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La respuesta a la llamada “Ven aquí”

Foto: Alberto Nevado.
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Foto: Alberto Nevado.

Texto Benigno Paz (Educador canino e instructor de movilidad con perros guías-GDBA, Inglaterra)(Educador canino e instructor de movilidad con perros guías-GDBA, Inglaterra)

Tal vez uno de los mayores placeres de los que disfrutamos los propietarios de perros es verlos corretear y olisquearlo todo, así como interaccionar con sus congéneres en su insaciable e incansable reencuentro con la naturaleza sabiendo que vendrá a nuestro lado en cuanto lo llamemos.
La respuesta a la llamada “Ven aquí”


Este ejercicio de llamada nos brindará numerosas oportunidades para premiar al perro y para interaccionar con él sin restricciones físicas.

Por todo ello, con este ejercicio de respuesta a la llamada buscamos:
■ Obtener un buen nivel de respuesta a la llamada. Útil tanto en situaciones cotidianas como en las de emergencia.
■ Reducir el estrés que nos produce la posibilidad de perderlo en los espacios públicos.
■ Ganar confianza en el control sobre nuestro perro, que nos permita darle suficientes oportunidades para la suelta en parques y espacios abiertos.
■ Darle la oportunidad de relajarse y ejercitarse pero fortaleciendo así los lazos entre amo y perro.
■ Conseguir que el perro esté pendiente de su amo, lo que nos permite mantener una distancia de control.
■ Reducir los riesgos de incidentes y molestias a otras personas en los espacios públicos.

APLICACIONES Y PROCESO
La aplicación más obvia de este ejercicio es lograr que nuestro perro se acerque cuando se lo demandamos, a cualquier distancia y en todo tipo de entornos.

Iniciaremos el aprendizaje sin que el perro porte objeto alguno; es decir, simplemente trabajaremos la respuesta a la llamada para lograr que el perro se acerque a nuestro lado.
Lo primero que tenemos que conseguir es que el perro asocie la orden (el silbato o su nombre) con el comportamiento que deseamos: que llegue hasta donde nosotros estamos mediante la orden «ven aquí/nombre del perro». Es imprescindible que tengamos asentadas las bases, «que hablamos el mismo idioma».

Para lograr este objetivo básico podemos:

1. Decir su «nombre/ven aquí», aleatoriamente a lo largo del día, y premiarle por acercarse a nuestro lado. Para ello, separaremos unos granitos de pienso de su ración diaria o trocearemos unos trocitos (tamaño guisante) de salchicha; también podemos utilizar sus juguetes o juegos favoritos. Dentro de casa lo llamaremos, a distancias muy cortas y sin distracciones en el entorno (que no tenga posibilidad de cometer errores).

2. Lo sentamos, nos alejamos unos pasos, ponemos el cuenco de comida entre nuestros pies, decimos su «nombre/ven aquí» con una entonación agradable y entusiasta (se puede utilizar un silbato si se desea) y le permitimos acceder a su comida (inicialmente, si es necesario, haremos un ligero movimiento con nuestro cuerpo para incitarle a que se aproxime).

Recordemos una vez más que para que el perro pueda establecer la asociación «orden-comportamiento deseado» es necesario, imprescindible, que pronunciemos la palabra que se refiera a la orden concreta un instante (décimas de segundo mejor que segundos) antes de que inicie el movimiento de aproximación para acercarse al cuenco de comida.

Una vez que estamos convencidos de que el perro identifica la orden «ven aquí» y/o su nombre podemos pasar al siguiente nivel.

Para evitar que el perro pueda cometer errores en la secuencia de este ejercicio, es conveniente trabajar con la colaboración de otro miembro de la familia.

La secuencia

■ Seleccionaremos un pasillo largo y tranquilo.
■ Uno de los miembros (A) de la famidel ejercicio. De momento premiaremos en todas y cada una de las ocasiones en que el perro responde a nuestra llamada (unas veces con comida, otras con juegos y otras con caricias, ya que alternar estos refuerzos fortalecerá todavía más la respuesta de nuestro perro porque nunca sabrá qué cosa maravillosa le espera) hasta que tengamos un buen nivel de respuesta, luego introduciremos progresivamente un refuerzo intermitente (premiando unas veces sí y otras no).
Evitaremos un número excesivo de repeticiones para que el perro no se aburra.
Si no disponemos de un ayudante (A) siempre podemos reemplazarlo por una correa larga (de las enrollables), pero evitaremos la tendencia a poner tensión o dar tirones de la correa.
Cuando estemos seguros de que el perro comprende el ejercicio podemos prescindir de nuestro ayudante (A). A su vez, repetiremos la secuencia del ejercicio en el mismo entorno pero introduciendo ligeras distracciones. También podemos ir suprimiendo progresivamente las ayudas y puliendo la terminación (pidiéndole que se siente delante de nosotros o bien que se coloque en la posición de «junto»). En caso de que cometa algún error bajaremos el listón (volveremos a solicitar ayuda si es necesario). Una vez que tengamos plena confianza en la respuesta del perro a la llamada comenzaremos a introducir objetos para cobrar. Volveremos al pasillo tranquilo y a la ayuda del miembro A de la familia, utilizando la correa y trabajando en distancias cortas para evitar errores.
Utilizaremos objetos que no sean excesivamente apetecibles para el perro y que no rueden (para tener el ejercicio más controlado en todo momento). Una vez que el perro llega a nuestro lado con el objeto seguiremos los pasos que describimos en el artículo anterior.
De este modo estableceremos unos cimientos sólidos sobre los que construir una respuesta fiable a la llamada en todo tipo de entornos.
De momento restringiremos las sueltas en espacios abiertos, para evitar que el perro pueda cometer errores y surjan disputas entre ambos. En futuros artículos trataremos el método de progresión en la llamada para espacios abiertos o en lugares con muchas distracciones.

Los errores más frecuentes
Una buena respuesta a la llamada es siempre una garantía y una tranquilidad para el amo al tiempo que nos permite dar al perro numerosas oportunidades para que se relaje y ejercite.

Esto sólo puede conseguirse con un método riguroso en el que no se produzcan ciertos errores, ya que éstos pueden retrasar el aprendizaje e incluso producir el fracaso total; por ello, nunca deberemos cometer los siguientes errores.

■ Resultar intimidatorios; por ejemplo, un excesivo uso de la correa o de las manos y una posición corporal erguida.
■ Que el perro aprenda a desobedecer (en especial si trabajamos en espacios abiertos en las primeras sueltas y el perro descubre un sinfín de posibilidades antes de aprender lo que se demanda de él).
■ Caer en las incitaciones al juego que nos ofrece (parándose corto o invitándonos a jugar a «polis y cacos»).
■ Perseguirlo para obligarlo a que nos ofrezca la respuesta (acercarse a nuestro lado).
■ Corregir al perro cuando se acerca a nuestro lado.
■ Seleccionar entornos con un excesivo número de distracciones (olores, otros perros, comida, etcétera).
■ El perro anticipa el final de la suelta (de su ración de dicha diaria).

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