7 de julio de 2020, 18:42:39
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La enfermedad del miedo

Por Nacho Sierra

Descrita hace muchos años por el psiquiatra Antoine Porot en el libro Psiquiatría animal, se trata de una enfermedad que origina un cuadro de conductas de terror, confusión extrema y desorden radical del comportamiento, provocando crisis compulsivas y ladridos defensivos que conllevan agresión. En ocasiones un ruido, sonido o un estímulo condicionado es lo que destapa la crisis. Entre los sonidos destacan los producidos por las tormentas, los petardos o los fuegos artificiales. Otras causas podemos encontrarlas en colocación del collar, en la acción de salir a la calle, en una simple caricia y, a veces, simplemente con una mirada.


El proceso suele comenzar cuando el animal, de forma desordenada, entra en fase previa de ansiedad para desencadenar en una crisis de tipo motor: ladridos, carreras, convulsiones epileptiformes, actividad motora violenta y así terminar en una fase de recuperación inmediata y sin secuelas, aunque con agotamiento extremo final. Durante este tiempo (de uno a dos minutos) puede relajar las glándulas peri anales y los esfínteres. En ocasiones, se golpean contra las paredes y se pueden llegar a autolesionar. La agresión puede surgir en el momento que intentamos reducirle o controlarle. Parece ser que existe una relación directa entre una TMA (tara maniático agresiva) y la enfermedad del miedo.

HISTERIA Y EPILEPSIA
En ocasiones también se ha denominado a esta enfermedad como histeria canina que no debe confundirse con la epilepsia, que es involuntaria. No obstante, algunos autores han apuntado que en los casos de agresión maniática y compulsiva puede existir una forma primaria de epilepsia psicomotora, dado que el electroencefalograma (EEG) revela un patrón determinado, común y característico.

Pero, en cualquier caso existe una gran diferencia. En primer lugar, la histeria es voluntaria y la epilepsia no, cualquier estímulo brusco de componente negativo o asociado a uno negativo les puede llevar a tener la crisis.

Tiene una base hereditaria y se han dado bastantes casos en razas criadas con excesiva consanguinidad. Parece que este factor, la consanguinidad muy intensa, puede favorecer la aparición de este trastorno.Otros factores que pueden contribuir a la aparición de cuadros pseudo-histéricos son la existencia de algunos priones, virus causantes de enfermedades como la encefalitis derivada de la rabia, la toxoplasmosis, etc. También hay autores que apuntan que el exceso de gluten de trigo puede contribuir en la posible aparición de conductas de tipo histérico.

Actualmente se está investigando al respecto en el campo de la neuropsicología y se han encontrado alteraciones fisológicas y anatómicas en el cerebro de los animales estudiados a través de escaner.

Según Mentzel, en muchos casos de agresión idiopática existe un foco en el sistema límbico producido por una alteración de los ganglios basales y también desequilibrios de la serotonina en el núcleo caudado.

TRATAMIENTOS
Esta enfermedad, dada su base orgánica, no tiene curación completa, pero se pueden reducir sus síntomas y evitar las conductas de desviación desordenadas. Los tratamientos de conducta deben ir acompañados de medicación que debe ser recetada por un veterinario. Los antidepresivos utilizados en medicina humana como el Prozac puede ayudar a la mejora de los síntomas y a la ejecución del tratamiento conductual. Igualmente el hipérico en cápsulas, también llamado “hierba de San Juan”, de venta en farmacias (sin receta), pero siempre administrada con precaución, conforma otra opción a utilizar si queremos evitar los fármacos de componente químico. Hay algunos autores que también recomiendan como apoyo las llamadas “Flores de Bach”.

Los procedimientos en negativo son capaces de cortar una crisis histérica o un ataque de pánico, ya que existe voluntariedad de la conducta, aunque emocionalmente el animal se encuentre bajo los efectos del pánico. Un estímulo negativo intenso y sorprendente (como la mítica y cinematográfica “torta” aplicada en la histeria humana) puede cortar un estado de “trance” en el animal y ayudarle a ordenar su conducta, ya que peligra su corazón por el alto nivel del ritmo cardiaco. Posteriormente habrá que iniciar procedimientos de desensibilización en positivo una vez que la conducta ya está bloqueada por reforzamiento negativo.

En todos estos casos y dado la complejidad del tratamiento es necesario ponerse en contacto con un terapeuta de conducta acreditado que pueda elaborar un tratamiento que elimine los síntomas agresivos o las conductas desordenadas y nos ayude a convivir en el futuro con un animal con esta problemática.

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