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Formas de educar

Formas de educar
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Existen diferentes métodos para acometer la educación de nuestro cachorro. Las distintas escuelas que se han ido desarrollando, con mayor o menor seguimiento por parte de sinólogos, criadores, adiestradores y aficionados al perro en general. Hasta la década de los 60 del siglo pasado, el adiestramiento canino no sigue unas pautas basadas en la ciencia, pero a partir de esos años, la psicología, la teología y la ciencia animal comienzan a nutrir las diferentes teorías sobre el aprendizaje canino.

EDUCAR EN POSITIVO

El nombre que ha tomado esta manera de educar al perro es de lo más significativo. Se fundamenta en reforzar positivamente, es decir, con algo que el perro considera placentero, las conductas que se intentan implantar en el perro, y no se refuerzan los comportamientos considerados inadecuados, huyendo de cualquier tipo de castigo o refuerzo negativo. Se suele recurrir al juego, a las caricias, pero sobre todo a la comida para reforzar en positivo al perro. Esta manera de trabajar con el perro consigue que éste permanezca en un estado mental y anímico óptimo durante las sesiones, desarrollándose una relación muy estrecha entre el can y el educador. Los que defienden esta metodología, sostienen que su base es la base del aprendizaje, y que la diferencia radica en que hasta hace poco se usaba más la parte relacionada con los estímulos aversivos a la hora de aprender. Era una base de trabajo muy evolucionada en algunos aspectos, pero también muy pobre en otras áreas importantes en la relación hombre-perro. En el trabajo positivo se usa más la parte relacionada con los estímulos apetitivos, lo que antes se enseñaba en su mayor parte por evitación del castigo por parte del perro ahora se enseña con refuerzo positivo; lo que antes se enseñaba con refuerzo negativo ahora se enseña omitiendo ese refuerzo negativo. Ahora se trabaja en el lado apetitivo y se obtienen iguales o mejores resultados que en el otro lado, porque no sólo se busca el resultado a nivel respuesta sino también un resultado ético y respetuoso donde la comunicación sea la vía de trabajo.

La educación canina en positivo comienza siempre en quien realiza el trabajo de educación, y esa educación no consiste sólo en una “obediencia básica” sino que, por el contrario, va mucho más allá. Un perro bien educado es aquel al que se le ha enseñado a jugar adecuadamente con otros perros y personas, aquél al que se le ha enseñado respetar las normas de una sociedad de humanos no por imposición sino por el beneficio mutuo del respeto de estas normas para el propietario y el perro.

La temprana educación en un perro, por lo tanto, es algo fundamental. El periodo de socialización del perro abarca hasta los tres o cuatro meses de edad y, por lo tanto, este periodo es importantísimo para implantar una buena base en la educación. Acabamos aquí con el mito de que a un perro es mejor educarlo cuando cumple un año de edad, esto no es cierto, todos los perros aprenden a todas las edades.

Como venimos señalando, existen muchas metodologías y formas de actuar, sólo por nombrar alguna de ellas, podemos acudir a la educación con Cliker, sin Cliker, con juego, con premios de comida, buscando el cognitivo, las emociones, con señales de apaciguamiento, etcétera. Todas muy aceptables con sus pros y sus contras y todas trabajando en positivo. Pero la educación no se basa en una metodología, sino en la base del conocimiento de la comunicación con nuestros perros, ya que con cada uno de nuestros perros, esta comunicación puede requerir abordarse de manera diferente e independiente. Una buena información y formación al respecto es un buen pilar sobre el que empezar a asentar nuestro trabajo diario, tanto para profesionales como para particulares.

Una frase que puede resumir la filosofía de la educación canina en positivo es una de las leyes del aprendizaje animal que más hemos podido oír sobre el tema: “una conducta reforzada positivamente, tiende a repetirse, mientras que una conducta no reforzada tiende a extinguirse”. Como cualquier ser vivo, el perro tiende a repetir los comportamientos que se les recompensan y tienden a evitar los que no les reportan ningún beneficio. A partir de aquí, podemos trabajar la conducta de nuestro perro.

¿Qué hacer cuando el perro no sigue estas pautas?

Seguramente, el error se ha cometido por parte del educador, que no ha sabido establecer un correcto patrón de respuestas y de refuerzos positivos. En este sentido, la paciencia y la comunicación efectiva con nuestro perro son aspectos clave para conseguir una correcta educación en positivo. Siempre utilizaremos las mismas palabras para premiar y para pedirle las conductas que queremos que asimile, prestando especial atención a lo que queremos que nuestro perro realice en lugar de castigar lo que no nos gusta que lleve a cabo.

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