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Instinto de cobro, típico de los perros de caza, pero también presente en las demás razas

¡Busca, busca y trae! Que sea un palo, una piedra o una pelota, nuestro amigo no se cansa de correr detrás de los objetos que lanzamos para que nos los traiga. Es un juego de los más antiguos, pero indudablemente apasionante para los perros.

Instinto de cobro, típico de los perros de caza, pero también presente en las demás razas
Sigamos a un joven Labrador o Retriever (cuyo nombre, precisamente, significa cobrador) durante su paseo. Nunca se aleja del dueño, mira constantemente al hombre esperando un gesto, una palabra, una señal. Es un comportamiento lógico: como perro especialmente preparado para traer piezas de caza no se mueve hasta que el animal haya sido dado. Sería, pues, inútil que rastree y explore todo el territorio. Su papel es de esperar la orden de cobrar.

El instinto de cobro proviene de una aptitud muy antigua. Los perros primitivos que empezaron a acercarse al hombre comprendieron rápidamente que la unión de ambos era necesaria.

El hombre cazaba y los perros comían los restos. La vida de aquellos animales dependió rápidamente del trabajo conjunto. Mucho más tarde esta relación se mejoró aún más cuando el hombre enseño al perro a ir en busca de los pájaros y los pequeños mamíferos sobre los cuales disparaba. El instinto de cobro se estabilizó así naturalmente. Los primeros perros cobradores nacieron durante el siglo pasado en los más importantes criaderos británicos. El trabajo de cobro es, pues, relativamente nuevo a pesar de haber resistido el instinto desde hace miles de años. Es con el perfeccionamiento de la carabina con lo que el hombre ha decidido servirse de una función canina innata.

En algunas razas de caza el instinto de cobro se une a la atracción por el agua. A la mayoría de los canes les gusta el agua, pero a algunos les encanta saltar en los lagos y ríos para refrescarse.


Si le tiramos un palo automáticamente irán en busca del mismo y nos lo traerán tantas veces como lo deseemos. Es un ejercicio ideal para fortalecer todos los músculos y mantener al perro en perfecta forma mediante el juego.

Los perros de defensa que pasan pruebas de obediencia se ven obligados al cobro. Deben ir en busca de un objeto de madera llamado “apport”, volver y presentarlo sin mordisquearlo al dueño después de haberse sentado. Es una repetición del mismo instinto, pero está perfeccionado en función de la precisión que se le pide a un perro de trabajo.


De la misma manera, los perros de rastreo, de rescate y de escombros se sirven del mismo instinto para localizar un objeto o un cuerpo. Y los lazarillos ayudan a los invidentes a buscar cosas que no pueden ver. Ahí el instinto se desvía en una multitud de facetas para servir al hombre.
Así podemos ver cómo el hombre ha sabido manipular al perro para fines muy variados. Si el cachorro vive sus primeras experiencias de cobro (cualquiera sea su raza) con alegría podremos utilizarlo fácilmente para todo tipo de función y se sentirá feliz de demostrar su utilidad. En resumen: no hemos cambiado mucho desde la prehistoria. Hombre y perro unidos es un matrimonio ideal para sobrevivir.
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