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¿Por qué saca la lengua?

¿Por qué saca la lengua?
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Después de un esfuerzo prolongado o de una fuerte emoción, los perros suelen sacar la lengua, a la vez que respiran rápida y acompasadamente, llegando incluso a babear en algunos casos extremos.

Se precipitan luego hacia su cazo de agua fresca y beben ruidosamente. En estos momentos, si tomáramos su temperatura, constataríamos que ha subido ligeramente. En cuanto a las zonas de transpiración, plantas de los pies y trufa, están húmedos.

Este cuadro corresponde al de una transpiración típica. En la misma situación un hombre transpira por todos los poros de la piel. Pero el perro, al no disponer de estos agujeritos, lo hace utilizando zonas bien determinadas.

Foto: Carlos Martin Blas.

Muchos científicos afirman que esta particularidad canina demuestra un cierto grado de evolución; pues parece que los perros y los lobos primitivos, que vivían bajo temperaturas mucho más bajas que las que conocemos hoy, han ido desarrollando este tipo de sudación al mismo tiempo que crecía y se hacía denso su pelaje. Las glándulas sudoríparas, no resultando muy útiles debajo de un manto demasiado espeso y largo, solo quedaron las extremidades (trufa y almohadillas) para que se elimine el “agua” corporal.

Para enfriar el cuerpo todo perro se pone, pues, a respirar rápidamente para inhalar el máximo de oxígeno. La más intensa transpiración tiene lugar cuando el aire es rápidamente más frío que la temperatura corporal.

Nos podríamos preguntar: «¿Por qué nosotros, los seres humanos, no hemos desarrollado también un manto de pelo protector durante las épocas remotas?»«¿Por qué nuestro cabello no se ha extendido por las espaldas y las piernas?»«¿Por qué son tan repartidas nuestras glándulas sudoríparas?» Toda especulación a este respecto no reviste interés: nadie tiene hoy por hoy la contestación. Tomemos, pues, las particularidades propias de cada especie como se presentan.

Las funciones de transpiración

La principal razón de ser de las glándulas sudoríparas consiste en segregar un líquido que, al evaporarse, refresca la piel, y por consiguiente todo el organismo animal. Vemos enseguida que los perros disponen de unas escasas zonas naturales para refrescarse y que deben realizar un gran esfuerzo para hacer «sudar» la trufa y la punta de sus pies. Por esto, en muchos casos, además de transpirar, los mamíferos precisan también de un baño de agua fresca para recobrar una correcta temperatura.

Es más, para incrementar la sensación de bienestar muchos animales se llamen el cuerpo intensamente, y la saliva, al evaporarse, tiene el mismo papel que el sudor. Pero esta particularidad es más felina que canina; los perros prefieren recurrir a la inhalación de aire frio. Pero cuando hace calor este procedimiento natural puede resultar peligroso, y esto nosotros, habitantes de un país cálido, lo sabemos muy bien. Bajo temperaturas muy elevadas, si el perro sigue respirando apresuradamente un aire más caliente que la temperatura de su cuerpo se asfixia. Cuanto más respira, más se cansa, más necesita aire y más se autoenvenena.

Antes de que ocurra el fatal edema pulmonar debemos intervenir, rebajando rápidamente la temperatura del animal, mojándole abundantemente y colocándole en un lugar donde el aire es más fresco. Nuestros coches son verdaderas trampas en estos casos; así todo sitio cerrado donde se eleva rápidamente la temperatura.

Foto: José Laserna.

Pero la temperatura no es siempre la única causa de una exagerada transpiración: las emociones (el miedo, la alegría, la cólera), los accidentes, los envenenamientos y algunas enfermedades pueden impulsar al animal a buscar una fuente de transpiración. Por ello en estos casos deben disponer siempre de agua fresca a su alcance y permanecer bajo nuestra mirada para evitar colapsos que podrían ser fatales para la vida de nuestro apreciado amigo.

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