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Perro: soporte emocional

Foto: Alberto Nevado - El Mundo del Perro.
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Foto: Alberto Nevado - El Mundo del Perro.

Texto: Patricia Lozano.

El soporte emocional en el que se convierte un perro hace que nuestra vida sea más placentera, lo que, sin duda, se traduce en un beneficio para nuestra salud. Su presencia nos hace sentir seguros y confiados, fomenta el contacto físico y la comunicación, pues los amos hablan con sus mascotas y, al hacerlo, se muestran tal y como son en una clara relación ventajosa: los perros nos aceptan sin reservas, no juzgan ni nuestra personalidad ni nuestro aspecto físico.

Los cuidados que reclaman nos hacen sentir útiles, con lo que nuestra autoestima se eleva y, además, nos proporcionan incontables momentos de alegría, consiguen que riamos y juguemos, lo que contribuye a mejorar nuestro estado de ánimo. No menos importante es que nos obligan a hacer ejercicio al tener que acompañarles en sus paseos y, gracias a ellos, conseguimos establecer nuevos contactos sociales, pues siempre resulta muy fácil iniciar una conversación con un extraño cuando hay mascotas de por medio.

VALORES POSITIVOS

Para una familia, contar con un perro es altamente positivo. El animal se incluye en las actividades cotidianas y también contribuye a que se ideen nuevos pasatiempos placenteros, lo que aporta una mejora en la comunicación y la afectividad y contribuye a aliviar las presiones entre sus miembros. Para los más pequeños, la convivencia con una mascota supone una ayuda inestimable para su crecimiento. Por ejemplo, cuando el niño empiece a gatear, podrá comprobar cómo el perro supone un incentivo para él. Aprenderá valores como el respeto a los animales y a la vida, tendrá una alta autoestima, puesto que siempre se sentirá aceptado y querido por el animal, lo que también le dará confianza en sí mismo, reforzada, además, por el hecho de que sus padres hayan confiado en él para cuidar de un animal. Asimismo, se expresará mejor emocionalmente y sabrá desarrollar sus habilidades sociales. Tener que cuidarlo y atenderlo ayudará a su madurez, pues le obligará a adquirir un compromiso que desarrollará su sentido de la responsabilidad y, al tener que comprender las necesidades de otro ser vivo, será más sensible y tolerante. El perro será un compañero de juegos ideal con el que el niño también sabrá aprender a poner límites y, a la vez, fomentará la comunicación con los padres, que deben hacerle comprender que su mascota no es un juguete y han de vigilarle y enseñarle con cuidado cómo tratarle.

Pero no sólo los más jóvenes obtienen beneficios de la compañía de un perro. Para las personas mayores puede ser un pilar fundamenta,l pues está demostrado que contribuye a aumentar su calidad de vida. Al llegar a la jubilación, muchas personas se sienten inútiles, sin embargo, al tener que atender a una mascota, este sentimiento desaparece. Los cuidados que exige hacen que se sientan necesitados de nuevo y, además, consiguen eliminar la sensación de soledad. La rutina de los paseos diarios consigue que el amo practique un ejercicio moderado que mejora el funcionamiento cardiovascular y evita otros muchos problemas como, por ejemplo, la rotura de caderas. No tener una actividad regular en la tercera edad provoca depresiones y el desmejoramiento de la salud; el perro obligará al amo a moverse y, con su compañía, el paseo será más placentero. Pasará a ser un amigo que conseguirá aumentar las ganas de vivir, pues se convierte en el centro de atención, consiguiendo que las personas se olviden de sus dolencias y, además, será un gran apoyo durante estados anímicos bajos. En definitiva, evitan la vida sedentaria y se convierten en casi un antidepresivo natural.

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