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Se siente amenazado, intenta morder el cepillo... ¿Cómo podría controlarlo para poder cepillarle el pelo?

Foto: Rubén Francisco Burgos.
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Foto: Rubén Francisco Burgos.

Texto: Benigno Paz.

Cada vez que intento cepillar a mi perro –es un Caniche de año y medio de edad-, intenta morder el cepillo, dificultándome mucho la tarea. A veces no puedo ni comenzar porque se pone muy nervioso. Ésta es una de esas situaciones que en ocasiones se nos presentan a la hora de manejar a nuestro perro. El perro interpreta de otro modo nuestras excelentes intenciones, en “son de paz”, y se pone nervioso, llegando en muchas ocasiones a gruñir e incluso a lanzar dentelladas.

Cada vez que intento cepillar a mi perro –es un Caniche de año y medio de edad-, intenta morder el cepillo, dificultándome mucho la tarea. A veces no puedo ni comenzar porque se pone muy nervioso. Ésta es una de esas situaciones que en ocasiones se nos presentan a la hora de manejar a nuestro perro. El perro interpreta de otro modo nuestras excelentes intenciones, en “son de paz”, y se pone nervioso, llegando en muchas ocasiones a gruñir e incluso a lanzar dentelladas. Evidentemente, tenemos que actuar antes de que llegue a estos extremos, lo cual probablemente se inició como un juego, para evitar que se convierta en algo más grave y doloroso (y muerda la mano que “mece” el cepillo), ya que entonces nos costará mucho volver a recuperar la confianza en nuestro perro y es más fácil que la situación se nos escape de las manos. Son varias las causas probables de esa reacción por parte de nuestro perro:

- Dolor/malestar.
- Juego.
- Excitabilidad.
- Comportamiento aprendido.
- Hábito.
- Comportamiento protectivo (objetos, comida) o de autoprotección.
- Miedo o inseguridad.

Aunque lo más probable es que nos encontremos con una combinación de una o más de estas razones.Lo primero que tenemos que hacer es descartar las causas obvias: posibles problemas de salud o dolor físico. Para ello, deberemos visitar al veterinario y desechar cualquier posible daño o lesión muscular y/o articular. Luego tendremos que analizar los pasos que seguimos antes, durante y a la finalización del cepillado para asegurarnos de que no excitamos al perro ni lo incitamos al juego durante este manejo, no reforzamos su comportamiento de excitabilidad y nerviosismo y no nos percibe como una amenaza (causa más probable de su comportamiento). En este último caso tendremos que poner todas nuestras energías para cambiar el manejo que realizamos de nuestro perro. También deberemos revisar nuestro material de cepillado para asegurarnos de que está en buen estado y no le hacemos daño, así como analizar nuestra técnica de cepillado para cerciorarnos de que no damos tirones bruscos o realizamos manipulaciones violentas e impredecibles con nuestras manos.

POSIBLES SOLUCIONES
Podemos plantearnos soluciones de carácter físico, que no resuelven definitivamente el problema, pero que nos pueden ayudar a tener la situación bajo control en un primer momento, mantener la reacción bajo control y evitar que empeore:-Establecer una barrera física: utilizando un collar isabelino, por ejemplo.-Restringir al perro con un collar fijo y un ayudante que controle sus movimientos de cabeza de modo que no pueda alcanzarnos.Sin embargo, estas medidas muy probablemente no logren que el perro disfrute en el proceso ni que a nosotros nos resulte cómodo y fácil el cepillado.Tendremos siempre muy presente que la causa más probable de este comportamiento de nuestro perro es que se siente amenazado (por el cepillo, el peine, nuestra mano o nuestra proximidad) y en este caso es esta percepción la que tenemos que esforzarnos por cambiar. Para ello podemos:-Introducir el cepillado en una zona nueva para el perro, que no tenga asociada previamente con este tipo de manejo, poner nuestras manos sobre su pelaje y hacer suaves y breves movimientos, al tiempo que realizamos inspiraciones profundas y lo premiamos (con comida inicialmente, pero sin excitarlo) por mantenerse tranquilo y relajado. En caso de que quiera morder nuestras manos, lo ignoramos (no decimos nada y miramos hacia otro lado). Nuestro objetivo es que acepte nuestra proximidad y que nos permita tocarle sin temor.
-Una vez que nuestro perro se muestra confiado con este manejo, podremos introducir el cepillado, permitiéndole olisquearlo y premiándole para que anticipe una actividad agradable (nuevamente sin desencadenar su excitabilidad). El trabajo con el clicker puede ser de gran utilidad para cambiar esta percepción del perro.
-Buscar un comportamiento alternativo, como puede ser hacer que porte algo en la boca. Es importante que realicemos la aceptación del juguete y el aprendizaje para portarlo con anterioridad a su uso en la sesión de cepillado. A la hora de utilizar el juguete (que puede estar cargado de comida para que le resulte más interesante, un kong, por ejemplo) evitaremos lanzárselo para no disparar su excitabilidad.Me he encontrado con algún caso en el que el perro/perra se pasa gruñendo toda la sesión de cepillado pese a disfrutar de ella. En estos casos, lo mejor es ignorarle, continuar con el procedimiento manteniendo una voz suave y tranquila y mostrándonos confiamos y seguros.
-Ahora comienzan a aparecer en el mercado “caperuzas” (de tela transparente que reducen la percepción del detalle) y que para nuestro perro resulta como mirar a través de una cortina. Esta “caperuza” ayuda a que algunos perros se sientan más tranquilos al tener una reducción en el número de estímulos que percibe reduciéndose su actividad motora. Es importante introducirla gradualmente antes de utilizarla durante las sesiones de cepillado. Como siempre, deberemos prestar atención a las señales que nos ofrece nuestro perro para anticipar un incremento de actividad y poder adoptar la medidas necesarias para reducir su excitabilidad y sus niveles de estrés durante el manejo. Resulta muy importante introducir el cepillado desde la etapa de cachorro y lograr que lo acepte como algo agradable, presentarle los accesorios sin brusquedades (no habrá una segunda oportunidad para causar una primera impresión).
A EVITAR
Pese a nuestra sorpresa inicial ante este comportamiento (nerviosismo y/o intentar mordisquear el cepillo o nuestras manos) y nuestra frustración después de un tiempo padeciéndolo, lo que no debemos hacer es corregir al perro (tendencia muy habitual y humana) ya que esto, si bien inicialmente (en una primerísima impresión) puede parecer que logra que el perro “se corte”, lo que en realidad conseguirá es que tenga una razón más (y más poderosa) para temernos y temer el cepillo, cuando eso es lo que teníamos que evitar (que se sienta amenazado por el cepillo, el peine, nuestra mano o nuestra proximidad) y era esta percepción la que teníamos que cambiar. Evidentemente, por la vía de los gritos y/o el castigo físico nunca lo conseguiremos (podremos convertirlo en una “silla” pero no ganar su confianza y que nos ofrezca el comportamiento que deseamos), así que debemos mostrar nuestra inteligencia superior y controlar esos primeros impulsos.
Bibliografía
El método Tellington Ttouch.
Introducción al adiestramiento con el clicker.
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