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Hemeroteca :: Edición del 01/09/2009 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 24/08/2009@08:28:41 GMT+1
Texto: Patricia Lozano
El Bulldog Inglés, un perro que en sus orígenes se vio obligado a enfrentarse a toros y osos y cuya “evolución” morfológica ha estado ligada, inevitablemente, a estas prácticas brutales, es una de las razas inglesas más conocidas. Al ser prohibido cualquier espectáculo que implicase maltrato animal, se convirtió en un perro de compañía que pronto dio un salto a las exposiciones. Su presencia en el ring motivó nuevos cambios físicos para hacer aún más extrema su apariencia y, aunque sigue siendo tenaz y valeroso, su aspecto actual le impide enfrentarse a ningún animal. Por su parte, el Lancashire Heeler, perro conductor de ganado, consiguió sobrevivir a la aparición del transporte mecanizado gracias a que su sangre de Mancherter Terrier le permitió reconvertirse en cazador de roedores. Surgido del cruce entre el Welsh Corgi y terriers de la ciudad de Ormskirk, de los primeros heredó sus aptitudes para guiar al ganado y, de los segundos, una excelente condición como cazador de ratas.

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Bulldog Inglés
Un tipo primitivo de dogo llevado a Inglaterra cuando los normandos conquistaron este país en el siglo XII, es el antepasado del Bulldog Inglés. Como suele ocurrir, los vencedores tratan de dominar a los vencidos en todos los ámbitos de la vida y la forma en la que la gente debe divertirse no es una excepción. Así, uno de los espectáculos introducidos por los “artistas” normandos consistía en ver cómo esos dogos atacaban a osos y toros atados con cadenas. Los ingleses no hicieron ascos a este “deporte” que denominaron bull-baiting (pelea contra toros) y su popularidad fue creciendo hasta el punto de que cuando Enrique II accedió al trono estaba totalmente generalizado.
Con los años, esta práctica se hizo cada vez más brutal. Al principio los toros y los osos que se utilizaban debían servir para más de un espectáculo pues eran demasiado valiosos pero las peleas se fueron volviendo más salvajes y la tortura hasta la muerte se hizo habitual. Al mismo tiempo, pasó de ser un pasatiempo de las clases bajas a un divertimento de la corte; de hecho, en el siglo XVI, Isabel I acostumbraba a agasajar a sus invitados más ilustres con estos espectáculos. Y, por supuesto, los más avezados no dejaron escapar el filón. Se lanzaron a “mejorar” la raza buscando perros cada vez más letales.
El sistema de ataque era básicamente el mismo: se lanzaban a la cabeza del toro y trataban de aferrarse al morro, las orejas o la lengua y resistir mientras el toro trataba frenéticamente de librarse del agarre. Para lograrlo, el perro necesitaba unas mandíbulas grandes y poderosas además de que debía ser capaz de continuar respirando mientras maltrataba a su enemigo. Así que, para facilitarle la tarea, se pensó que necesitaba una cabeza más amplia y pesada además de un cuerpo más pequeño que le permitiese acercarse al toro sin ser una presa fácil para sus cuernos. El dogo primitivo se convirtió en un perro más pequeño, con una boca más grande y unas mandíbulas más anchas con el hocico alejado de ellas. De esta manera se gestó el que luego sería el Bulldog de pura raza.
Como perro de compañía, el Bulldog es manso, tranquilo, apacible, aunque algo testarudo, por lo que hay que trabajar su educación desde pequeño. Sigue siendo tenaz y valeroso pero, dado su aspecto actual, le sería muy difícil enfrentarse a un toro.
Es un perro de pelo corto, complexión pesada, más bien bajo en estatura, ancho, poderoso y compacto. Así es como lo describe la FCI en su estándar que incluye en la sección 2.1 del grupo 2 como perro molosoide de tipo Dogo. La cabeza del Bulldog es más bien grande en proporción a su tamaño pero ninguna parte de su cuerpo debe ser excesivamente más grande en relación a las demás, rompiendo la simetría general, haciendo ver al perro deforme o interfiriendo en su capacidad de movimiento. La cara es corta y el hocico, ancho, romo e inclinado hacia arriba.
La FCI hace especial hincapié en que no son deseables los perros que muestren problemas respiratorios. Además, su cuerpo debe ser corto y de buena estructura sin que tenga tendencia a la obesidad. En cuanto a su carácter, “debe dar la impresión de determinación, fuerza y actividad”. Es alerta, valiente, leal, dependiente, valeroso y, aunque de apariencia feroz, tiene que ser de naturaleza afectiva.
Lancashire Heeler
Mezcla de Welsh corgi y Manchester Terrier, el Lancashire Heeler se creó para conducir al ganado. En su evolución hay dos corrientes, una que asegura que cuando el ganado comenzó a ser trasladado por transporte mecánico se reconvirtió a cazador de roedores (gracias a su herencia del Manchester Terrier) y otra que sostiene que desapareció en el periodo de entreguerras y volvió a ser reconstruida a partir de 1960 dado que se conocían perfectamente sus orígenes. Sin embargo, el club de la raza niega esta última posibilidad y, aunque reconoce que es posible que algunos criadores hayan obtenido ejemplares de este modo, existen familias que guardan sus registros de cría desde hace 70 años.
Aún así, se cree que el Lancashire surgió casi por accidente. Antiguamente, el ganado vacuno tenía que ir caminando hasta el mercado y los pastores se ayudaban de perros de pequeño tamaño que hacían que las vacas caminasen propinándoles pequeños mordiscos en los talones. No era una tarea fácil porque un mordisco suave no servía para nada mientras que uno demasiado fuerte podía hacer que el animal se desbocase.
Uno de los especialistas en este arte era el Welsh Corgi y se cree que cuando el ganado galés era conducido por ejemplares de esta raza al mercado de la ciudad de Ormskirk, en Lancashire, se aparearon con terriers locales dando como resultado un perro negro y fuego más grande y esbelto que el Corgi y más achaparrado que el Manchester Terrier. Del Welsh Corgi heredó aptitudes para la conducción del ganado y del Manchester una excelente condición como cazador de ratas.
Así, cuando el ganado comenzó a transportarse en vehículos, el trabajo de todos estos perros se hizo innecesario y muchas razas desaparecieron; no así el Lancashire que sobrevivió exterminando roedores para, años después, convertirse en perro de exposición. El número de ejemplares aumentó, fue reconocido por el Kennel Club y se le concedió el Certificado de Campeón hace ahora diez años.
En la actualidad, muchos aficionados se sienten atraídos por un perro vivaracho y de gran personalidad que, aunque no es muy común, no corre el peligro de desaparecer.
El Kennel Club incluye el estándar de esta raza en el grupo de perros pastores y lo describe como un animal pequeño –la talla en los machos se sitúa en los 30 centímetros y en los 25 centímetros para las hembras- y sólidamente construido. Es un trabajador enérgico y alerta, dedicado al ganado pero con instintos de terrier con conejos y ratas. De temperamento valiente, alegre y cariñoso con su propietario.
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