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Yorkshire Terrier, historia de una pequeña gran raza

Foto: Alberto Nevado - El Mundo del Perro.
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Foto: Alberto Nevado - El Mundo del Perro.
La funcionalidad fue el rasgo más característico de esta raza en sus orígenes.
Como perro ratonero, acababa con los focos de infección que los pequeños roedores suponían en la región de Yorkshire.
Los hogares particulares y los puntos más importantes de una industria en plena expansión se beneficiaron de un perro letal contra ratas y ratones. Su procedencia se ha seguido hasta llegar a la ribera del río Clyde, en Escocia, pero los obreros de esta zona los llevaron consigo a las fábricas y minas del país vecino movidos por las incipientes oportunidades de empleo la industria de la lana brindaba en regiones como la de Yorkshire.
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En palabras de la escritora Espido Freire, «Yorkshire se abre al visitante como una rosa de piedra, similar a la que lleva en su escudo, ondula como el brezo de los páramos, se eleva en los arcos góticos de las abadías que salpican el paisaje. Es una caricia para el espíritu, una sacudida para los sentidos». Ésta es una perfecta descripción de la actual de una región británica, en la que encontramos desde zonas rurales de singular belleza, costas y playas que conjugan lugares de recreo y salvajes acantilados acuciados por tempestades eternas, hasta ciudades repletas de actividad.

Las culturas romana y victoriana han dejado su sello en el patrimonio nacional, con nada menos que 32 enclaves que han sido considerados patrimonio histórico nacional.

Una región de contrastes que en la década de 1870 se encontraba en plena ebullición de la Revolución Industrial. Por aquel entonces, un pequeño perro fue bautizado como Yorkshire Terrier, aunque hasta ese momento se le conocía gracias a nombres como broken-haired scoth terrier, blue and tan terrier, Halifax blue o yorkshire blue and tan terrier.

Cuando la Revolución Industrial movía toda Inglaterra, muchos obreros escoceses acudieron a los principales núcleos en los que la manufactura demandaban mano de obra. Estos trabajadores llevaban consigo sus pequeños Scotish Terriers, unos perros que se habían especializado en mantener libre de alimañas las propiedades donde convivían con el ser humano. El cruce con los perros locales fue algo inevitable, y el resultado de esta situación fue la extensión de perros ratoneros con una conformación común. Debido a su aspecto, en un primer momento fueron llamados broken-haired scoth terrier. Estos perros sumaron eficacia en la aniquilación de pequeños animales que se propagaban gracias a la proliferación de manufacturas y de los nuevos núcleos humanos.

Pero no cesaron ahí los cruces con otros tipos caninos. Se han nombrado otras muchas razas para cerrar el apartado de perros que aportaron genes a la creación del moderno Yorkshire Terrier, esencialmente perros terriers de origen escocés e inglés que existían en esa época. Esta teoría es una de las más aceptadas, aunque no se guarden evidencias correspondientes a los años en que se formó la raza.

Entre ellos, destacan el leeds terrier de pelo largo, el black and tan english toy terrier (un perro el Dandi Dinmont Terrier, el Manchester Terrier, el Cairn Terrier o el clydesdale terrier, también conocido como Paisley Terrier, una raza que, aunque no existe hoy, leyendo las descripciones del color de su manto, encontramos semejanzas con el azul acero y dorado del Yorkshire Terrier actual. También se ha acudido al Bichón Maltés para encontrar el aporte de la singular textura del sedoso manto del Yorki. El Maltés fue uno de los primeros perros en ser registrados, blanco y sedoso manto le hizo ser popular como perro de compañía de las damas de la época, aunque se tratase de un gran trabajador. Esto fue lo que le llevó a ser un gran contribuidor genético que legó una gran parte de la belleza y elegancia que observamos hoy en el Yorkshire Terrier.

Como resultado, se obtuvo un perro letal como ratonero, de pelo largo y que tomó el nombre de la región en la que se desarrolló mayoritariamente. Su tamaño, aunque reducido, era mayor al que ostenta la raza actualmente, con un peso de hasta siete kilos, lo que le llevó a ser capaz de enfrentarse con garantías a las alimañas más feroces. Hoy, ese peso debe ser de menos de la mitad, habiendo perdido de manera mayoritaria su funcionalidad en pro de una popularidad arrolladora como perro de compañía para toda la familia.

«HUDDERSFIELD BEN», EL PRIMERO DE UNA RAZA

Con este nombre se registró el que ha pasado a los anales de la historia de la raza como el punto de origen del Yorkshire moderno. Este perro nació en 1865 y murió en 1871. Fue criado por W. Eastwood Huddersfield, cuando nació del apareamiento de una perra con su hijo. Fue propiedad de Jonas Foster, un gran valedor de la raza. A pesar de morir tempranamente, con tan sólo seis años y medio, dejó una descendencia de unos veinte ejemplares que sentó las bases para que la raza comenzara un camino de expansión a nivel mundial.

