www.elmundodelperro.net

Verano, viajes por el mundo y perros

Verano, viajes por el mundo y perros
Ampliar
No es difícil encontrar recomendaciones al respecto porque, como siempre mantengo, la presencia del perro es constante en el mundo del ser humano.
Para demostrarlo, les propongo inicialmente un corto viaje (corto de duración, que no de distancia) a Vilnius, capital de Lituania.
Verano, viajes por el mundo y perros
Ampliar

Para los que hicimos el bachillerato por el plan del 57, Lituania no era por entonces un país, sino una entrada del breviario de historia que nos esforzábamos por aprender, un episodio más de lo «malvados» que llegaban a ser los soviéticos —recordemos que eran tan malos que durante alguna etapa de la dictadura franquista se propugnó llamar «ensalada nacional» a la ensaladilla rusa, no fuera a ser...—, que se anexionaron en 1940 tres estados soberanos independientes tras liberarlos del yugo nazi. Citados de norte a sur Estonia, Letonia y Lituania son esos estados, hoy independientes y miembros de pleno derecho de la Unión Europea.

No hace falta más que ver fotos y folletos turísticos de Vilnius para darse cuenta de que se trata de una ciudad de indudables belleza y riqueza monumental. La plúmbea dominación soviética, teñida en el caso de estos países de un especial ingrediente de desprecio y abandono, tuvo como consecuencia en cierto modo positiva que la textura de la ciudad se conservó intacta y ajena al paso de los años. Como en otros casos de ciudades ex soviéticas, ello la dota de una fidelidad a sus orígenes difícil de encontrar en las capitales de lo que entonces, durante la por fortuna olvidada política de bloques, se llamaba mundo libre. De las tres capitales Bálticas, la capital de Lituania es la única que no se asoma al mar, y ello constituye por sí solo un elemento ya bastante diferencial.

El por qué de esta lejanía, que contrasta con su proximidad a Minsk, hoy capital de la Bielorrusia independiente, es materia cuya explicación rebasaría los límites sensatos que deben imponerse al contenido del Caniscopio, límites que un servidor se empeña en explorar quizá con excesiva frecuencia.

UNA CONSTITUCIÓN «HIPPY»
El tesoro que reserva al perrero un recorrido por Vilnius hay que buscarlo en el barrio de Uzupi, que significa «al otro lado» refiriéndose a las orillas del río Vilna, uno de los dos —el otro es el Neris— que surcan la ciudad. No tendría este barrio mayor interés, es más, es de los menos atractivos monumentalmente, si no fuera porque
en él se instaló a principios de la década de los 90 y al socaire de los vientos de libertad, una populosa comunidad de artistas e intelectuales, que encontraron en aquellas casas y calles semi abandonadas un paraíso asequible para instalar sus estudios y comercios artesanos.

Ni cortos ni perezosos, la euforia localista derivada de su reciente liberación de la Unión Soviética les llevó a denominar aquel barrio como «República Independiente de Uzupi» y se dotaron de una curiosa constitución que, si bien no tiene validez jurídica ni política alguna, resulta entrañable para los que tenemos algunos principios éticos no coincidentes con la moralidad al uso.


Basta con leer los primeros artículos de esta constitución, que anda pegada por las paredes del barrio —perdón, de la república— para darse uno cuenta de que los postulados de aquella especie de revolución de las flores, el amor y el no a la guerra, que incendió de «hipismo » el mundo a finales de los años sesenta del pasado siglo, no está tan olvidada como algunos nos quieren hacer creer en los corazones de gran parte de los espíritus libres del planeta.

Así, la constitución apócrifa empieza reconociendo que todo el mundo tiene derecho a vivir junto al río Vilna del mismo modo que el río Vilna tiene derecho a fluir para todo el mundo, y prosigue afirmando que todo el mundo tiene derecho a tener agua caliente, calefacción en invierno y un techo. Como no podía ser de otra manera, no tarda en aparecer un artículo que establece que todo el mundo tiene derecho a amar, si bien inmediatamente aparece otro artículo que dice que toda persona tiene derecho a no ser amada, lo que dota a la declaración previa de un punto de reflexividad muy alejada del «hippismo» o y que la aproxima a la primavera de Praga o al mayo francés del 68. Y así continúa sucesivamente el documento hasta completar 41 artículos.

EL PERRO, MUY AL PRINCIPIO
Pero lo que más llama la atención al perrero errante es el contenido de las siguientes dos declaraciones: «toda persona tiene derecho a cuidar de su perro hasta que uno de los dos muera» y «todo perro tiene derecho a ser un perro». Para quien piense que estos dos artículos fueron incluidos por su anónimo autor, probablemente colectivo, al final de la constitución de Uzupi, me adelanto a señalar que ocupan los números 11 y 13, es decir, se encuentran bastante al principio, muy poco después de los derechos a ser únicos y a amar, y bastante antes de los incontestables derechos de cada uno a estar contento,
a tener fe o a recordar su propio nombre. Con respecto a estas tres últimas cosas, llamémosles derechos, se me estremece la piel pensando que les fueron sucesivamente secuestrados a la población lituana primero por el nazismo y luego por el comunismo, lo digo para que al lector se le hiele la sonrisa en los labios como se me heló a mí un minuto después de leerlos.

Por lo demás he de reconocer que estoy completamente de acuerdo con la declaración de Uzupi. Y muy especialmente con las referencias al perro. He perdido la cuenta ya de los años que llevo escribiendo sobre perros, y nunca se me hubiera ocurrido una formulación más simple y más elocuente de lo profundo del sentimiento de amistad entre el can y la especie humana. Si hubo un literato que proclamó que escribir para el escritor era más que obligación o placer, una necesidad intelectual, yo considero que tener un perro es para quien lo tiene un modo de vida, una necesidad e incluso un derecho, pues pocas alegrías hay mayores, pocas oportunidades hay mejores de vivir el concepto de armonía, que compartir la vida con un perro y saber que le has cuidado hasta que llegó su final. Respecto a lo que el perro siente ante el final nuestro prefiero no pensarlo, aun cuando hay historias estremecedoras al respecto. Confieso que me da mucho vértigo.

Y en este contexto, quizá haya quien no entienda bien el derecho de un perro a ser un perro. Yo sí, y mis lectores que hayan llegado hasta aquí intuyo que también.

Y declaro que hay todo un sector de la sociedad que no quiere que el perro sea un perro, sino una vaga entidad mamífera al servicio de su economía, de su confort (a veces mental) o de la defensa de sus propiedades.

Un perro no es exactamente eso. Por ello quiero divulgar la constitución de la República de Uzupi a todos los amantes del perro que me leen.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de ElMundodelPerro.net

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.

Portada | Hemeroteca | Búsquedas | [ RSS - XML ] | Política de privacidad y cookies | Aviso Legal
El Mundo del Perro - © 2015 Todos los derechos reservados
www.elmundodelperro.net
Contacto
Cibeles.net, Soluciones Web, Gestor de Contenidos, Especializados en medios de comunicación.EditMaker 7.8