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La primera visita al veterinario ¿cuándo?, ¿por qué?

Texto: José Enrique Zaldívar (Clínica veterinaria Colores)

La primera visita al veterinario ¿cuándo?, ¿por qué?
Muchos de los lectores ya habrán tenido experiencias previas de lo que es la convivencia con perro, pero también habrá dueños de perros que vayan a verse inmersos por primera vez en esta novedosa experiencia que es llevarlos al veterinario por primera vez. A los primeros no les vendrá mal recordar algunos aspectos relacionados con los cuidados más elementales, y para los segundos este artículo puede ser una guía muy práctica con la que resolver muchas de las dudas que se les vayan planteando, especialmente durante el primer año junto al cachorro.
Son varias las vías por las que podemos adquirir un perro: criaderos especializados, tiendas de animales, sociedades protectoras y, en algún caso, el encuentro casual con un perro “vagabundo” que se cruzó en nuestro camino. También, y dadas las fechas en las que nos encontramos, no será nada extraño que alguien os sorprenda con este “exótico” regalo. Del mismo modo, y especialmente si acudimos a un centro de acogida, es posible que el perro que vaya a entrar en vuestra casa no sea un cachorro, sino un perro joven o adulto que un día fue abandonado.

Deberíamos esperar que sea cual sea su procedencia nuestro nuevo compañero de viaje se encuentre en perfecto estado de salud pero, desgraciadamente, esta premisa no siempre se cumple, y es por esto que lo primero que se impone es una visita al veterinario.

En algunas ocasiones, el criador, el vendedor de la tienda de animales e incluso la protectora en la que lo hemos recogido nos sugerirán, y en algunos casos nos impondrán, una clínica a la que acudir para las primeras atenciones: vacunaciones y desparasitaciones. Puede que incluso nos adviertan que, de no ser así, perderemos la garantía sanitaria. No es el momento de polemizar sobre esta circunstancia, así que lo dejaremos para otra ocasión y nos centraremos en lo realmente importante, es decir, la salud y bienestar de nuestro nuevo perro.

Salvo casos excepcionales, mi recomendación es que no llevéis a casa un cachorro antes de que haya cumplido las siete semanas de vida. Si se trata de un perro joven o de un adulto, es evidente que esta aseveración está fuera de lugar, al igual que si se trata de un perro huérfano.

Lo recomendable es que si el perro no presenta ningún síntoma extraño una vez recogido, se mantenga en el domicilio durante las primeras 48 horas y que, pasado este tiempo, lo llevemos al veterinario. La elección del profesional que merezca nuestra confianza se hará, en la mayoría de los casos, por la proximidad a nuestro lugar de residencia, aunque en otras ocasiones sabemos que son otras circunstancias las que llevan a esta decisión, como recomendaciones de amigos o conocidos, conocimiento previo del profesional que ya atendió a algún perro que convivió con nosotros…

DOCUMENTACIÓN IMPRESCINDIBLE
Sea cual la procedencia del animal, excepto en el caso de que haya sido recogido en la calle, es indispensable que la persona que nos lo ha vendido o cedido nos entregue la documentación pertinente, en especial la cartilla sanitaria, donde figurarán las vacunas, y desparasitaciones, si es que se le han hecho, y que os informe de la alimentación que está tomando. En algunos casos, el perro estará ya identificado, es decir, se le habrá puesto el microchip y, por tanto, nos deberá entregar la documentación que así lo acredite. Toda esta información es indispensable que sea entregada a nuestro veterinario en la primera visita a su clínica. De este modo, será más sencillo establecer un calendario de futuras vacunaciones y desparasitaciones.

LA PRIMERA CONSULTA
¿Qué debemos esperar del veterinario que nos atiende en esta primera aproximación a un consultorio, clínica u hospital veterinario? La respuesta es sencilla: una revisión completa que garantice que todo está en orden, así como la obtención de respuestas y explicaciones a todas nuestras preguntas e inquietudes; del mismo modo, él esperará lo mismo de nosotros. La comunicación fluida es indispensable para que esta nueva relación sea lo más fructífera posible para ambas partes.

La revisión del perro, sea cual sea su edad, debe ser completa. Todos los aparatos y sistemas orgánicos deberán ser inspeccionados: ojos, boca, oídos, bronquios y pulmones, corazón, aparato digestivo, pelo, piel, aparato reproductor, locomotor... Una buena revisión, sin grandes alardes tecnológicos, deberá ser suficiente. Una vez realizada, y en función de lo que el facultativo haya observado, es posible que surja alguna prueba complementaria.

Generalizando, podemos decir que, si detectamos un problema cardiaco, será necesaria la realización de un electro y de una placa de tórax para empezar a identificar la patología causal; ante problemas de locomoción o de crecimiento, serán necesarios análisis de sangre y algunas radiografías; ante un problema de piel se hará inevitable tomar unas muestras de pelo y la realización de algunos raspados de piel; ante problemas digestivos, un análisis de heces y quizás una placa de abdomen. Determinados problemas oculares pueden hacer necesaria la realización de un test de Schimmer, un fondo de ojo e incluso el uso de algunos colorantes para determinar la permeabilidad de la lágrima.

Merecerán especial atención las razas con predisposición a padecer ciertas enfermedades con un componente genético, como displasia de codo o de cadera. En éstas, los criaderos serios acreditan con los certificados correspondientes que los padres del cachorro están libres de estas enfermedades. Esto no garantiza que nuestro perro no vaya a padecerlas, pero reduce la posibilidad. Si el perro es comprado, se debe exigir al vendedor que si apareciera alguna enfermedad congénita, se hará cargo de la posible solución del problema. Salvo en casos excepcionales, y dada la edad en la que el cachorro es llevado a la primera visita a la clínica, va a resultar prácticamente imposible que nuestro veterinario pueda hacer un diagnóstico adecuado sobre estas patologías.

Una enfermedad que, en muchas ocasiones, podemos considerar como congénita y que estamos viendo en la actualidad con excesiva frecuencia en cachorros es la demodicosis (sarna demodecica), de la que también tendrá que responder el vendedor en caso de que se presente. Éste es un ejemplo claro de que en muchas ocasiones se están vendiendo cachorros con serios problemas de inmunidad y que no han sido criados en las mejores condiciones. No olvidemos que para cualquier reclamación posterior es indispensable la presentación de una factura de compra y un comprobante de venta donde se aclaren las garantías por escrito.


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