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Animales abandonados en una vivienda

Foto: Alberto Nevado - El Mundo del Perro.
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Foto: Alberto Nevado - El Mundo del Perro.
miércoles 15 de marzo de 2017, 10:23h

El número de abandonos de animales se ha incrementado con la crisis. Hay múltiples factores relacionados con la mala situación económica que impulsan el incremento de este dato. La falta o disminución de ingresos en la familia, los desahucios, los traslados a otros lugares o incluso a otros países para encontrar trabajo son las situaciones que se encuentran detrás de muchos abandonos. No obstante, aunque causas existan, desde luego ninguna de ellas justifica que se produzca un abandono.

Decidir compartir la vida con un animal es un acto de responsabilidad que dura mientras dure la vida de ese animal. Es cierto que su mantenimiento conlleva unos gastos pero, salvo que existan problemas de salud que exijan tratamientos o intervenciones veterinarias complejas, no son desorbitados. Además, siempre existen soluciones antes de optar por el abandono de un animal, y no hay que olvidar que estos actos suponen la comisión de una infracción administrativa o penal.

Cualquier acto de abandono es perjudicial. Para el animal, como es obvio, en primer lugar, pero para el conjunto de la sociedad también. Un animal suelto, desorientado, hambriento... puede ocasionar problemas y generar daños o accidentes. Esto sucede cuando se abandona a un animal en una ciudad, un descampado, una carretera… Pero no sólo existe este tipo de abandonos. Hay otra variante que también está generando múltiples problemas: dejar abandonado al animal dentro de una vivienda.

ES ABANDONO, SIN EXCUSAS
Cuando una persona tiene que dejar su casa por algún motivo, porque no puede pagarla o porque, como indicamos, se cambia de ciudad o de país o incluso si muere y los herederos no se preocupan del asunto, en ocasiones deja a la mascota sola en el piso o casa y abandonada a su suerte.

La soledad, el hambre, la desesperación hacen que estos animales muestren su malestar de todas las formas posibles. Podemos encontrarnos con perros que ladran a todas horas en un edificio o simplemente les podemos ver agotarse de hambre y sed en el jardín de una finca o en la terraza de una vivienda.

¿Es esto también abandono? ¿Está castigado de alguna manera? ¿Cómo debemos actuar ante estos hechos?

La respuesta a la primera pregunta es clara. Sí, es abandono. Todas las leyes autonómicas de protección de animales domésticos establecen un conjunto de obligaciones que los propietarios deben cumplir. Que el animal tenga agua y comida adecuada a su especie y raza, que cuente con asistencia y cartilla veterinaria con su calendario de vacunaciones y desparasitaciones al día, que se le proporcione ejercicio físico y atención, son algunas de las que pueden considerarse fundamentales. Por tanto, si se deja a un animal encerrado en un piso o casa sin agua, sin comida, si de una propiedad privada, el animal se encuentra realmente abandonado.

En estos casos, no hay que considerar tan sólo el daño a animal, sino que también se producen otros daños colaterales, como hemos avanzado. Si el animal en esta situación se encuentra en un piso o local en un edificio en régimen de propiedad horizontal, el resto de propietarios pueden sufrir molestias de diverso tipo: ladridos a diferentes horas del día, malos olores, problemas de salubridad, que pueden incrementarse si finalmente el animal llega a fallecer dentro de la vivienda como consecuencia de esa falta de atención. Si el animal se encuentra en una vivienda unifamiliar o en una finca, también pueden surgir este tipo de inconvenientes y pueden de igual modo sufrir problemas similares los vecinos de las viviendas más próximas.

ILEGAL CON PENA DE PRISIÓN
Está situación, evidentemente, no es legal. Ya lo avanzábamos antes. No proporcionar a un animal doméstico unos cuidados mínimos constituye la infracción de las leyes autonómicas de protección, además de las normas contenidas en las ordenanzas municipales en aquellas ciudades que dispongan de este tipo de normas al respecto. Pero, además, estas acciones pueden considerarse abandono, con lo cual estarían también castigadas como infracción administrativa o incluso pena.

La situación y las consecuencias, no obstante, pueden ser más graves, pues el animal, si no se le ofrece la alimentación, bebida, aseo y atención veterinaria adecuada puede terminar gravemente enfermo o incluso puede llegar a ocasionársele la muerte. Llegados a este punto, esta actuación del propietario podría incluso considerarse un delito previsto en el artículo 337 de nuestro Código Penal, que castiga con pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación, a aquellas personas que por cualquier medio o procedimiento maltraten a un animal hasta el punto de causarle la muerte o provocarles lesiones que menoscaben gravemente su salud.

Éstas son las normas que se infringen relacionadas con el ámbito de protección de los animales, pero no sólo son éstas las que se vulneran, sino que pueden verse afectadas otras previstas para otros sectores como las relativas al ámbito de la ley de propiedad horizontal. No hay que olvidar que los propietarios deben mantener sus instalaciones privativas en buen estado y abstenerse de realizar cualquier actividad o actuación que pueda perjudicar al conjunto del inmueble o al resto de los propietarios.

ACTUAR ANTE ESTOS CASOS
Por último, respecto a la forma de actuar cuando conocemos o residimos cerca de un caso de este tipo, antes que nada es importante tener en cuenta que sí es preciso actuar y que además es igualmente importante hacerlo cuanto antes pues si ese animal no está recibiendo ningún tipo de atención o cuidado puede estar en peligro su vida o, cuando menos, su salud. Si conocemos al propietario, su dirección o su teléfono, el primer paso puede ser ponerse en contacto con él explicándole las consecuencias que se pueden derivar de su actuación y nuestra disposición a plantear la correspondiente denuncia si él no actúa. No obstante, esta alternativa no constituye, en la mayor parte de las ocasiones, una solución real, pues muchas veces no conocemos al propietario o su actual paradero o, si ya ha decidido pasar del asunto, lo más probable es que continúe haciendo caso omiso.

Acudir a una sociedad protectora nos puede ayudar como una orientación, pero los que van a poder intentar actuar de alguna forma son la policía local o la guardia civil, según los casos. Interponer una denuncia formal e insistir en que se solucione el problema puede activar algún mecanismo de actuación. Obviamente, hay casos más fáciles y más difíciles. Es más sencillo rescatar un animal de una finca o de una terraza, por ejemplo, que tener que entrar en una vivienda. Pero el primer paso esencial en todo caso es plantear la denuncia. Si estamos en una comunidad de propietarios, el propio presidente puede hacerlo, además, en nombre del conjunto de la comunidad.

Y terminamos con una reflexión con la que iniciábamos el artículo: ser propietarios de un animal es un acto de responsabilidad y supone el cumplimiento de un conjunto de deberes. Si por alguna circunstancia no nos vemos capaces de continuar asumiéndola la solución no es el abandono en cualquiera de sus formas. Existen otras muchas alternativas, no sólo más favorables para el animal, sino también para el propietario que, de esa forma, no incumple obligaciones administrativas o penales.

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