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¿Qué pasa cuando nuestra mascota nos lame? ¿Quiere decir que está tratando de colaborar en nuestra higiene personal?

¿Qué pasa cuando nuestra mascota nos lame? ¿Quiere decir que está tratando de colaborar en nuestra higiene personal?
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Texto: Patricia Lozano.

En realidad, los perros cuentan con un órgano en la parte anterior del paladar que les permite, a través de la lengua, identificar aromas y son los machos quienes lo tienen más desarrollado. De esta manera, puede que el animal nos chupe tras un baño porque le atraiga el olor de nuestro gel, ya que es la forma en que explora los aromas y esto explicaría también el motivo por el que a veces le vemos lamer el suelo, la alfombra o cualquier otro objeto.

Foto: Vanesa Lis Monerris.
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Foto: Vanesa Lis Monerris.

Pero aunque el lamer sea un comportamiento natural que a muchos propietarios les puede parecer muy agradable, hay quien lo encuentra molesto y hasta repugnante. En realidad, si lo analizamos fríamente, puede resultar bastante repulsivo. La saliva contiene un elevado número de agentes patógenos, por lo que es muy importante que mantengamos al animal al día en sus visitas al veterinario y que no olvidemos lavarnos las manos después de una sesión de lametones.

Existe la creencia de que la saliva del perro tiene un poder curativo y lo cierto es que, al igual que la de otras especies, posee sustancias bacteriostáticas que impiden o inhiben la actividad vital de las bacterias, pero que no la eliminan por completo. Así, si nuestra mascota tiene una herida y la lame, puede que consiga curarla, pero en otras ocasiones podría agravar su dolencia. De la misma manera, no deberíamos dejar que el perro actúe de enfermero improvisado con nosotros, pues podríamos encontrarnos con una infección no deseada.

Éste es el caso de un hombre cuyos problemas de oído se vieron agravados por los lametones que recibía de su perro. La revista científica The Lancet publicó un estudio realizado por investigadores franceses del Hospital Universitario de Rennes en el observaron que el paciente, con problemas de oído durante cuatro décadas, tenía el oído interno infectado con una bacteria que comúnmente se encuentra en la saliva de los perros llamada Pasteurella multocida. Es frecuente hallar esta bacteria en las gargantas o tractos de veterinarios y personas que tienen contacto regular con animales, aunque en tasas muy bajas (en torno al 2-3 por cien) pero ésta es la primera vez que los expertos la encuentran en el oído interno de alguien. En este caso, los investigadores pudieron comprobar que la infección de este paciente se debía a que su perro lamía frecuentemente su oreja, lo que posibilitó su transmisión. Así y a raíz de este estudio, los especialistas recomiendan a los dueños de perros con enfermedades crónicas de oído que eviten que estos órganos entren en contacto con la saliva de sus mascotas.

De momento es tan sólo un caso y no hay que ser alarmistas. Es un hecho que muchos propietarios permiten a sus perros lamerles las manos, la cara, la boca, los oídos y todo lo que quieran y, generalmente, no hay ningún problema. Lo fundamental es que el animal cumpla con su calendario de vacunaciones, con sus visitas al veterinario y que tenga una higiene adecuada. Al mismo tiempo, tampoco nosotros debemos descuidarnos ni olvidar lavarnos las manos después de acariciar a la mascota o de recibir lametones, especialmente si vamos a manipular alimentos, a comer o tenemos alguna herida. Un animal sano no tiene por qué ser una fuente de contagio y, si mantenemos un mínimo de cuidado, podremos seguir recibiendo esos graciosos lametones que, aunque tengan una explicación etológica, ¿quién puede asegurar que no se trata de una auténtica muestra de cariño y amor hacia nosotros?

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