Tan sólo pasaron 15 años desde la muerte de «Huddersfield Ben» hasta que el Kennel Club Británico reconoció la raza. Cuando estos ejemplares comenzaron a presentarse a las exposiciones de belleza, en los años finales del siglo XIX, muchos de ellos eran descendientes directos de «Heddersfield Ben», el Yorkshire Terrier comenzó a cotizarse como un verdadero lujo para los dueños que podían hacerse con un ejemplar.

Nombres como «Toy Smart», «Champion Ted», «Halifax Marvel», «Bradford Marie» acompañan a «Ben» en los primeros años de la historia de este perro como verdaderos propulsores del éxito de la raza a través de grandes triunfos en shows de la época.

Con el paso del tiempo, ha llegado a convertirse en uno de los perros con más número de inscripciones en los libros de orígenes de multitud de países de todos los continentes. Baste decir que encabeza las listas de perros de compañía en las Islas Británicas y hace cuatro años subió al podio de las razas predilectas de los norteamericanos en el segundo puesto.

En nuestro país, lleva varios años encabezando las entradas en el Libro de Orígenes Español. En 2007 alcanzó la nada desdeñable cifra de 14.438 nuevos registros.

Desde entonces, cruzó diametralmente su papel junto al hombre y pasó a ser muy demandado por las familias urbanitas para acompañarlas y deleitarlas con su activo carácter. Desde este punto, la cría selectiva se encaminó a convertirlo en un perro de un tamaño más reducido, hasta que este rasgo físico pasó a convertirse en el más característico de su morfología.

Sin embargo, esta reducción de tamaño no se vio correspondida por una disminución del largo de su pelo. El resultado fue que se obtuvo un perro pequeño con un manto de pelo anormalmente largo.

1898, EL AÑO DE LA REDACCIÓN DE SU ESTÁNDAR

La principal ventaja con la que ha contado esta pequeña raza desde sus inicios que ha sido manejada por una corte de criadores comprometidos con el objetivo de mejorarla generación tras generación.

Así, el Yorkshire Terrier Club fue formado en 1898 y su comité electo escribió el estándar oficial de la raza, que ha permanecido prácticamente inalterado hasta la actualidad. En él encontramos la descripción de un terrier de compañía cautivador, de un carácter que le convierte en el arquetipo del perfecto perro de compañía. Cuando se operó para reducirle el tamaño, su carácter no pareció acompañar al proceso, ya que su valor y arrojo son propias de un perro mucho más grande. Este perro no encuentra ningún problema a la hora de pasará a formar parte de la familia. Cuenta con un desarrollado instinto de protección que dedica por igual a todos los miembros de su familia, tanto niños como adultos.

Desde 1865, año en el que nació «Ben», hasta nuestros días, la cría ha supuesto un esfuerzo titánico en pro de conseguir una raza sana y cada vez más mejorada.

Hay que remontarse obligatoriamente varias décadas para encontrar dos criaderos que han influido en la práctica totalidad de los perros que hoy pisan los riness de todo el mundo.

El criadero Johnstounburn es uno de ellos. El escocés M. Crookshank, ha criado una lista innumerable de campeones: CH. «Tufly», Int. CH. «Mr. Pim», CH. «Medium», CH. «Myrtle», CH. «Pipit», CH. «Pimbron» o CH. «Minerva». Entre ellos, «Mr. Pim of Johnstounburn» pasó a convertirse en el mejor semental después de la Primero Guerra Mundial. Se trataba de un perro muy pequeño, con alrededor de 1,2 kilos, producto de un in-breeding muy cerrado.

Destacaba por un excelente tono dorado y un oscuro azul acero y por transmitir unas exquisitas características faciales, algo muy deseado por los criadores de la raza.

Por otro lado, encontramos a Annie Swan, una criadora que trabajó con el Yorkshire desde los años 20 del siglo pasado, cosechando numerosos éxitos y convirtiendo en campeones a muchos de sus perros, incluso contando con un ganador de 14 CCs: CH. «Invencible». Swan amaba con locura a la raza, y sus perros sobresalían por el color de sus mantos. Su afijo pasó a denominarse como su campeón, siendo uno de los más conocidos por los seguidores de la raza.

Otros campeones como CH. «Eminent» o CH. «Gudasgold » proporcionaron prestigio al criadero Invincia, pero no llegaron a la influencia que aportó CH. «Invencible» y su descendencia, como su hijo CH. «Delite of Invincia», su otro hijo «Invincia Masher» o CH. «Splendour of invincia», ganador de 17 CCs.

Si seguimos recorriendo la historia de estos criaderos, llegamos al punto en el que ambos se cruzan entre sí gracias al matrimonio Vic Groom con su criadero Pagnell, situado en la misma región de Yorkshire.

Con la compra de «Prism of Johnstounburn» y su posterior cruce con CH. «Burgwallisa Little Nip», nieto de CH. «Splendour of Invincia», nació una saga de Yorkis campeones, como CH. «Pagnell Prima Donna of Wiske», que se convirtió en el primer Yorkshire Terrier que obtuvo un Best In Show en una exposición general para todas las razas. Pocos años después, otro cruce entre ambos perros dio origen a CH.

«Pagnell Peter Pan», cuyo máximo logro fue el de lograr la Reserva de CC en la prestigiosa exposición de Crufts del año 1963.

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