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El Teckel, como raza dual
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El Teckel, como raza dual

Francisco J. Pérez Álvarez, «Arco da Vella». FCI 170/86. (Juez Internacional del grupo IV)

Cada vez que escribo sobre «mi raza» me resulta complicado mantener la objetividad; es tal el cúmulo de experiencias y anécdotas propias, y ajenas, que no puedo desligar mis sentimientos del argumentario empleado. Hecha esta primera observación, para que vean claramente que soy un enamorado de la raza, les explicaré las razones fundamentales del porqué llevo más de media vida ligado al Teckel.

Desde finales de los años 70 ha sido una raza que llamó mi atención; en principio por su aspecto y cualidades venatorias, y cuando años más tarde tuve la oportunidad de conocerla en profundidad, supe que me acompañaría algún ejemplar en casa mientras viva. He disfrutado mucho con varias razas, fundamentalmente de caza, pero la relación que he llegado a tener con muchos de mis Teckels no es extrapolable al resto de ejemplares que me han acompañado a lo largo de los años. Son inteligentes, intuitivos, pendientes de su dueño, guardianes, con una salud de hierro, con una predisposición a aprender y a cazar excelentes, encantadores con los niños…, como decimos en Galicia «listos como un ajo», de una más que agradable convivencia, entre ellos, con otros perros y animales y, por supuesto, con las personas. En la caza he tenido ejemplares excelentes, muy buenos, y no tanto, pero todos han cazado, en mayor o menor medida, y cuatro realmente excepcionales (CH. «Arko de la Selva Negra», CH. «Arco da Vella Pandora», CH. «Uland du Moulin Edelweiss» y «Erwan de Ker Ki Douar»). La mayoría de los ejemplares que he presentado a exposiciones me han dado las mayores satisfacciones, en España, en el extranjero y con jueces, tanto especialistas, como generalistas. ¿Qué más le puedo pedir a un perro?

Todo el cúmulo de virtudes que he transcrito lo he tenido, y lo tengo, en los ejemplares que tengo en casa, pero he conocido otros muchos, de amigos y criadores, que los incluyo en el mismo «cesto de halagos», fundamentalmente porque son, o han sido (los que ya no están) perros equilibrados. Esta es la meta que ha de guiarnos a criadores, jueces, aficionados y particulares, a la hora de adquirir, adiestrar y convivir con un Teckel –o con cualquier otro perro, por supuesto-, los años que compartimos nuestra vida con él. Y dentro de las virtudes intrínsecas, consustanciales a la raza, su razón de ser fundamental, está la caza. Nuestros Teckels provienen de una larga estirpe de perros tejoneros (caza bajo tierra) y muy cazadores, en general (sobre tierra) que han acompañado a los pueblos centroeuropeos, fundamentalmente, desde hace más de cinco siglos, que conozcamos de forma documental. El Teckel, en la cinofilia moderna, tal y como lo conocemos hoy en día, comenzó su andadura en la segunda mitad del siglo XIX y se desarrolló, con el grave escollo de las dos grandes guerras, a partir de los años 50; por tanto, estamos hablando de una raza relativamente reciente, al igual que su reconocimiento en los canales «oficiales», en la década de los 80 del siglo XIX, y ahí fue donde se comenzaron a seleccionar las distintas variedades de tamaños y pelos (nueve en total) de nuestros Teckels, a partir de los pelos cortos, con distintas aportaciones de terriers, spaniels y alguna otra raza, hasta conseguir los pelos duros y largos, todas ellas con el horizonte y la motivación de la caza en todas sus facetas (madriguera, sangre, menor, mayor…).

