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EDITORIAL

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:19h
Nunca una palabra había hecho tanto daño a una especie animal. «Potencialmente». No tengo duda alguna de que en su día se convirtió en la salida fácil de algún administrador legislativo para intentar decir mucho sin llegar a hacerlo. No soy experto en leyes, pero apenas recuerdo haber oído o leído otra ley, quizá algo sobre medioambiente y actividades potencialmente contaminadoras, que se base en la potencialidad. Una ley
nacida de la presión social, del clamor de una parte de la población, muy desinformada
por parte de ciertas vías de comunicación que encontró en ciertos sucesos el filón informativo del que beben y que explotan hasta la saciedad los medios de comunicación
a los que la actualidad no les parece suficiente. A partir de ella, cayó una losa general
sobre unas razas que nadie sabe muy bien por qué llegaron a la lista negra. Se redactó
que por un presumible carácter agresivo. Revisaré lo que los estándares dicen sobre
este aspecto en las diferentes razas, porque, sinceramente, no recuerdo haber leído la
palabra agresivo en el apartado correspondiente de ninguno de ellos. El tamaño también
ha sido un recurso fácil para no tener que profundizar más en el verdadero problema.

Si el perro es grande, más daño puede hacer, debió intentar pensar una mente con el
día poco fino. Así, una altura de más de cincuenta centímetros a la cruz y un peso superior a veinte kilos fueron los números estipulados.

La potencia de mandíbula es otro de los factores que se tuvieron en cuenta. Lo dicho
hasta ahora nos sigue sirviendo. Estos factores resultan poco menos que ridículos si
realmente queremos establecer lo potencialmente peligroso que puede ser un perro.

A partir de aquí, fueron ocho las razas fatalmente nombradas por la ley: American
Staffordshire Terrier, American Pit Bull Terrier, Staffordshire Bull Terrier, Rottweiler,
Dogo Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu y Akita Inu. Aunque se menciona que el «peligro» lo conlleva el individuo y no la raza, en el desarrollo de la ley encontramos estas razas que, curiosamente según las estadísticas, no son las que más lesiones causan al ser humano.

He leído a muchos autores que defienden que la agresividad en el perro es algo aprendible. Si esto es así, porque no existe estudio alguno que demuestre que la agresividad es algo heredable, que un perro aprenda a ser peligroso es responsabilidad directa del que enseña, ya que el perro no tiene conciencia, no es consciente de lo que está bien o lo que está mal, eso sólo recae en el ser humano. Un animal es peligroso cuando muestra agresividad, y para que se llegue a este punto, siempre hay un motivo. Estudiar los motivos que llevan a un animal concreto a ser agresivo se convierte en el verdadero centro de la cuestión. Estudiar, analizar, prevenir, actuar, son palabras totalmente contrarias a todo lo que implica el término «potencialmente».

Todo esto viene a cuenta de que nuestras colaboradoras en temas legislativos realizan
en su sección habitual un completo repaso a la situación de esta normativa. Información
puramente objetiva que nos será de mucha utilidad a todos los que la leamos.
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