El papel del perro en la historia del hombre ha tenido múltiples caras. Nos podemos remontar a las épocas y etapas culturales que queramos imaginar y allí encontraremos alguna manifestación en la que el perro ha sido retratado de una u otra forma. Pinturas, canciones, leyendas, esculturas, relieves, literatura, fotografía..., son sólo algunos de los soportes que han representado al perro desde que hombre y perro unieron sus caminos, plasmando un universo tan complejo como fascinante. Desde el entrañable trasfondo reflejado de manera sencilla y directa en La Odisea de Homero, el cual denota una fidelidad inquebrantable entre Argus y su dueño, el heroico Ulises, hasta los simpáticos sabuesos que inmortalizó Pierre en sus pinturas hace cincuenta años o los trabajos más recientes de Joan Miró o Andy Warhol, pasando por un sinfín de destacados artistas que han dado forma a alguna cualidad canina en sus obras.
Esta atribución de cualidades es algo que siempre ha estado ligado al perro, unas veces para bien y otras no tanto. Como ejemplo, podemos acudir a la tan recurrida expresión “espíritu de Bulldog”, utilizada en el Reino Unido en época de guerra y que cumplía la relevante misión de cohesionar al país en sus horas más difíciles bajo un espíritu de lucha inquebrantable. A través del arte también hemos sido invitados a ver el mundo desde el mismo ángulo en el que lo recogen los ojos de un perro. A la memoria acude una obra urbana de Chapman (“La vida está llena de emociones”) realizada hace 17 años en la que en la ciudad que crea el autor no hay personas ni comercios, ni siquiera edificios, tan sólo encontramos un perro ante una “sugerente” farola que se erige casi en actitud retadora para el perro, una no menos desafiante boca de incendios, aceras, muros muy interesantes y algunos coches que parece que quieren ser perseguidos. Todo esto capta de manera magistral el mundo particular que se abre ante un perro en cualquier ciudad.
Todo esto viene a colación de que en este número podemos disfrutar de un interesante artículo que expone el papel del can en el arte pictórico desde el siglo XVIII, en el que recogemos la visión de diferentes autores y las principales tendencias que han llevado al perro al protagonismo en estas obras de arte. Seguro que en alguna de ellas reconocemos un gesto, una acción o la mirada fiel y cariñosa de nuestros perros, aquélla que sedujo al artista y que quedó representada para que nunca se olvide ni se pierda.