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Foto: El Mundo del Perro - Alberto Nevado.
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Labrador Retriever: aptitudes cinegéticas y carácter

Con un apellido como el que ostenta, cuesta poco adivinar la especialidad de este perro cazador. El cobro de piezas abatidas es una aptitud para la cual el Labrador ha sido seleccionado a lo largo de los años. Esto, unido a unas características anatómicas especiales, a su gran inteligencia y su enorme adiestrabilidad, le han llevado a posicionarse como la referencia más nombrada a la hora de hablar de perros de cobro.
Su tenacidad le llevan a no abandonar nunca, por muy complicada que se presente la situación, sin olvidar una templanza que le hacen desarrollar su labor como si la hubiera planificado cuidadosamente con anterioridad.
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Esto es posible gracias a la gran capacidad de aprendizaje que los ejemplares de la raza demuestran en el día a día, lo que les convierte en verdaderos expertos en aquello que acometan en un tiempo muy reducido.

Pero hablemos de esa anatomía a la que hacíamos referencia y que resulta tan favorecedora a la hora de trabajar en el campo. La leyenda dice que un perro se cruzó con una nutria y de esa historia de amor y pasión resultó el Labrador Retriever. Dejando de lado la fantasía, sí podemos hacer referencia a ciertas aproximaciones únicas de la raza a peculiaridades anatómicas del mustélido acuático. Su pelo es muy apretado y oleaginoso, lo que le lleva a repeler de manera muy efectiva el agua cuando el perro sale de ella. A su vez, cuenta con una capa de subpelo que colabora en este mismo aspecto. La primera referencia que encontramos sobre la capacidad de repeler el agua del Labrador la escribió a finales del siglo XIX Howard Harris, hijo de Lord Malmesbury, en una carta en la que, además de referirse a estos perros ya como Labradores, destaca la capacidad de su pelaje de «eliminar el agua como si de aceite se tratase». Algunos investigadores de la raza sostienen que en un primer momento, es muy posible que existieran antepasados del Labrador con el pelo más largo, pero las duras condiciones en las que trabajaban estos perros en las gélidas aguas de Canadá se convertían en trampas mortales para todos aquellos perros de pelo largo, ya que el hielo se acumulaba en su manto y finalmente podía llegar a atorarlos y atascarlos entre las capas de hielo, condenándolos a morir inmovilizados.

El pelo corto se convirtió en algo imperativo en la raza.

No es de extrañar que los cazadores de la época encontraran en la raza al perfecto asistente durante las cacerías de especies acuáticas, como las anátidas, jornadas en las que se requieren perros capaces de cobrar de manera diligente, rápida y efectiva las aves que caían en el agua, sobre todo para las que eran alcanzadas por el disparo pero huían heridas de los cazadores, ocultándose y eludiendo a los mejores perros por desarrollar una velocidad a la hora de nadar y bucear muy superior a la que despliegan muchas de nuestras razas caninas.

Esta labor parecía diseñada a medida para el Labrador, que nació para servir a los pescadores canadienses en la ardua tarea de recoger aquello que caía al agua durante las jornadas de pesca, ya fuera un cabo roto, un extremo de la red de pesca o incluso los pescados que se caían de la red, todo con la suavidad y delicadeza que demuestra la raza en cualquier tarea de cobro que lleve a cabo. Incluso se les llegaba a atar un cabo al cuerpo por el que eran descendidos hasta el agua, donde comenzaban su trabajo de recuperación o de portar y trasladar redes u otros objetos. Una vez terminaban su labor, volvían cerca del barco para ser subidos a bordo.

Las membranas interdigitales de sus manos las convierten en verdaderos remos a la hora de impulsarse durante el nado. Esto es una muestra más del desarrollo de la raza, siempre ligado al agua como elemento en el que ha trabajado, algo similar a lo que le ha sucedido al Terranova. El Labrador Retriever cuenta con una membrana interdigital que se extiende hasta la segunda falange de sus dedos. De esta forma, cuando nada, abre los dedos y esta membrana convierte cada pie en algo muy similar a un pie de pato, ideales para nadar más rápido y mejorar la capacidad de maniobrar mientras lo hace.

Pero hay otra parte de su cuerpo que facilita aún más esta función: su cola, a la que muchos han llamado «timón». Hemos dejado para el final la característica de su anatomía que mejor distingue a la raza. En la base es muy gruesa y se va estrechando de manera gradual hacia la punta, lo que le ha valido el sobrenombre de «cola de nutria». Esto le sirve para hacer de timón durante el nado, además de convertirse en un perfecto complemento a la hora de girar durante la carrera.

Como hizo Howard Harris en su día, los cazadores han acogido esta anatomía para hacer de él el perro que acompaña a más cazadores de acuáticas de todo el mundo. Con el adiestramiento apropiado, son capaces de memorizar los distintos lugares donde las aves caen para, cuando el cazador le da la orden, ir de una en una recuperándolas con un orden casi militar.

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