14 de julio de 2020, 14:01:48
BLOG DE PSICOLOGÍA


No existen varitas mágicas

Texto: Pablo J. Díaz Manzano (Psicoterapeuta canino de Camada).


“Mi perro llora y lo destroza todo cuando nos vamos de casa”, “mi perro se enfrenta a todos los perros por la calle”, “mi perro ladra y ladra y ladra hasta que le doy lo que quiere”…
Estos son algunos de los motivos que hacen que los propietarios de perros no estén contentos con sus mascotas y que acudan a nuestra consulta.


Cuando llegan a nuestra consulta, en muchas ocasiones, ya han probado con otros adiestradores o educadores que no han solucionado sus problemas, han escrutado las páginas de internet, foros, blogs,…. en busca de algún remedio rápido y “barato” que solucione sus problemas.

Pero, ¿por qué fallan estos remedios? ¿por qué no se solucionan sus problemas?

Es muy frecuente, cuando llegan a nuestra consulta del gabinete psicológico canino, que su mayor pretensión sea solucionarlo “como en la tele”, solucionarlo rápido, sin esfuerzo, con un chasquido de dedos, como si fuésemos “cocodrilo dundee”, con una varita mágica. Pero eso no es posible, créanme, desde que el perro es un animal con inteligencia, sentimientos, emociones, sensaciones… hay que trabajar en su desarrollo, sino se desarrollara bajo los parámetros equivocados.

Partamos de la base que la mayoría de la gente adopta, compra o adquiere un perro sin tener mucha idea de lo que es y de sus necesidades. Obviamente esto tendrá consecuencias en el desarrollo emocional, intelectual y educativo del perro. A nadie se le ocurre comprarse un coche y al tercer accidente ir a la autoescuela a aprender a conducir. Por desgracia en el mundo canino es la tónica general.

Cuando se convive con un perro, y aunque con muy buenas intenciones, se han hecho las cosas bajo unos parámetros equivocados, esto provoca unos resultados que se alejan mucho de lo que todo el mundo espera que sea una convivencia buena, es decir genera problemas.

Cuando un perro tiene un problema de comportamiento lo primero que hay que hacer es diagnosticar. Se imaginan a un medico que, en su consulta, le receta las mismas pastillas a todo el mundo. Pues esto sucede, en la mayoría de los casos, cuando ante problemas de comportamiento aplicamos sistemáticamente adiestramiento o simplemente condicionamientos operantes.

Realizar un diagnostico a un perro es saber el origen del problema, solo cuando se sabe el origen del problema sabremos qué solución aplicar. Si no sabemos el origen del problema y aplicamos una “solución” es posible que acertemos o no, pero cuando se sabe que origina los malos comportamientos podremos eliminar los problemas.

Una vez que el diagnostico esta hecho hay que trabajar en y con nuestro perro. Todo cambio de conducta lleva un tiempo, entre otras cosas porque hay que explicárselo y el tiene que entenderlo, y esto requiere de esfuerzo de los propietarios y de los perros, esto conlleva implicación, conocimientos, tiempo, cariño, consistencia…

Desde que se “descubrió” que el perro es un animal con sentimientos, inteligencia, emociones… solo nos queda invertir tiempo y esfuerzo en ellos, porque: “no existen las varitas mágicas”.


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