6 de julio de 2020, 13:53:51
Canicultura


¡Se cree solo! ¡No puede soportar la presencia de otros perros!

Por El Mundo del Perro

Es un hecho: con ellos se muestra siempre agresivo y los paseos representan una tensión constante para el dueño, cuando en realidad deberían ser un pretexto para relajarse y comunicar con los otros amos. ¿Qué puede significar semejante agresividad? Cierto, hay razas más naturalmente dominantes que otras, pero dentro de una misma raza existen ejemplares totalmente opuestos. Lo que marca más profundamente a todo perro son sus primeras semanas de vida. Bastan algunas experiencias desagradables para que todo su futuro se vea alterado. Así es como un cachorro amable, abierto y cariñoso varias veces agredido por sus congéneres puede transformarse, algunos meses más tarde, en una auténtica fiera.


En el fondo, no vive, sobrevive, y por puro miedo ataca antes de ser atacado. Probablemente ni siquiera sabe defenderse: coge al enemigo por sorpresa, sin técnica ni “ética”. Y el enemigo está por todas partes; poco importa su raza, su edad, su sexo, su tamaño, nuestro amigo vive en un estado permanente de paranoia.

Un caso típico es aquel del cachorro que no ha sido educado por su madre. Es primordial que ésta esté presente durante las primeras etapas de su vida a fin de sociabilizarle. Una hembra normal le enseñará a respetar a los mayores, a los más fuertes; le mostrará las actitudes de lucha y de sumisión y cuál es el comportamiento idóneo frente a la comida y a los límites de su territorio.

En segundo lugar entran los roles del criador y del propietario definitivo. No es ninguna aberración pedir a los amos ser firmes (lo que no implica ser injustos o déspotas). Simplemente debe saber imponerse desde el primer contacto. Si tenemos miedo al perro –incluso intentando no mostrarlo- se establece una relación en la que el animal se siente forzado a dominar al amo y a retar constantemente su autoridad.

Cuando se adquiere un cachorro hay que evitar mezclarlo en seguida con un grupo de adultos, y menos aún sin vigilarlo. Sociabilizarlo significa introducirlo progresivamente en un mundo nuevo, donde necesariamente, las primeras experiencias serán determinantes; por ello han de ser agradables.

La edad crítica de un cachorro se sitúa entre los ocho y los diez meses. En esta etapa de su vida se siente más fuerte y tiende a buscar sus límites dentro de la jerarquía canina del barrio.

El éxito de control depende de su educación: no han sido separados de la madre demasiado pronto, han compartido sus juegos con los hermanos; generalmente se les permite desfogar su energía practicando algún deporte, tiene dueños atentos, viven en un entorno natural. No hay milagros ni perros excepcionales, sólo un perfecto conocimiento psicológico por parte del propietario.

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