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¿Cómo enseñar a los niños a respetar a los perros?

¿Cómo enseñar a los niños a respetar a los perros?
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Texto: Patricia Lozano.

viernes 09 de febrero de 2018, 08:10h

Los expertos no tienen ninguna duda: los genes tienen su influencia en la formación de cada persona pero el ambiente en el que crecemos y nos desenvolvemos es determinante. Por ello, aprender a respetar a los perros y, por extensión, a todos los animales y a la naturaleza, depende en gran medida del ejemplo de nuestros mayores. Los adultos somos responsables de la educación y de los valores que adquieren nuestros hijos, no lo olvidemos.

El respeto al prójimo es una de las primeras enseñanzas que intentan inculcarnos desde pequeños. El problema es que aún no nos hemos dado cuenta de que en ese prójimo también se incluyen los animales, pues forman parte de nuestra sociedad y son seres vivos que merecen la misma consideración que demandamos para nosotros. Los niños son auténticas esponjas que absorben con deleite todo lo que ven y oyen pero no tienen la capacidad de discriminar y distinguir entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo moral y lo inmoral. Es aquí donde entramos los adultos, pues ellos seguirán nuestro ejemplo sin cuestionarlo.

Tarde o temprano llegará el momento que muchos padres temen: el deseo de sus hijos de tener una mascota y, aunque se nos ocurran muchas razones para descartar la idea, las ventajas de tener un animal en casa son muchas; entre ellas, que puede convertirse en un arma excelente para educar a los niños. Gracias a una mascota, los pequeños de la casa aprenderán a olvidarse de sí mismos para preocuparse por otro; asumirán, casi sin darse cuenta, ciertas obligaciones y responsabilidades; encontrarán una manera de expresar sentimientos como el cariño y el afecto, en definitiva, desarrollarán una mayor sensibilidad para ponerse en el lugar de quienes les rodean pues comprenderán que cada ser vivo tiene sus propias necesidades que deben ser respetadas. ¿Cómo? Muy sencillo, con la ayuda de unos padres comprometidos que sepan enfocar la situación como algo positivo en la formación de sus hijos.

No es complicado conseguir que nuestros hijos respeten a los animales; sólo hay
que aplicar el sentido común y comprender que poseer una mascota ayuda a que
crezcan educándose en la tolerancia, el respeto y la responsabilidad

EL COMPAÑERO IDEAL

Los perros son las mascotas más demandadas por los niños que establecen con ellos una relación de camaradería.

Son compañeros de travesuras y ambos disfrutarán de sus juegos. El niño encontrará un cómplice siempre dispuesto y alegre y el animal será un compinche encantado y muy paciente con sus diabluras, además de que se convertirá en su confidente y amigo. Sin embargo, para que la relación sea sana, tendremos que supervisar sus primeros encuentros y enseñar a ambos cómo deben tratarse.

Antes de nada, los padres deben saber qué necesidades y cuidados tendrá el perro que vayan a adquirir.

Esto es muy importante porque el niño demandará información y debemos estar preparados para proporcionársela.

Además, si queremos que se implique en el cuidado del animal, tendremos que enseñarle y propiciar que asuma ciertas obligaciones. Aún así, seamos consecuentes.

El mayor peso recaerá en nosotros, los niños no saben cuidar de sí mismos y no podemos pretender que se responsabilicen de un animal. Lo que sí es beneficioso es que se involucre en ciertas tareas, siempre dependiendo de su edad, como el paseo, darle de comer, la higiene o acompañarnos en las visitas al veterinario.

Cuando los niños son muy pequeños, la convivencia puede ser un poco más complicada pues la delicadeza no es una de sus virtudes. Tirarán al perro de las orejas, del rabo, le cogerán sin cuidado… Por ello, es fundamental que sus juegos estén supervisados por un adulto en todo momento. Es verdad que los perros hacen gala de una paciencia infinita con los niños, pero todo tiene un límite. Además, los cachorros también deben ser educados y aprender a controlar su mordida, su vitalidad, en definitiva, a socializarse. Un buen método es reservar un horario determinado para que ambos jueguen. El niño lo esperará con impaciencia y aprenderá a valorar este momento al mismo tiempo que nosotros podremos enseñarle cómo hay que tratar a un animal explicándole que, al igual que él, el perro es un ser vivo al que también le duele que le tiren del pelo o de las orejas o que le agarren sin miramientos.

Por otro lado, debe entender que el animal necesita sus periodos de descanso y soledad que deberá respetar, al igual que su espacio. El secreto es establecer una buena base para que nuestros hijos crezcan en el respeto hacia sí mismos, hacia sus semejantes y hacia los animales.

DIÁLOGO Y SENTIDO COMÚN

En cuanto a la salud, el perro no tiene por qué suponer un riesgo para los niños siempre y cuando establezcamos unas reglas básicas como lavarse las manos después de jugar con el animal especialmente antes de comer, no dejar que le chupe la cara ni que él le muerda las orejas o las patas, que no toque su comida ni se la coma, etcétera. Asimismo, el perro debe estar siempre en perfectas condiciones higiénicas, desparasitado y vacunado.

De todas formas, si el niño se salta alguna norma no pasará nada pues la mayoría de las cosas que toca o que se lleva a la boca a lo largo del día poseen muchas más bacterias que un perro bien cuidado.

A medida que se vaya haciendo mayor, nuestro hijo podrá implicarse más en el cuidado de la mascota. Esto le ayudará a madurar y a tener confianza en sí mismo: sus padres se fían de él y él resuelve las situaciones sin ayuda aunque tenemos que procurar que no se sienta agobiado por el peso de la responsabilidad, sino respaldado en momentos de dificultad. No debemos permitir que el niño pierda interés por el perro ni que desarrolle conductas crueles o se deteriore la relación. El diálogo es muy importante para inculcarle sensibilidad hacia el mundo animal lo que también le ayudará en sus relaciones sociales pues se comportará de la misma manera con sus semejantes.

Por todo ello, si nos es imposible tener una mascota en casa, sería bueno buscar alternativas para que el niño pueda tener contacto con animales como visitar casas de amigos que posean mascotas, programar excursiones o incluso vacaciones a alguna granja-escuela…, en definitiva, conceder importancia tanto al deseo de nuestro hijo de relacionarse con animales como a los aspectos positivos que pueden aportarle en su desarrollo.

No es complicado conseguir que nuestros hijos respeten a los animales; sólo hay que aplicar el sentido común y comprender que poseer una mascota ayuda a que crezcan educándose en la tolerancia, el respeto y la responsabilidad.

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