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Consejos prácticos en la educación

Podemos plantearnos el adiestramiento como un proceso para desarrollar un lenguaje, un nuevo modo de comunicación, con nuestro perro. Estableceremos el significado de cada una de las palabras y gestos que utilizaremos.

Consejos prácticos en la educación

Imaginemos que tenemos un “japonés” en casa, no vale de nada dar largas parrafadas y discursos, ni gritar, ni dar empujones (nada de eso nos ayudará), de ese modo no lograremos que nos preste atención y entienda, tendremos que armarnos ambos de mucha paciencia, respetarnos mutuamente, sin imposiciones, para ganar en mutua confianza y crear las condiciones que faciliten el aprendizaje.

Más que recetas para los ejercicios, lo que tenemos que entender, y asimilar, son los principios básicos que tendremos que aplicar.

Las claves del éxito están en:

- Comenzar desde la etapa de cachorro, teniendo en cuenta las limitaciones de concentración y físicas del cachorro. Desaprovechar esos maravillosos meses, en los que cualquier situación es una oportunidad de aprender cosas nuevas que le ayuden a sentirse relajado y confiado en el futuro es tiempo perdido que luego requerirá mucha más dedicación. De todos modos, siempre podemos adiestrar a perros de todas las edades.

- Guiar al perro al introducir los ejercicios para evitar que cometa errores. Si logramos que nuestro perro se siente de forma repetida y en cada ocasión que lo hace recibe un premio, aprenderá ese comportamiento de forma más rápida y su disposición al aprendizaje será mayor, al tiempo que aumentará su confianza en sus posibilidades y en nosotros. Si perdemos nuestra paciencia, le gritamos o tratamos de manipularlo con las manos, tan sólo lograremos confundirlo, que se estrese y que se bloquee su disposición para aprender.

- Inicialmente premiaremos todas y cada una de las repuestas correctas que realice, para lograr que comprenda lo que queremos de él, que gane en confianza y que le resulte gratificante realizar lo que le proponemos (sentarse, por ejemplo). De este modo, nuestro perro estará más motivado y se acelerará el proceso de aprendizaje. Retirar demasiado pronto las ayudas o demandar una respuesta por encima de sus posibilidades (en un entorno con nuevas distracciones, una respuesta rápida, etcétera) sólo le creará confusión y mermará su confianza (en el ejercicio y en nosotros) y tendremos que retroceder para empezar de nuevo desde un nivel más básico y teniendo que ganarnos su confianza.

- Premiar la ejecución del ejercicio en el instante preciso para lograr que la comunicación fluya y nuestro perro comprenda qué es lo que realmente estamos buscando y dispuestos a premiar. Si somos capaces de premiarle en el instante preciso, veremos que a nuestro perro se le enciende la lucecita “¡Ah, era eso!”. Si el ejercicio que le pedimos es complejo, siempre podemos dividirlo en pequeños pasos de aproximación al objetivo final para que resulte más fácil (guiarlo para que levante la cabeza ligeramente al tiempo que flexiona los cuartos traseros y, en ese momento, premiar sin esperar a que apoye sus posaderas en el suelo).

- Establecer fuertes asociaciones del ejercicio con emociones agradables y frecuentes repeticiones. Si logramos que entienda que estamos dispuestos a premiarlo (con comida, caricias o con su juego favorito) cada vez que realiza el ejercicio (se sienta), el perro incrementará la frecuencia de ese comportamiento (sentarse) por resultarle algo agradable y gratificante y nos resultará muchísimo más fácil establecer la asociación con la señal que elijamos para indicarle que queremos que lo repita (que se siente), con una señal de la mano o diciéndole “sienta”.

- Realizar sesiones cortas y frecuentes seguidas de períodos de reposo, sin actividad para facilitar el aprendizaje. Nuestras cabecitas tienen una limitada capacidad de concentración y asimilación, al igual que la de nuestros perros (ése es el motivo por el que entre anuncios nos ponen un trocito de película, saben que tenemos un límite para mantener la concentración y captar información importante). Así que, después de la breve sesión de trabajo, debemos dejarle reposar en un lugar tranquilo para permitirle asimilar la información antes de iniciar una nueva sesión. Las sesiones maratonianas resultan pesadas y aburridas y sólo consiguen agotar física y mentalmente a nuestro alumno.

- Durante la sesión de trabajo, nuestro perro recordará mejor lo primero y lo último que hagamos, así que deberíamos planificarlo todo para que tenga éxito en ambos casos e iniciar la siguiente sesión con el último ejercicio que realizamos en la anterior. Para estos pequeños detalles la libreta de notas es esencial.

- Empezar en entornos tranquilos y sin distracciones para permitir que le resulte más fácil concentrarse en nosotros y en la actividad que estamos haciendo. Si tiene demasiadas cosas en las que fijar su atención, le resultará muy difícil concentrarse en lo que estamos haciendo.

- Utilizar aquello que motiva a nuestro perro para establecer la asociación, señal-comportamiento-premio. Debemos intercalar entre los distintos motivadores, en función de la respuesta, para mantener su entusiasmo en el ejercicio.

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