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Foto: El Mundo del Perro - Alberto Nevado.
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Coton de Tulear

La ciudad portuaria de Tulear, que podemos visitar si viajamos a la gran isla de Madagascar, ha sido el principal emplazamiento en el que se ha desarrollado la raza tan singular a la que vamos a dedicar las páginas que siguen, aunque el país francés también ha protagonizado un papel clave en la formación y en el asentamiento de la raza. Este reparto en el desarrollo de la raza se ve perfectamente reflejado en el mismo nombre del perro, pues “coton” es el término que utilizan en el país vecino para aludir al algodón, un tejido que en su estado natural recuerda mucho la textura y forma del pelaje de este pequeño perro.

Foto: El Mundo del Perro - Alberto Nevado.
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UN POCO DE HISTORIA
Distinguir a un Coton de Tulear del resto de razas de compañía con morfología parecida es tan simple como fijarse en la textura algodonosa de su pelaje. “Coton” lo traducimos en francés como “algodón”, y eso precisamente es lo que parece, una bola de algodón, del mismo color que el fruto maduro del arbusto del algodón, blanco o casi exclusivamente blanco.

ANTECEDENTES
También conocido como perro de Madagascar, este pequeño perro guarda una estrecha relación con la familia de los bichones. Se aventura que sus antepasados fueron llevados por soldados hindúes en el siglo XVII a Madagascar, concretamente a la isla de Borbón. Madagascar se erigió como una región portuaria de suma importancia, considerada por muchos como un puente entre dos mundos: Asia y África. Su particular climatología, con unas temperaturas que nunca descienden de los 20 grados se ha convertido en explicación para muchos del peculiar pelaje ligero y vaporoso del Coton de Tulear.

Los marineros que visitaban Madagascar solían llevar en sus navíos perros pequeños encargados de mantener a raya las poblaciones de roedores, una verdadera y dañina plaga para el comercio mercantil. Los bichones eran los perros más empleados en esta labor, dado que se mostraban muy efectivos en la aniquilación de ratas y ratones. Estos perros fueron supuestamente cruzados con perros que se encontraban en las calles de la isla, sobre todo con terriers, muchos de éstos eran Bedlington Terrier llevados hasta allí por marinos franceses, contribuyendo a su formación morfológica al dejarle como herencia particularidades como el dorso arqueado, unas patas más largas que las de los bichones y dos colores de piel, gris y rosa. Si seguimos buscando donantes genéticos en la formación del actual Coton de Tulear, debemos detenernos en el Papillon. Estos perros, criados en Bélgica, llegaron a Madagascar de la misma forma que los bichones. Su pelaje tricolor (naranja, negro y blanco) ha servido para adelantar que la variedad cromática y otros aspectos de su morfología, como la punta de las orejas en ocasiones caídas, tengan su explicación en el cruce con ejemplares de esta raza.

PERRO EXCLUSIVO
Cuando Francia reclamó la isla en el siglo XVII, la aristocracia del país vecino llevó sus costumbres y normas a Madagascar. Entre ellas, la prohibición de que determinados “tesoros” estuvieran al alcance del pueblo llano. Los perros de la corte se incluían dentro de estos tesoros, que pasó a ser conocido como “perro de la realeza”, e incluso en nuestros días el Coton de Tulear es propiedad, principalmente, de personajes distinguidos en Madagascar.

Viajeros europeos redescubrieron la raza, que había permanecido bajo unas directrices muy rígidas en una situación hermética con respecto al resto del mundo. Ya en 1970, después de décadas de cría y conservación, la FCI reconoció oficialmente la raza y proliferaban asociaciones y clubes nacidos para la protección de la raza.

Su llegada a América estuvo marcada por el viaje del biólogo americano Robert Russel. En el año 1974 visitó Tulear y se enamoró de estos perros, con los que comenzó a criar después de llevarse algunos a Nueva Jersey. Dos años después ya había formado el Coton de Tulear Club of America.

Foto: El Mundo del Perro - Alberto Nevado.

CARÁCTER
Este pequeño perro demuestra un comportamiento alegre. Es capaz de contagiar felicidad allá por donde pase. Además, el equilibrio mental es una de sus bazas más reconocidas. Esa mezcla perfecta de juego, cariño y fidelidad le convierten en un perfecto compañero en cualquier faceta de nuestras vidas.

Un Coton de Tulear aprende rápidamente las normas que rigen la convivencia, y en muy raras ocasiones se saltará alguna de ellas. Se trata de un perro dulce, que se caracteriza por ser ladrador, dos razones más para encumbrarlo entre los mejores perros de compañía. Otra más es que resulta ideal para compartir nuestro espacio, aunque se trate de un pequeño apartamento, pues este perro se adapta a la perfección a los espacios reducidos.

En sus primeros tiempos en Madagascar, cuando tenían la desgracia de verse obligados a subsistir por su cuenta y riesgo, se asociaban en manadas, lo que les facilitaba la caza de pequeños animales y la defensa frente a los peligros de la isla. Esto ha supuesto que este perro cuente con un desarrollado sentido de la vida en grupo, por lo que se adaptará perfectamente a todos los miembros de la familia y a otros animales que convivan junto a él.

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