En España, por razones cinegéticas y también debido a nuestros particulares gustos, siempre ha habido una querencia más importante hacia los Teckels de pelo duro, pero podemos decir, sin temor a equivocarnos, que cualquier Teckel, de las líneas adecuadas, sea cual sea su tamaño y pelo, está capacitado para darnos grandes satisfacciones en nuestras jornadas de caza. Desde finales de los años 60 es una raza conocida en nuestro país, aunque, felizmente, no mayoritaria ni expuesta a las modas; sin embargo sí hay un auge importante desde principios de este siglo en los circuitos de exposiciones, y no sólo en España. Es comprensible, pues son perros sanos, fuertes, muy manejables, debido a su tamaño y carácter, fáciles de alimentar, de criar y, además, es la única raza, en la FCI, que constituye un grupo por sí misma, por lo tanto, con «menos competencia» en las finales de cualquier show. Yo respeto los gustos de todo el mundo, sin duda, pero cualquier ejemplar que tiene sus orígenes en el trabajo y no se encauza debidamente, tanto física como psíquicamente, si no realiza habitualmente esa labor para la que fue creada la raza, acaba teniendo serios problemas, de carácter y físicos, lo que conlleva una merma importante en la cría, es decir: la falta de equilibrio. Existe un número muy importante de razas reconocidas, por tanto no pretendamos hacer de un Teckel, o cualquier otro perro de caza o de trabajo, un perro exclusivamente de compañía, puesto que arruinaremos su existencia, y la nuestra. Por supuesto, en España, tenemos un número importante de criadores que no dedican sus ejemplares a cazar, pero sí tienen unas instalaciones y posibilidades (terreno y tiempo suficientes) adecuadas a la raza. Es obvio que hay muy pocos San Bernardos, por citar un ejemplo, dedicados al rescate, pero a nadie en su sano juicio se le ocurre meter en un piso un ejemplar de esta raza. Porque los Teckels sean una raza pequeña, de tamaño, manejable y encantadora, no podemos convertirla, en perro de «lujo», porque sus necesidades primarias son tan exigentes, en la mayoría de los casos, como las de cualquier otro perro de mayor tamaño; los problemas aparecen y entonces se cataloga a la raza como mordedora, de mal talante, desequilibrada, pendenciera, de mala convivencia con otros perros y/o con las personas… Me ha tocado vivir esto varias veces cuando alguien llega a casa en busca de un cachorro, o me llama, y me dice: «¿pero no será de líneas que muerdan, verdad?, porque nosotros hemos tenido varios y no hay quien pueda con ellos (¿!)”»; al principio me chocaba, pero a lo largo de los años he comprobado que la cría poco seria conduce a estos problemas. Esto es algo que no sucede, en exclusiva, en España, pero está llevando a la raza a una percepción, por parte de muchos aficionados, que no tiene que ver, para nada, con lo que es un Teckel. En más de una ocasión he comprobado la falta de carácter en ejemplares adultos –en mi opinión el «exceso» ha de penalizarse de igual forma–, algo que no se puede consentir, de ninguna manera, ya no dentro de un ring, sino en la vida cotidiana de cualquier aficionado que tenga un Teckel. Es penoso comprobar cómo un perro de pequeño tamaño, sea estándar, miniatura o kaninchen, ladra a todo lo que se mueve, tira de la correa como un poseído o se echa encima de otros perros, animales o personas, con o sin ladridos, mordeduras de por medio, etc.

Cualquier Teckel ha de poder compartir su vida con personas, niños o perros, aún sin cazar, pero habrá que dedicarle el tiempo y los cuidados suficientes para que mantenga el equilibrio que lleva dentro, con el que ha nacido gracias a los esfuerzos de muchos criadores y cazadores a lo largo de los años; si nos dejamos llevar por la moda, el esnobismo o, simplemente, por la imagen que nos da esta raza de cara al show, sin duda, acabaremos con problemas serios. Esto, desgraciadamente, ha pasado con muchas razas a lo largo de los años: terriers y varias razas más de caza, de trineo, de pastoreo y de guarda; todo por no conocer sus necesidades y cometidos, en resumen, su aptitud para el trabajo.

Un Teckel equilibrado ha de saber estar en su casa, con o sin niños, pasear por su vecindario, sea en la ciudad o en el campo, con total tranquilidad, presentarse en exposiciones de igual forma y sacar su carácter y aptitudes en el tipo de caza al que se dedique, en su justo momento.

Yo mantengo, desde siempre, como premisas básicas en mi cría las siguientes, y por este orden: carácter, morfología y aptitud para la caza. Considero que un buen Teckel (como ya dije antes, cualquier otra raza de trabajo) ha de ser un perro equilibrado, asequible, con buen carácter; por otra parte, su morfología ha de permitirle, en primer término, llevar a buen fin su cometido como perro de caza y, por ello, una vida sana y duradera; sin ese buen carácter y su correcta conformación física de poco me valdría su aptitud para la caza, y aquí, en definitiva, está la meta que cualquier buen aficionado a esta raza ha de tener: conseguir un perro dual, perfectamente apto para la caza y para la convivencia, que puede englobar la vida en familia, las exposiciones (o no, lo importante es que sea correcto) y el disfrute de nuestro compañero durante largos años. Tengan por seguro que si no se cumplen estas exigencias, consiguiendo un perro equilibrado, no será un Teckel de verdad: un Teckel dual.

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