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Foto: El Mundo del Perro - Alberto Nevado.
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Foto: El Mundo del Perro - Alberto Nevado.

Labrador Retriever: cuidados

El Labrador Retriever es un perro que requiere pocos cuidados específicos, pero si los conocemos y los aplicamos, contribuiremos a que nuestro perro disfrute plenamente de los entre diez y trece años que compartirá junto a nosotros.
La glotonería es uno de los rasgos típicos del Labrador. Ante esto, debemos tener cuidado y mantenerlo siempre dentro de su peso. Para saber si nuestro perro está en un peso saludable para él, podemos presionar ligeramente el costillar con nuestra mano.
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Debemos ser capaces de palpar el costillar bajo la fina capa de músculos que hay localizada en esta zona. También podemos guiarnos por la visión que tengamos desde arriba, donde debemos distinguir claramente las líneas que dibujan su cintura, estrechándose desde el pecho hacia la zona ventral. Si no existen estas líneas, nuestro perro sufrirá de sobrepeso y su vida será menos saludable y, con toda seguridad, más corta. Obviamente, nuestro veterinario llevará un registro del peso del perro de cada visita, y será él quien nos recomiende la alimentación más adecuada en cada etapa de la vida de nuestro Labrador.

Debemos saber que nuestra raza entra dentro de las de tamaño mediano-grande, que es de rápido crecimiento, lo que conlleva que requiera menos proteínas y grasas durante los primeros meses de vida para que sus articulaciones se desarrollen de la manera más óptima. En esta primera etapa de la vida de nuestro perro, hablamos del primer año de vida, debemos alimentarle varias veces al día. Hasta los dos meses de edad, pueden ser tres las tomas en las que dividamos la ración de alimento diario que requiere. A partir de ahí y durante toda su vida, la mayoría de los criadores expertos en la raza recomiendan que sean dos las tomas diarias.

EJERCICIO
La actividad será el mejor aliado para conseguir un Labrador equilibrado, tanto física como mentalmente.

No olvidemos que estamos ante un perro de caza, un perro de trabajo, lo que supone que ha sido seleccionado durante muchos años para desempeñar labores físicas muy duras, como son el nado prolongado, la búsqueda de piezas cinegéticas, las largas jornadas de caza… Por ello, nuestro Labrador requiere hacer ejercicio diariamente. Un paseo prolongado, unas carreras tras una pelota, que nos devolverá con fervor para repetir la secuencia, le harán mucho bien. Además, la natación es algo que les encanta y no dudarán en entrar al agua a buscar su juguete preferido o un simple palo.

Los cuidados básicos del Labrador son eso mismo, muy básicos. Revisaremos el manto durante el acicalado habitual, descartando la aparición de cualquier cuerpo extraño, ya sean berrugas, durezas, bultitos, sequedades, escamaciones o parásitos externos.

Echaremos un vistazo a sus ojos y orejas en busca de cuerpos extraños, cepillaremos sus dientes de manera regular para impedir la proliferación del sarro y le cortaremos las uñas cuando sea necesario para evitar lesiones habituales de las uñas largas, que pueden romperse al correr o golpearse accidentalmente.

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