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Enseñar a jugar a nuestro perro

Enseñar a jugar a nuestro perro
Texto: Benigno Paz

Observando la camada, con la prole cachorreando con todo, uno puede comprobar que nuestros perros eso del juego lo llevan dentro desde el principio, al menos en lo que se refiere al juego e interacción con sus congéneres. Además, parece que todo les sirve: una mosca, otro cachorro, su madre, el cordón de un zapato o el propio rabo, para jugar, disfrutar, descubrir el mundo que les rodea y potenciar sus habilidades.
Los juegos más frecuentes con los que nos encontramos son los de:
• Persecución, «polis y cacos».
• Fuerza, para quedarse con el palo, «tira y afloja».
• Rastrear, donde se esconden los demás, «escondite».
• Morder y tratar de mover de un lado a otro, «sacudir a la presa».
• Localizar y cobrar un objeto, «cobro».

Con todo este repertorio que nos encontramos al observar una camada sana y equilibrada en un entorno bien atendido, uno se pregunta dónde está el problema, ¿qué necesidad hay de enseñarles a jugar? Pues ocurre que lo que vemos es el juego y la interacción natural entre perros, algo que nos encanta, que disfrutamos y nos relaja y hace sonreír. Observamos al cachorro en la camada con sus locas interacciones, nos parece perfecto, pero necesitamos mostrarle cómo interaccionar con los humanos, mucho más torpes que sus hermanos de camada, para comprender su lenguaje y las reglas que rigen en sus interacciones, y los humanos tendemos a imponer nuestras reglas de juego y nos cuesta aprender a interaccionar con los perros siguiendo sus reglas, por los riesgos que supone para nosotros.

El juego no se puede imponer, ha de ser algo con lo que el perro debe disfrutar (por lo que quedan descartadas las técnicas aversivas) y de ese modo ayudarnos a potenciar su aprendizaje, fortalecer nuestro vínculo y afrontar nuevos retos.

PROBLEMAS DURANTE EL JUEGO
A la hora del juego con nuestros perros solemos encontramos con alguno de estos problemas:
1º El perro es muy efusivo y entusiasta, no se controla, muestra un exceso de excitabilidad, es brusco y no resulta agradable la interacción, ya que nos hace temer por su integridad y la nuestra. Este caso preocupa -y mucho- a los propietarios, que se sienten desbordados por tanta energía y entusiasmo por la situación, pero hace las delicias de los profesionales que lo encauzan, poniendo normas claras, para utilizarlo como una potente herramienta en el proceso de adiestramiento, motivar y premiar al perro en los distintos ejercicios.

2º El perro no muestra ningún entusiasmo por el juego e interacción con los humanos, no parece disfrutar con los estímulos que le presentamos (objetos y juguetes), está apático en su interacción con los humanos, incluso evitándolos, aunque es capaz de jugar y correr con otros perros. Es necesario lograr que descubra lo maravilloso, relajante y gratificante que resulta también el juego con los humanos, algo que sólo conseguiremos si ganamos su confianza y trabajamos en positivo.

LOS PEQUEÑOS PERO IMPORTANTES DETALLES DE SEGURIDAD
A.- Enseñarle a dejar los objetos (si vamos a jugar al cobro) y/o utilizar más de un objeto, en particular para los perros con gran entusiasmo.

B.- En los juegos de fuerza no se trata de demostrar que somos mucho más fuertes, ni de arrancarle un diente, ni de causarle lesiones en el cuello o las patas, así que evitaremos los tirones bruscos y excesivos, sin importarnos si nuestro perro es el que se queda finalmente con el objeto.

C.- Utilizar juguetes apropiados a la talla de nuestro perro, que no se pueda tragar en su entusiasmo y excitabilidad. Juguetes que sean seguros, que estén enteros y que tengan la textura adecuada para facilitar la interacción con nuestro perro.

D.- Realiza sesiones de juego cortas y frecuentes, controlando siempre el grado de excitabilidad del perro. Evita los juegos bruscos o aquéllos que puedan suponer un riesgo para nuestra integridad (saltos, movimientos bruscos, etcétera).

E.- Mantén los juguetes al nivel de tu cintura o más bajos si tu perro es de pequeño tamaño para impedir que tenga que saltar para alcanzarlo (en esos saltos alguna de sus patas podría descontrolarse y sus uñas arañar tu piel o lastimarse).

F.- No fuerces a tu perro a jugar. Dosifícalo. Utilízalo a modo de ¡Bingo! para premiar ejercicios especialmente buenos.

G.- ¡Diviértete con tu perro!
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