu Hito que, apoyado por los reformistas del movimiento legalista, eligió el nombre de Meiji (gobierno de las luces) para su reinado. Japón supera la crisis, se moderniza y abre sus fronteras a occidente lo que provoca la llegada de diferentes razas europeas que pronto intervienen en las peleas caninas.
AÚN MÁS FUERTE
El Nihon inu, de menor tamaño que muchos de estos perros, comenzó a perder combate tras combate, por lo que los criadores japoneses se vieron en la necesidad de hacer más fuerte a su perro de lucha local. Para ello, aprovecharon a los perros importados para cruzarlos con el Nihon inu. Primero, en 1872, fueron el Bull terrier y el Bulldog, elegidos por la tenacidad que mostraban en los combates; después se introdujo al Mastiff (1874) por su gran tamaño; más tarde al Pointer (1876) del que se buscaba su agilidad y su fino olfato y, finalmente, el Gran Danés también participó (1924) por su tamaño y agilidad. Todo este programa se llevó a cabo en la región de Tosa, en la isla de Shikoku, un lugar donde existía un interés especial en las peleas de perros. El resultado fue un animal de gran tamaño, preparado para cualquier oponente al que se enfrentaba con ferocidad y en total silencio y que fue bautizado como Tosa inu. Su fama pronto se extendió por todo el país y criadores japoneses de todas partes comenzaron a trabajar con esta raza.
En general, los Tosa inu permanecieron en manos de personas involucradas en los combates caninos puesto que no cuajaron como mascotas. Sin embargo, se ha demostrado que es un excelente perro guardián y gran amante de su familia, por la que daría la vida.
No es una raza muy extendida, ni siquiera en su país de origen, donde prima la competitividad, la fuerza, la determinación y la resistencia tanto física como psicológica antes que la morfología por lo que es bastante raro ver ejemplares japoneses en exposición.
Al contrario de lo que pueda parecer, no se trata de un perro feroz sino protector, leal, tranquilo, paciente y, sobre todo, muy reservado. Este rasgo de su carácter viene dado porque en los combates debe luchar silenciosamente. Son perros muy inteligentes y extremadamente sensibles al tono de voz del amo que debe educarle con firmeza pero sin recurrir al castigo físico.
Imbuidos de una larga tradición, los Tosa inu son muy apreciados en su ambiente y son pocos los criadores japoneses interesados en exportar sus ejemplares a occidente.
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